El cinismo de una sociedad que lo mismo ensalza que arrincona a sus mascotas
Boro, Enzo y Junco: nombres propios de Adamuz.
El reciente y terrible accidente ferroviario de Adamuz que ha conmovido a toda España nos ha dejado dos imágenes sin duda muy emotivas: una la de Ana, víctima del descarrilamiento, herida y dolorida, solicitando vehementemente ayuda para encontrar a su mascota Boro que la acompañaba a ella y a su hermana en el vagón del tren accidentado, porque como ella misma reconoció Boro es su familia; la otra imagen, la de Enzo y Junco, dos guías caninos K-9 de la Guardia Civil, entrenados para localizar personas, accediendo a los lugares más complicados del amasijo de hierros en que se convirtieron algunos vagones.
Localizadas todas las víctimas, Enzo y Junco han vuelto a sus cuarteles hasta que sus servicios sean nuevamente requeridos. Por su parte Boro ya está también en casa después de permanecer tres días en paradero desconocido y ser objeto de incesantes batidas de profesionales y voluntarios para dar con él; hoy las heridas de Ana y de su hermana dolerán algo menos porque su familia está completa.

A los nombres de Enzo y Junco podríamos añadir decenas y decenas más: Patron (cuyo trabajo se realizó en Ucrania), Carlo o Berni (en seguridad de aeropuertos), Der o Rhino (en Siria), Titán, Zarpas, o el condecorado Ajax que evitó una masacre localizando una bomba hace ya bastantes años; terremotos como los de Lorca o Marruecos, atentados como el 11-M, ruinas de edificios siniestrados, localización de personas desaparecidas, de artefactos explosivos, armas, o de grandes alijos de droga, son las “especialidades” en que estos guardianes de nuestra seguridad, estos K-9, son entrenados con rigurosidad, habilidad y afecto para que pongan sus vidas en riesgo para salvar las nuestras.
El feliz reencuentro entre Ana y Boro dibujó en la mayoría de nosotros (siempre hay algunos que “vomitan” insensibilidad e insolidaridad en las redes) una leve sonrisa emocionada entre tanto dolor; la misma sonrisa que esbozamos cada vez que uno de los guardias civiles, tutores de Enzo y Junco, les daban una palmadita por el trabajo bien hecho o les recogían en brazos al bajar del tren descarrilado.
Y no, no son sensiblerías, es el reconocimiento a esas mascotas que de una manera u otra prestan un servicio a todos, desde la cercanía y la compañía familiar, o desde el cumplimiento del deber.
Pero una vez que ellos tres dejan las páginas y pantallas de nuestros medios informativos vuelven a ser los perros que no pueden acceder a comercios, hoteles, restaurantes, cafeterías, autobuses, viviendas…que no pueden correr, bañarse o sencillamente tumbarse a nuestro lado en una playa, lago o río…y a los que les damos unos pocos metros cuadrados vallados dentro de las ciudades para que “socialicen” con sus congéneres; actitudes y normas todas ellas que no dejan de tener una importante carga de intolerancia, ausencia de civismo y hasta un poquillo de cinismo: nos salvan pero nos molestan.
Lo seguiremos analizando…

