La escasa afluencia a la última asamblea local —apenas 30 personas— evidencia la debilidad interna de los socialistas en A Coruña a solo diez meses de las municipales, pese a que la secretaria general sea la única aspirante a repetir como alcaldesa en las primarias.
A simple vista, la noticia era favorable para Inés Rey. El pasado 3 de julio, la resolución del proceso de primarias abierto por el PSOE de Pedro Sánchez confirmaba que en A Coruña solo figuraba su nombre para encabezar la lista municipal. Ningún otro militante había presentado alternativa. En Galicia, únicamente Ferrol tendrá una contienda interna para elegir candidato. Para cualquier secretaria general, esa ausencia de rivales suele leerse como un respaldo tácito. Sin embargo, en el caso de los socialistas coruñeses, ese silencio competitivo es el espejismo de una realidad mucho más preocupante.
El dato que inquieta: 30 asistentes a la asamblea
El día anterior a que se hiciera pública la lista de municipios sin otras candidaturas, Inés Rey, en su doble condición de secretaria general de la agrupación local y alcaldesa, convocó una asamblea del PSOE de A Coruña. El resultado fue desolador: apenas 30 personas acudieron a la cita. Una cifra que no alcanza ni siquiera el 50% de los miembros de la propia ejecutiva local, el órgano de dirección del partido en la ciudad.
Para contextualizar este dato basta recordar la memoria reciente: cuando el PSOE gobernaba A Coruña, sus asambleas solían reunir a más de 300 militantes. La caída no es un tropiezo, sino un desplome. Y lo que es peor: en una agrupación que oficialmente cuenta con varios centenares de afiliados, ese puñado de asistentes apenas da para componer la lista electoral que dentro de diez meses deberá enfrentarse a las urnas.
Primarias sin rival, pero con un partido ausente
Es cierto que la normativa interna del PSOE establece matices: no es lo mismo presentarse en localidades donde el partido no tiene alcaldía —donde los requisitos son menos exigentes— que en aquellas donde ya gobierna. En este último caso, como ocurre en A Coruña, quien desea plantar cara a la candidata oficial necesita recabar el 50% de firmas de los militantes censados. Un filtro alto que, de facto, desincentiva las alternativas. Pero que nadie haya dado ese paso no significa que el respaldo a Rey sea mayoritario; más bien evidencia que el desánimo puede haber ganado la partida al activismo.
Para Inés Rey, ser la única candidata es una buena noticia en el papel, pero en la práctica se convierte en un arma de doble filo. La falta de competencia le ahorra un desgaste público, pero no resuelve el verdadero problema: su partido no está donde debería. Y una campaña electoral no se gana solo con el apoyo de la ejecutiva, sino con la capacidad de llenar locales, de ilusionar a las bases y de tejer redes vecinales. Con 30 personas en una asamblea, ese engranaje cruje.
Un handicap a diez meses de las elecciones
La debilidad interna que refleja esta escasa participación no es un asunto menor. A menos de un año de los comicios municipales, el PSOE coruñés afronta varios frentes abiertos: la erosión del gobierno local, el desgaste de la política gallega y, ahora, la constatación de que su propia militancia no responde a la llamada de su líder. En política, la movilización empieza por casa, y si la propia familia socialista se resiste a ocupar el salón de actos, el mensaje que se proyecta hacia el exterior es demoledor.
Rey tendrá que remar contracorriente. Porque si bien la ausencia de primarias le garantiza la candidatura, la ausencia de masa crítica le resta fuelle para afrontar una campaña que se prevé compleja. Los datos fríos son tozudos: el partido que gobernó con holgura y llenó auditorios hoy se reúne en un reducido círculo que no llega a ser ni la sombra de aquel PSOE. La pregunta que sobrevuela el ambiente no es si Inés Rey será la candidata, sino si podrá recomponer los pedazos de una organización que, por ahora, parece haber desconectado de su propia líder.
En los próximos meses, la alcaldesa tendrá que demostrar que su proyecto no es solo un nombre en una papeleta, sino un imán capaz de recuperar a los suyos. Porque, como reza el viejo aforismo político, no hay campaña sin partido, ni partido sin gente. Y A Coruña, hoy, mira con escepticismo esa sala vacía que fue testigo de su debilidad.

