El bloqueo del emblemático edificio industrial, pendiente de un acuerdo con el CETIM, enfrenta a todas las fuerzas políticas y deja al alcalde, José Ramón Rioboo (PSOE), en una posición de extrema debilidad, condicionando la agenda municipal de cara a 2027
Lo que se presentó como el mayor proyecto del mandato para reactivar un símbolo del pasado industrial se ha convertido en la piedra angular que amenaza con dinamitar el escenario político de Culleredo. El futuro de los terrenos de la fábrica de La Cros, abandonados desde hace cuatro décadas, ha dibujado un tablero de ajedrez donde todos los bandos se sitúan en extremos opuestos, dejando al gobierno municipal del socialista José Ramón Rioboo en una crítica encrucijada y sin margen de maniobra.
La imposibilidad de sacar adelante unos presupuestos y el bloqueo del proyecto del Centro de Excelencia de Economía Circular del CETIM (Centro Tecnológico de Investigación Multisectorial) no son solo síntomas de una falta de acuerdos, sino la evidencia de una fractura profunda que redefine las alianzas y las estrategias de cara a la próxima cita electoral de 2027.
El PP: Crítica con condiciones y ultimátum al CETIM
Su apoyo a la cesión de las naves no es gratuito y se sustenta en cuatro garantías que tacha de «irrenunciables»: un puesto en el patronato del CETIM, una revisión real de la concesión a los 30 años (evitando una prórroga automática de 20 más), el establecimiento de un canon económico de 80.000 euros anuales para entidades sociales y la rehabilitación inmediata de una de las naves para uso municipal.
Desde el PP acusan al alcalde de actuar más como «portavoz del CETIM que como defensor de los intereses municipales» y desmontan el «discurso alarmista» que presenta el rechazo como una «pérdida de oportunidad histórica». Su postura es de crítica de fondo, pero con una puerta abierta: si el centro tecnológico acepta sus condiciones, serán sus aliados. Si no, la responsabilidad del fracaso, aseguran, será únicamente del CETIM y Rioboo.
El BNG: La defensa radical de lo público frente a lo privado
Si el PP negocia condiciones, el Bloque Nacionalista Galego (BNG) rechaza de plano el modelo. Para los nacionalistas, la cuestión de La Cros es una batalla ideológica por la «soberanía municipal». Su consigna es clara: «La Cros es del pueblo, no de una empresa privada». Plantean que los terrenos, de titularidad pública, deben albergar servicios públicos (sociales, educativos, culturales) que cubran las necesidades de los vecinos, tal como se planificó en su origen.
El BNG carga con dureza contra ambos frentes: acusa al alcalde de «sumisión política a una empresa privada» y al PP de presentar propuestas «improvisadas e inviables» que, a su juicio, «renuncian al potencial del recinto completo» y rozan la «ilegalidad» en algunos aspectos. Su posición no es de negociación, sino de principio: recuperar el proyecto público original.
La bomba legal desde fuera: AV y la ilegalidad urbanística
La capa de complejidad máxima la añade Ángel García Seoane, alcalde de Oleiros y líder de Alternativa dos Veciños (AV). Seoane ha lanzado un órdago al cuestionar la legalidad misma de todo el proceso.
En una intervención radiofónica, argumentó que Culleredo carece de un Plan Xeral de Ordenación Municipal vigente y adaptado a la Ley de Solo de Galicia de 2016. El plan actual, aprobado inicialmente en 2013, nunca llegó a su aprobación definitiva. «A recalificación que o Concello quere facer non ten cobertura legal», sentenció, exigiendo que la prioridad absoluta del gobierno municipal sea aprobar el plan urbanístico antes de autorizar ninguna recalificación puntual, so pena de actuar en la ilegalidad.
Rioboo, en tierra de nadie
En el centro de este huracán político, el alcalde José Ramón Rioboo se encuentra completamente aislado. Sus aliados naturales en el ayuntamiento, el BNG, están en la otra punta del tablero ideológico, defendiendo un modelo antagónico. Por su parte, el PP, que podría ser un socio de legislatura para desatascar proyectos clave como los presupuestos o La Cros, mantiene una postura crítica que, aunque más de formas que de fondo en comparación con el BNG, le exige unas contraprestaciones que el CETIM de momento no está dispuesto a aceptar.
La incapacidad de Rioboo para articular un acuerdo y sacar adelante sus principales proyectos lo deja en una posición de extrema debilidad a mitad de mandato, mostrando una gobernabilidad herida de muerte y condicionando cualquier actuación futura.
Un tablero bloqueado de cara al futuro
El caso de La Cros ha trascendido con creces el debate sobre la reactivación de un solar industrial. Se ha convertido en el campo de batalla donde se libra la guerra por el modelo de municipio que quiere Culleredo y donde cada fuerza política ha delineado con nitidez su territorio, dejando al descubierto la profunda división que existe.
Con un alcalde debilitado, una oposición fragmentada pero firme en sus posiciones y una espada de Damocles legal sobre el proyecto, el escenario político local aparece completamente redefinido. El desenlace de este pulso, o la falta del mismo, no solo decidirá el futuro de un emblemático edificio, sino que marcará de forma indeleble el camino hacia las elecciones de 2027, donde los votantes tendrán la última palabra sobre qué modelo de los ahora enfrentados prefieren para su concello. El balón, por ahora, sigue en el tejado de un ayuntamiento paralizado.