30/04/2026

La noche de la vergüenza: El Depor firma su peor partido y Riazor estalla contra el equipo

Una multitud de 19.955 espectadores presenció la humillación ante un Granada que peleaba por salir del descenso. Pitos, deserciones masivas y un equipo sin rumbo en el peor momento de la temporada

Era la noche perfecta. Riazor había respondido con una buena entrada, 19.955 almas dispuestas a empujar al Deportivo hacia el segundo puesto. Enfrente, un Granada hundido en la zona baja de la tabla. Pero lo que se vivió sobre el césped de Riazor fue, sencillamente, la peor pesadilla de la temporada. El equipo de La Coruña firmó su actuación más decepcionante y acabó humillado por un 0-2 que se queda corto para lo visto.

Desde el minuto 17, cuando Manu Arnáiz aprovechó una indecisión defensiva para adelantar a los nazaríes, el partido fue un suplicio para la afición local. Lejos de reaccionar, el Deportivo se mostró como un equipo irreconocible, sin ideas, sin intensidad y, lo que es peor, sin saber a qué jugaba. El Granada, con orden y oficio, se limitó a contener y esperar su momento para sentenciar, algo que llegaría en el minuto 83 con el tanto de Jorge Pascual.

Pero el marcador fue solo la puntilla. Lo realmente doloroso fue la imagen del equipo. Un ataque estéril que solo fue capaz de generar una ocasión clara en todo el partido. Fue para Zakaria, que encaró al portero en una acción manifiesta de gol y, para desesperación de la grada, la falló. Esa fue la única chispa ofensiva de un equipo que naufragó en ataque posicional y que nunca encontró la manera de superar el entramado defensivo visitante.

La grada, que había asistido el estadio con la ilusión de dar un golpe en la mesa, no pudo aguantar más. El sonido dominante en la segunda mitad no fue el de ánimo, sino el de los pitos, que arreciaban con cada pase atrás y cada balón perdido. Los comentarios entre el público se volvieron cada vez más duros, señalando directamente al entrenador y a la falta de actitud de unos jugadores superados por un rival que llegaba en crisis.

La imagen más dura llegó antes del pitido final. Riazor, el estadio que nunca abandona a los suyos, comenzó a vaciarse. Miles de aficionados, hartos y decepcionados, emprendieron el camino a casa sin esperar a una conclusión que ya todos veían llegar. Los que se quedaron despidieron al equipo con una sonora pitada, un justo reflejo de la indignación general.

Para rematar la noche, el premio al mejor jugador del partido fue a parar, como no podía ser de otra manera, a las manos de un granadinista: Arnáiz, autor del primer gol y el más destacado de un equipo que fue muy superior.

El Deportivo desperdicia una oportunidad de oro para meterse de lleno en la pelea por el ascenso directo y, lo que es más grave, siembra serias dudas sobre su capacidad para competir en los momentos clave. La afición ha hablado con pitos y con su marcha. Ahora, la pelota está en el tejado de un vestuario que tendrá que hacer autocrítica profunda si no quiere que esta noche de vergüenza sea el principio del fin de la temporada.

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