03/02/2026

Soplar y sorber alrededor de medicina

En un ejercicio de contradicción digno de una imagen de Escher, la Xunta de Galicia consigue soplar y sorber alrededor de Medicina. Impulsa con la mano derecha los estudios privados, mientras hace fuerza con la izquierda para cerrar la puerta a una segunda facultad pública, necesaria para atender las demandas, tanto de los estudiantes como del sistema sanitario.

La noticia de que una universidad privada, asociada a una entidad financiera, contará con estudios de Biomedicina, Enfermería y Fisioterapia, es un ejemplo de como manosear las piezas fingiendo que no se va a completar el puzzle. ¿Cómo se le va a negar en el futuro la Facultad a quien ya tiene titulaciones afines, másters y desarrollo académico?

El debate, en todo caso, no debería sólo de centrarse en contraponer lo público y lo privado. El actual déficit de médicos y personal sanitario en nuestro país sitúa las necesidades para las próximas décadas en decenas de miles de profesionales. Hay demanda, hay necesidad social y hay espacio para todos.

Lo que resulta inadmisible es que la Xunta de Galicia y la Universidad de Santiago estén empeñados en facilitar el espacio a la iniciativa privada a partir de la inhibición y la imposición de barreras artificiales a la enseñanza superior pública. El freno a una nueva facultad de Medicina en Coruña o Vigo se justifica con criterios de calidad tan absurdos que no resisten una inspección mínima.

Charlo con un amigo de mi hijo, compañero en equipos de hockey. Quería hacer Medicina, pero le faltaron dos décimas. Hoy es un excelente enfermero. Las tareas que hubiera podido desempeñar como médico, si se hubiera podido formar, las estarán cubriendo ahora, muy posiblemente, médicos sudamericanos o procedentes de los países del Este. Profesionales excelentes, sin duda, pero en cuya formación, los popes de la calidad de Santiago no han tenido parte alguna. Y a los que el Sergas recurre ante el déficit de profesionales españoles que el sistema se empeña en mantener.

No nos engañemos, preferimos descartar vocaciones y profesionales propios no por un exceso de celo en la calidad, sino por mantener el coto privado de nepotismo que ha sido durante años, la Facultad de Medicina de Santiago. Departamentos en los que el catedrático guarda parentesco con un porcentaje del 50 o el 60% de los profesores. Y porque en este siglo XXI de gestores de cortas miras y nulo entendimiento de lo público, nadie quiere entender que una facultad universitaria no es un gasto, es una inversión. Pero eso bien lo entiende el capital privado, que nos dará el servicio a cambio de llenarse los bolsillos.

No es que la Xunta lastre el desarrollo de una facultad pública de Medicina, es que amenaza, por ejemplo, con reducir la Escuela de Enfermería de Lugo, centro independiente con medio siglo de existencia, a la categoría de un simple departamento de la facultad de Enfermería de Santiago. Es difícil decidir si se trata de un ejercicio de nuevo centralismo de los que por desgracia ampara el sistema autonómico, o un ejercicio de neoliberalismo de manual para allanar el camino a las facultades privadas de Enfermería y asegurarles la matrícula.

Porque mientras Alfonso Rueda presume de hacer gratuitas las matrículas universitarias públicas, lo que hace es poner las bases para que un porcentaje cada vez mayor de alumnos, en las carreras de mayor demanda social, tengan que acudir a centros privados. A no tardar, lo veremos, la Xunta firmará convenios para dar a esas universidades privadas sustanciosas subvenciones, “por criterios de necesidad y urgencia social”. Necesidad y urgencia que han sido generadas, previamente, por la política de estrangulamiento de la enseñanza pública desarrollada por la propia Xunta. Y eso significará que pagaremos la matrícula por duplicado: primero en ventanilla de la facultad privada, y después con la parte de nuestros impuestos que vaya destinada a fomentar la actividad de la enseñanza privada.

En estos tiempos en los que se dice que los universitarios se están infantilizando, los primeros que quieren tomarnos por tontos son los responsables del sistema educativo. Porque la acción de la Xunta puede reducirse a una rima infantil, tipo Los Tres Cerditos, con el Conselleiro convertido en un lobo que canta “Soplaré y soplaré, y la universidad pública derribaré. Sorberé y sorberé, y la universidad privada pondré en pié”.

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