25/06/2026

El Liceo pierde el título de Liga en la tanda de penaltis en un Palacio de los Deportes a rebosar

Igualada remontó la eliminatoria y ganó los tres últimos partidos al equipo de Copa

El adios, entre lágrimas, de Nil Cervera, Tombita y los canteranos liceístas Martín Garaboa y César Carballeira

La fecha no era propicia, por mucho que la ciudad bullía de alegría, fuego y sardinas, la falla playera homenajeaba las gestas deportivas de esta primavera triunfante y Riazor rebosaba como en las grandes tardes. Pero San Xoán, la fiesta local por antonomasia, no traía buenos recuerdos en cuanto a logros deportivos, tras el ascenso frustrado del Depor en Mallorca en el 2019.

Y eso que en el inicio del encuentro parecía que el Liceo iba a conjurar los malos espíritus entre el empuje de una afición entregada como nunca y la presión de los de Copa intentando ahogar al adversario. Sin embargo enseguida la presión se convirtió en espejismo y los nervios atenazaron cada pase, cada golpe de pedal, cada intento de cruce de los liceístas. De pronto el fantasma del miedo a perder se apareció como un elefante plantado ante los locales mientras los de Muntané se soltaban y empezaban a llegar cada vez con más peligro.

Cinco minutos más tarde Biel Llanes convirtió en hielo el calor del Palacio con un disparo que sorprendió a Blai. El 0-1 sonó a mazazo pero el público no estaba dispuesto a dejar de animar y el equipo no quería venirse abajo así que Copa movió el banquillo y empezó a probar alternativas. Pero el día no estaba de cara y la suerte se mostraba cada vez más esquiva. Cada rebote posible quedaba en manos de Igualada, cada lanzamiento encontraba una maraña de piernas cuando no la cruceta o el guante de Arnau.

Hasta que Dava Torres se hizo con una bola rechazada y la colocó a la espalda del portero visitante. Fiesta y alivio con un empate que llegaría hasta la segunda parte. A la vuelta el peso de los minutos se dejaban sentir. Las faltas se habían ido sumando y cada acercamiento de los visitantes sonaba a “uuuyyyyy…“. Hasta que Miguel Cañadillas, el madrileño modelado por Carlos Cortijo, hizo el segundo gol visitante replicando, prácticamente, el inicio del primer tiempo. Tras una liga y cuatro partidos anteriores el título se jugaba en cada pase y podía perderse en cada error y el Liceo se había equivocado ya dos veces. Aún así hubo motivos para la alegría cuando Llanes no pudo con Roca en la directa tras la décima falta local. Lamentablemente tampoco Xaus pudo con Arnau Martínez cuando la bocina sonó del otro lado.

Pero no estaba todo dicho. Toni Pérez incordiaba en el área una y otra vez hasta que Joan Ruano le hizo penalti. El catalán protestó una y otra vez la falta pero de nuevo el capitán liceísta transformó el gol coruñés ante el delirio de la grada que le acompañó en el baile. Sin embargo fue la última vez que el marcador se movió pese a que el propio Dava la tuvo a seis minutos del final de nuevo con una directa que Martínez frustró.

Tampoco se movió en la prórroga con el Liceo tocando arrebato consciente de que los penaltis ante Igualada eran una mal negocio. Los catalanes han mostrado una mayor eficacia en la bola parada que los de Copa, especialmente en el play-off en que los liceístas han estado bastante espesos. Pero ayer los trasnos e bruxasse conjuraron en contra así que llegaron los penaltis y el Liceo murió en la orilla.

LÁGRIMAS EN EL ADIOS

La fiesta se tornó en llanto con el penalti fallado por Nuno Paiva y mientras el delirio cambiaba de bando y la alegría viajaba a la esquina donde un centenar de seguidores catalanes habían acompañado a su equipo, los liceístas intentaban gestionar el duelo por un título que parecía al alcance de la mano. La afición arropó a los coruñeses y de manera especial a Nil Cervera, César Carballeira y Martín Garaboa que disputaban su último encuentro en el equipo. Las lágrimas de Carballeira y Garaboa eran las de dos chavales canteranos llorando por el equipo de sus vidas.

En el lado del Igualada también habrá alguna despedida. Precisamente Cañadillas deja el club para, según la rumorología, volver a casa, a un Rivas que le vio irse como una joven promesa y le recibirá como a un campeón de liga.

LA BOLA PARADA Y LA CABEZA. DOS FACTORES QUE EXPLICAN LA DERROTA

La bola parada fue, sin duda, uno de los factores que contribuyó al resultado final de la eliminatoria. A lo largo de los play-off los de Juan Copa tuvieron numerosas dificultades para aprovechar tanto directas como penaltis. Muy especialmente cuando más lo necesitaban. De hecho, antes del penalti de Dava Torres ayer, sólo transformaron dos directas y un penalti en el segundo partido en Riazor. El penalti fue el primer gol – luego fallaron otro – pero las directas cuando ya goleaban. Todas las oportunidades restantes quedaron en nada. De hecho en el primer partido en Igualada llegaron a fallar dos directas y un penalti. Ayer fallaron otras dos. Demasiado lastre en contra.

El otro, la cabeza. Nada es tan influyente en el deporte como la gestión mental de los encuentros, también en los deportes de equipo. Tras los primeros dos partidos los liceístas se sentían con mano y media agarrando el título de liga. Tras un año espléndido, tras volver a Europa, ganar la Copa y hacer un play-off espectacular, a los de Copa les costó afrontar los encuentros en Igualada. Perder el primero entraba en los cálculos. Perder el segundo fue un golpe que llenó la cabeza de dudas. Lo demás ya es historia.

LÁGRIMAS EN EL ADIOS

La fiesta se tornó en llanto con el penalti fallado por Nuno Paiva y mientras el delirio cambiaba de bando y la alegría viajaba a la esquina donde un centenar de seguidores catalanes habían acompañado a su equipo, los liceístas intentaban gestionar el duelo por un título que parecía al alcance de la mano.

 La afición arropó a los coruñeses y de manera especial a Nil Cervera, Tombita, César Carballeira y Martín Garaboa que disputaban su último encuentro en el equipo. Las lágrimas de Carballeira y Garaboa eran las de dos chavales canteranos llorando por el equipo de sus vidas. En el lado del Igualada también habrá alguna despedida. Precisamente Cañadillas deja el club para, según la rumorología, volver a casa, a un Rivas que le vio irse como una joven promesa y le recibirá como a un campeón de liga.

AMARGO FINAL PARA UNA GRAN TEMPORADA

Finaliza una temporada histórica de los coruñeses. Decepción aparte por el título que pudo estar y no fue, lo cierto es que el año ha sido francamente bueno. El Liceo volvió a estar entre los mejores de Europa recuperando una posición perdida hace algunos años. Durante la mayor parte de la Liga fue líder y sus únicos apuros fueron en la eliminatoria final.

En marzo se proclamó campeón de la Copa del Rey venciendo en semifinales a Igualada y en la final al Calafell. Y, sobre todo, ha vuelto a enganchar a la ciudad al hockey con pabellones llenos una y otra vez y la magia de Riazor funcionando. Además, el trabajo de la base está cosechando frutos y este año nuevamente en categoría alevín mixta y femenina participaron en el campeonato de España con un cuarto puesto y un bronce respectivamente. En suma, un gran año al que, eso sí, le faltó la guinda. Otra vez será.

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