La Xunta, la Policía Adscrita y la Armada unen fuerzas en una intervención subacuática en las rías de Betanzos, A Coruña, Ares y Ferrol para localizar y proteger un legado histórico que convierte a esta zona en un «museo sumergido» de primer orden
En las aguas del Golfo Ártabro, donde el oleaje del Atlántico se resguarda entre las rías de Betanzos, A Coruña, Ares y Ferrol, descansa una de las herencias más desconocidas y valiosas de la historia de Galicia. Un patrimonio que no está en museos ni en archivos, sino sumergido a escasos metros de la costa, aguardando pacientemente a que la tecnología y el trabajo conjunto de las instituciones permitan sacarlo a la luz.
La Consellería de Cultura, Lingua e Xuventude, en colaboración con la Unidad de Buceo de la Armada en Ferrol (UBUFER), el Grupo Operativo de Actividades Subacuáticas (GOAS) de la Policía Nacional Adscrita a Galicia y el Servicio de Gardacostas, ha puesto en marcha esta semana una ambiciosa campaña de prospección arqueológica. El objetivo no es otro que localizar, documentar y proteger los pecios históricos que yacen en el fondo de estas rías, con especial atención a la ensenada de Cariño, donde las investigaciones apuntan a la posible presencia de un navío de la legendaria Armada Invencible de 1588.
Un archipiélago de naufragios: la importancia del Golfo Ártabro
Aunque la Costa da Morte y las Rías Baixas concentran un gran número de pecios conocidos —Galicia supera los 1.600 naufragios localizados en todo su litoral, según estudios del CSIC y publicaciones especializadas—, el Golfo Ártabro posee un valor arqueológico que va más allá de las cifras.
«Esta área ha sido un cruce de rutas marítimas desde la antigüedad. La presencia de la base naval de Ferrol, el puerto histórico de A Coruña como puerta de entrada a las rutas atlánticas y las peligrosas condiciones de navegación en sus entradas han convertido este espacio en un punto crítico de la historia naval», explican los arqueólogos que participan en la intervención.
Aunque no existe un censo oficial unificado, diversas investigaciones y hallazgos a lo largo de las últimas décadas han permitido documentar decenas de pecios en este ámbito geográfico, que abarca desde la ría de Ferrol hasta la de A Coruña. En la ría de Ferrol, por ejemplo, la propia Armada certificó en 2015 el hallazgo de al menos media docena de cañones de naufragios antiguos, lo que confirma la existencia de un potencial arqueológico aún por explorar. En la bahía de A Coruña, los vestigios abarcan desde restos de época medieval hasta modernos buques mercantes del siglo XX, como el vapor SS Solway o el carguero Anna, cuyas estructuras descansan hoy a escasas millas de la Torre de Hércules.
Según estimaciones de arqueólogos subacuáticos que han trabajado en la zona, entre las cuatro rías se podría estar hablando de entre 50 y más de un centenar de pecios documentados o localizables, incluyendo desde grandes galeones hasta pesqueros y navíos mercantes de los siglos XIX y XX. Una cifra que, aunque menor que la de zonas más expuestas al océano abierto, convierte al Golfo Ártabro en un enclave de máxima prioridad para la arqueología marítima.
El Galeón Regazona: el santo y seña de la campaña
El principal aliciente de esta intervención, que se prolongará durante los próximos días bajo la dirección del arqueólogo Cristóbal Nodar, es la búsqueda del Galeón Regazona. Este buque, perteneciente a la conocida como Armada Invencible que la Corona española envió contra Inglaterra en 1588, destacaba tanto por su imponente tamaño como por su formidable armamento: 32 cañones de bronce que lo convertían en una pieza codiciada por cualquier museo o centro de investigación histórico.
La ensenada de Cariño, un punto estratégico en la entrada a las rías altas, fue testigo de los temporales que diezmaron la flota española en su desgraciado retorno. Las fuentes históricas y los estudios previos sitúan en esta zona el posible lugar del naufragio de este galeón, cuya localización supondría un hito sin precedentes para la arqueología subacuática española.
Más allá de la búsqueda: conservar el legado subacuático
Pero la actuación no se limita a la búsqueda del mítico galeón. Los equipos mixtos de arqueólogos, buzos de la Armada y policías especializados están llevando a cabo una prospección arqueológica de fondo que permitirá documentar cualquier elemento visible. Mediante técnicas avanzadas de fotografía, fotogrametría y dibujo subacuático, se registrarán posibles estructuras, cañones, áncoras o restos de cargamento que aún permanecen en el fondo.
«Esta es una actuación en la que se pone de manifiesto la importancia de la colaboración institucional para proteger y conservar nuestro legado», destacó hoy el director xeral de Patrimonio Cultural, Ángel Miramontes, durante su visita a los participantes en la campaña. Miramontes subrayó que Galicia «es un ejemplo por la riqueza y variedad del patrimonio cultural, también del que está bajo el agua, y por eso son importantes este tipo de actuaciones que nos permiten ampliar el conocimiento que tenemos sobre hitos históricos y nuestro legado subacuático».
La colaboración entre la Xunta, la Policía Adscrita y la Armada no es casual. La protección de estos yacimientos sumergidos es una tarea compleja que requiere no solo de medios técnicos de alto nivel —como los que aporta la UBUFER, con sede en Ferrol— sino también de un cuerpo especializado en la vigilancia y prevención del expolio, cada vez más frecuente en estos fondos marinos.
Una zona de excepcional valor patrimonial
La elección de las rías de Betanzos, Ares y Ferrol para este operativo no es fortuita. Más allá de los grandes naufragios de la Armada Invencible o de los posteriores conflictos anglo-españoles, estas aguas han sido testigos de siglos de actividad pesquera, mercante y militar. Cada pecio, cada estructura hallada, es una página de la historia social y económica de Galicia que, hasta ahora, permanecía oculta.
Mientras los técnicos continúan su trabajo en la ensenada de Cariño, el resultado de esta campaña se presenta como una oportunidad única para reescribir capítulos de la historia local y reforzar la protección de un patrimonio que, aunque invisible a simple vista, constituye una de las señas de identidad más profundas de la comunidad gallega. El Golfo Ártabro, a menudo celebrado por sus paisajes y su tradición marinera, demuestra una vez más que bajo sus aguas también late el pulso de la historia.

