La revelación de los finalistas seleccionados para optar al diseño de la fachada marítima de la ciudad genera un inevitable sentimiento de nostalgia. Escuchar el nombre de estudios como el de Zara Hadid, el de Bjarke Ingels o el de 3XN Copenhaguen nos invita a evocar nombres como el de Joan Busquets o Arata Isozaki. Hay sin embargo una gran diferencia entre ambos momentos históricos. Hace poco más de dos décadas, los grandes de la arquitectura acudían convocados por iniciativa municipal. Ahora, las grandes decisiones sobre la ciudad no se toman en María Pita.
Durante años una de las críticas reiteradas a Paco Vázquez pasaba por destacar su nula capacidad de influjo político más allá del Pasaje. El propio alcalde, como hace hoy Abel Caballero, impulsaba aquella imagen de Coruña como ciudad estado, como una recreación de una polis griega, o un pequeño distrito federal, dueño de su destino al margen de los vaivenes de la política gallega. La postura puede ser criticada en lo teórico, pero se avalaba con hechos. En tiempos de Vázquez se construyó el paseo marítimo, quizá el mayor factor vertebrador de la ciudad; se construyeron museos y centros cívicos; se inició el derribo de las infraviviendas y el realojo de las personas que vivían en ellas en condiciones dignas; se buscó el equilibrio de equipamiento entre los barrios, la dotación de bibliotecas públicas o una acción decidida para apoyar la educación pública; se creó una Orquesta Sinfónica y se generaron parques como el de Bens o San Pedro. La listas se puede ampliar a voluntad.
Hoy contemplamos atónitos el dudoso récord de un consistorio que consigue colocar a la ciudad en números rojos sin llevar adelante ni un solo proyecto de calado. El proyecto estrella del primer mandato de Inés Rey fue una rotonda, frente a la Casa del Mar, que no solucionó ninguno de los problemas de tráfico de la zona. La comparación con la etapa dorada del socialismo coruñés produce sonrojo, cuando no hilaridad. En el mandato actual, la ciudad parece hervir de actividad: obras en Alfonso Molina, ampliación del CHUAC, fachada marítima, la estación intermodal…. Pero todas estas iniciativas no se dirigen desde María Pita, sino desde Santiago o Madrid. No se trata de que las obras las pague el Gobierno o la Xunta, sino de que el concello no tiene ni propuestas ni opinión cualificada. No hay un proyecto de ciudad y en pocos años hemos pasado de ser una ciudad estado a ser una colonia multipropiedad en la que otras administraciones actúan a su antojo.
La inauguración de la plataforma de baño frente a la Solana es un buen resumen del desnorte de nuestra alcaldesa. Inés Rey inició su primer mandato abriendo una guerra contra las personas que se bañaban en aguas del puerto. Una pataleta muy propia de su carácter, difícilmente comprensible cuando las aguas son competencia del Puerto. Luego desechó la idea de habilitar una zona de baño en la Dársena, como proponía el plan Busquets. Porque el actual gobierno de Maria Pita ha puesto un empeño especial en negar la herencia socialista y le produce urticaria adoptar cualquier idea que no sea propia. Es cierto que cuando uno no tiene ninguna idea, adoptar las de otros compañeros resulta doloroso, no ya una cura de humildad sino un reconocimiento de incompetencia.
¿El resultado? La Autoridad Portuaria recogió la idea de Busquets, y ha habilitado una zona de baño que promete convertirse en uno de los atractivos de la primavera y el verano coruñeses. No hace mucho se decía que el Puerto es parte integral de la ciudad. Últimamente, con la zona de baño, el papel principal en el diseño de la fachada marítima, la residencia de la fundación de Marta Ortega en terrenos portuarios, más iniciativas de animación, conciertos y similares, estamos en camino de considerar que es el Ayuntamiento el que va en camino de convertirse en un apéndice del Puerto.
Nada de lo que tiene trascendencia en Coruña se decide hoy en los despachos de Maria Pita. Bueno, sí, una cosa sí se está decidiendo allí, el volumen de deuda inexplicable que se está generando a costa de no hacer nada. Y esa decisión la vamos a pagar, en un futuro no muy lejano, todos los coruñeses. Porque si a la ciudad la han colonizado otras administraciones, a los coruñeses los está explotando su propio gobierno.

