31/05/2026

Presupuestos participativos de mentira

Presupuestos participativos sin fondos: el espejismo de la participación ciudadana

El pasado miércoles, la alcaldesa Inés Rey, acompañada de su equipo económico y social, se reunió con las entidades vecinales de A Coruña para presentar una nueva edición de los Presupuestos Participativos. El mensaje era esperanzador: 2,6 millones de euros para que la ciudadanía decida directamente en qué invertir. Acto seguido, el gobierno local lanzó una campaña de difusión celebrando esa supuesta cesión del poder real a las calles. Pero una lectura detenida de las letras pequeñas del presupuesto municipal de 2026 revela una realidad muy distinta: estos presupuestos participativos son, en el mejor de los casos, una declaración de intenciones; en el peor, un acto deliberado de propaganda política con fondos inexistentes.

El préstamo fantasma

El primer indicio de esta ficción presupuestaria se encuentra en la línea 46 del anexo de inversiones del presupuesto de A Coruña para 2026. Allí se especifica que la partida destinada a los presupuestos participativos está condicionada a la obtención de un préstamo. No es un detalle menor: sin ese préstamo, no hay 2,6 millones para los vecinos. Y el problema es que ese préstamo, a día de hoy, no solo no está concedido, sino que ni siquiera se ha licitado su contratación. No existe. Es dinero virtual, una promesa colgada de un hilo financiero que el propio gobierno local no ha comenzado a tejer.

La regla de gasto y el plan fallido

Para entender por qué ese préstamo es tan difícil —cuando no imposible— de conseguir, hay que recordar la mala salud financiera del consistorio. En 2024, el gobierno local incumplió la regla de gasto, lo que le obligó a aprobar un plan económico-financiero para el periodo 2025-2026. Ese plan, según los hechos, fracasó estrepitosamente. No es una opinión: el informe del interventor ya dibuja un futuro incierto a la vista del déficit acumulado en 2025. En este escenario de ajuste forzoso, las medidas que debe aplicar Inés Rey pasan por recortes presupuestarios. Y en ese contexto, los préstamos externos son los primeros en caer o en reducirse drásticamente.

Pero incluso en el supuesto optimista de que se pudiera acceder a alguna línea de crédito, la cantidad disponible sería menos de la mitad de lo presupuestado. Y lo poco que se pudiera financiar vía préstamo no se destinaría a los presupuestos participativos. La prioridad legal y técnica es clara: primero, terminar inversiones ya iniciadas en ejercicios anteriores (proyectos plurianuales); segundo, atender inversiones cofinanciadas con otras administraciones. Los presupuestos participativos, por su carácter novedoso y no comprometido previamente, quedarían en el último lugar de la lista de espera.

Participación sin dotación: el mejor escaparate político

¿Qué queda entonces de la reunión del miércoles, de las fotos con las entidades vecinales y de la campaña de difusión? Una operación de propaganda de manual. Porque anunciar un proceso participativo sobre una partida que no existe, que depende de un préstamo no licitado y que en la práctica es inviable dadas las restricciones financieras del ayuntamiento, no es otra cosa que generar expectativas falsas para cosechar rédito político inmediato.

Los presupuestos participativos, tal como se han diseñado para 2026 en A Coruña, no son un instrumento de democracia real, sino un espejismo: una convocatoria vacía que permite al gobierno local aparentar apertura y transparencia mientras sabe perfectamente que los fondos jamás llegarán o, si lo hacen, serán desviados a partidas ya comprometidas. Es la participación como escenografía, la ilusión de decidir sobre nada.

Propaganda vestida de vecindario

Ninguna entidad vecinal debería sentarse a decidir el destino de 2,6 millones que el propio interventor municipal ya ha puesto en cuarentena. La alcaldesa y sus concejales saben, o deberían saber, que ese dinero no está garantizado. Sin embargo, difunden los presupuestos participativos como si fueran un hecho consumado. Esa es la esencia del acto propagandístico: mostrar como real lo que aún es pura contingencia, y presentar como participación lo que en el fondo es una ficción numérica.

Si el gobierno de Inés Rey quiere de verdad implicar a la ciudadanía en las decisiones de gasto, que primero sane las cuentas, que asegure la financiación, que licite ese préstamo fantasma y que, solo entonces, invite a los vecinos a decidir. Mientras tanto, los presupuestos participativos de A Coruña 2026 no son más que un cartel de campaña anticipada. La participación no puede sostenerse sobre un préstamo inexistente. Y la democracia municipal, desde luego, no se fortalece con espejismos.

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