02/02/2026

La candidatura del Mundial 2030 nace a oscuras: una comisión sin papeles y una alcaldesa ausente

La constitución de la comisión de seguimiento del Mundial evidencia la opacidad y la falta de avances reales en una candidatura envuelta en anuncios grandilocuentes pero carentes de concreción

A Coruña amaneció esta semana sumida en la penumbra de las borrascas, una falta de luz física que encontró un perturbador paralelismo político en la sala donde, entre sombras de opacidad, se constituyó la Comisión Informativa Especial de Seguimiento de la Candidatura de la ciudad para ser sede del Mundial de Fútbol 2030. Lo que debería haber sido un primer paso hacia la transparencia y el control se convirtió, según las crónicas de la sesión, en un mero trámite vacío, un escenario perfectamente calibrado para la desilusión.

La comisión, integrada por Lage Tuñas, el concejal de Deportes Manuel Vázquez, el portavoz del PP Miguel Lorenzo y el concejal del BNG David Soto, nació huérfana de lo más esencial: información. Ningún documento sobre la mesa. Ni estudios de viabilidad, ni cronogramas detallados, ni desgloses de costes, ni el famoso acuerdo con el inversor privado que la alcaldesa, Inés Rey, lleva prometiendo –y sin concretar– desde hace más de un año. Una puesta en escena que obliga a preguntarse: si ni siquiera en el órgano creado para el seguimiento se aportan datos, ¿sobre qué base se están haciendo los triunfalistas anuncios que han poblado la comunicación municipal?

La ausencia de la alcaldesa, principal valedora y altavoz de la candidatura, en este primer acto formal, fue interpretada por muchos como un síntoma elocuente. Quien anunció a bombo y platillo la selección de la ciudad, brilla por su ausencia cuando toca pasar del relato a la rendición de cuentas. Esta falta parece confirmar una sospecha cada vez más extendida: la brecha entre el relato y la realidad es abismal. Como ya se ha advertido en múltiples foros, el camino por delante es monumental: la reforma integral de Riazor y su entorno necesita un presupuesto que aún no se ha dotado y un proyecto ejecutivo que no se ha visto. El calendario apremia: ya estamos en 2026, y todo apunta a un proyecto paralizado, más basado en la esperanza que en la ejecución.

Esta inercia hacia el inmovilismo y la opacidad genera un clima de profunda desconfianza. Cada día que pasa sin novedades concretas alimenta la sensación de que, lejos de buscar soluciones a los evidentes obstáculos, se está preparando el terreno para buscar culpables de un fiasco anunciado. El incumplimiento de la palabra dada respecto al inversor privado es la piedra angular de este descredito. ¿Dónde está ese acuerdo «pactado» que nos vendieron? El silencio es la única respuesta.

No es de extrañar, por tanto, que la valoración de la oposición fuera unánimemente crítica. El portavoz del PP, Miguel Lorenzo, la calificó sin tapujos de «decepcionante», un adjetivo que resume la frustración de quien acude esperando rigor y se encuentra con un vacío. Una desazón que comparten muchos ciudadanos, que observan perplejos cómo un proyecto de transformación histórica para la ciudad parece diluirse en un mar de declaraciones huecas y reuniones estériles.

Al final, la situación meteorológica se adueñó metafóricamente de la comisión. La borrasca de la falta de transparencia y la niebla de la improvisación impidieron ver un horizonte claro. Mientras no llegue la luz de los documentos, los presupuestos y los acuerdos firmados, la candidatura del A Coruña 2030 seguirá siendo, por desgracia, poco más que un espejismo en la penumbra.

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