30/03/2026

De protagonistas e imprescindibles a discriminados (parte III): Las excepciones

El cinismo de una sociedad que lo mismo ensalza que arrincona a sus mascota

Tras los K-9 y los perros guía es necesario abrir un espacio para hablar de los perros de asistencia, aquellos que han sido entrenados por especialistas de manera individual como apoyo para personas con diversidad funcional, con la finalidad de contribuir a mejorar su autonomía personal y su calidad de vida.  

Para contar con la ayuda de un perro de estas características la ley señala que se debe tener reconocida legalmente un grado de discapacidad igual o superior al 33%. Estos perros tienen acceso a todos los espacios públicos y privados, salvo que una ley (normalmente autonómica o incluso una ordenanza municipal) establezca lo contrario, algo que a todas luces sería claramente insolidario y sobre todo discriminatorio respecto de los perros guía, teniendo en cuenta la función asistencial de dichas mascotas.

Dentro de este grupo de perros de asistencia debemos distinguir dos subgrupos: el perro de intervención, entre los que se encuentran los de terapia, entrenados por expertos específicamente con finalidad terapéutica, educativa o social, y el perro de apoyo emocional que contribuyen con su presencia a que sus tutores superen algún problema emocional o psicológico. En ambos casos no es necesario tener una discapacidad mínima requiriendo sólo un informe de un especialista clínico (médico, psicólogo, terapeuta, pedagogo, etc) para justificar el acompañamiento. Increíblemente estes dos tipos de perros asistenciales no cuentan con legislación específica de modo que su presencia en espacios públicos o privados queda sujeta a la legislación autonómica y local, pudiendo existir por ello tantas situaciones diferenciadas como autonomías o ayuntamientos existen en España. Sin embargo, lo que sí es conveniente, cuando no obligatorio, es que cuenten con un certificado de entrenamiento por una escuela o adiestrador acreditados para ello.

El perro de asistencia, llamados también por algunos perros de servicio, son compañeros imprescindibles a la hora de asistir a sus tutores en la realización de labores de su vida diaria que por sí solos no podrían: ayudarles a caminar, cerrar puertas, avisar a emergencias si han sufrido una caída o una indisposición, recoger o trasladar objetos, etc.y porsupuesto la impagable compañía y cariño que les proporcionan.

Cada vez más perros de este tipo están realizando una gran labor con las personas con trastorno del espectro autista (TEA), mejorando enormemente la vida de los menores y de sus familias al evitar fugas, reducir las crisis, evitar estrés, ayudando a que duerman mejor, etc. Obviamente necesitan de una preparación conjunta y un proceso de adaptación que a veces puede ser largo.

Dentro de esta categoría de perros de asistencia, encontramos a los perros de aviso o alerta médica, entrenados para avisar de una subida o bajada de azúcar en personas diabéticas, o incluso en persona con epilepsia advirtiendo de la proximidad de una crisis; pero estos dos ejemplos no son únicos, pudiendo ser entrenados para otro tipo de enfermedades con crisis recurrentes como la depresión, agorafobia, pánico o ansiedad, patologías que conllevan una disociación de la realidad o desorientación.

El RD del 27 de mayo ha intentado unificar criterios para el acceso de todo tipo de perros de asistencia a espacios de uso público: centros educativos, culturales, deportivos o sanitarios, comercios, mercados, establecimientos turísticos, hostelería, restaurantes, playas, recintos de piscinas y parques acuáticos Sin acceder al agua). También permite a mujeres víctimas de violencia de género y agresión sexual entrar con perros de asistencia a albergues o centros asistenciales. 

La formación de todos estos perros, según dicho RD debe ser realizada por profesionales acreditados en la educación, la socialización y el adiestramiento de perros de asistencia.

En resumen, antes de protestar por la presencia de un perro en un parque, en un comercio, restaurante, medio de transporte o playa, detengámonos a pensar si está desempeñando una labor asistencial y emocional para darle seguridad y autonomía a la persona con la que va, y si para esa persona ir de la correa de su mascota es como para cualquiera de nosotros ir de la mano de una persona a la que queremos inmensamente, que nos hace feliz y con la cual nuestra vida diaria es mejor, más completa y segura, sea una pareja, un hijo o un padre/madre. Y ello no nos debe producir pena, porque ellos no quieren nuestra lástima sino nuestro respeto y comprensión, y ya sería para nota si fuese también nuestra admiración, porque son el mejor ejemplo de superación.

Y ustedes, señores legisladores, esfuércense en integrarlos más allá de las buenas palabras y de los exiguos pasitos en el reconocimiento de sus derechos.

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