15/07/2026

Vecinos de Tomás Fábregas: cuando la alcaldesa oye pero no escucha

Las movilizaciones se intensifican ante un proyecto que reduce un 80% las plazas de aparcamiento, en un caso que recuerda al conflicto de las Casas de Franco

La calle Tomás Fábregas se ha convertido en el símbolo de un modelo de gestión urbanística que el Concello de A Coruña impone con la oreja atenta pero el entendimiento ausente. Los vecinos, respaldados por 286 firmas, han mostrado su rotundo desacuerdo con el proyecto de rehabilitación municipal (expediente 106/2025/36), una actuación que califican de «desconectada de la realidad del barrio». El presidente de la Agrupación Coruñesa de Asociaciones Vecinales (ACAV), Fernando Carrillo, ha acompañado a los residentes en su reivindicación, sumando el peso de una entidad que agrupa a once asociaciones de la ciudad.

Un plan que ahoga el aparcamiento

La principal queja es la brutal reducción de plazas de estacionamiento. El proyecto prevé pasar de las 45 plazas actuales a tan solo 9, una disminución del 80%. Los vecinos, representados por Antonio José Álvarez López, advierten que esta medida no es una molestia menor, sino un golpe directo a la movilidad de familias, trabajadores y personas mayores que dependen del vehículo privado. El propio proyecto reconoce en su memoria que «no existen problemas graves de aparcamiento» en la zona, lo que añade un sinsentido a la propuesta.

La ironía de la ORA

Aún más llamativo resulta el apartado que propone incluir la calle en una futura zona de ORA para residentes. La lógica vecinal es aplastante: no tiene sentido crear una escasez artificial de estacionamiento —eliminando 36 plazas— para después imponer un sistema de pago que «solucione» un problema inducido por la propia administración. Es como si un mecánico pinchara las ruedas de un coche para luego ofrecer su servicio de reparación.

Silencio administrativo y desprecio ciudadano

Los vecinos denuncian la nula transparencia: no recibieron ninguna notificación sobre el período de exposición pública del proyecto. Esta falta de información les ha impedido presentar alegaciones en tiempo y forma, lo que, según denuncian, no es un despiste sino una práctica habitual de un gobierno local que habla de «ciudad participativa» pero actúa por decreto.

Aceras trampa y árboles fuera de lugar

El proyecto incluye aceras con elementos de cemento hueco, un obstáculo para personas con movilidad reducida, sillas de ruedas o carritos de bebé. Una contradicción con los principios de accesibilidad universal que deberían inspirar cualquier actuación urbanística en el siglo XXI. Además, se plantea plantar árboles justo frente a las fachadas de las viviendas, ignorando que existe un amplio descampado próximo que podría acoger esas zonas verdes sin afectar a la intimidad o la luz de los residentes.

Cuando oír no es escuchar: la lección de las Casas de Franco

La alcaldesa Inés Rey se ha reunido en dos ocasiones con los vecinos, pero el proyecto sigue adelante sin cambios. Esta situación recuerda al conflicto de las Casas de Franco, donde la presión vecinal forzó una modificación del proyecto inicial. La diferencia fundamental se resume en un detalle que no es menor: oír es un acto fisiológico, pasivo; escuchar es un acto cognitivo, activo.

En aquel caso, las movilizaciones lograron que la Junta de Gobierno Local aprobara la modificación del proyecto de mejora en la accesibilidad y dotación de espacios verdes, admitiendo las demandas vecinales sobre la desaparición de un muro y aumentando la inversión en 100.000 euros. Un precedente que ahora los vecinos de Tomás Fábregas esperan repetir.

Fernando Carrillo y el respaldo de ACAV

El presidente de ACAV, Fernando Carrillo, ha estado presente en las movilizaciones, una figura que no es ajena a la defensa de los intereses vecinales. Carrillo, que preside la asociación de vecinos de Los Rosales, ya ha demostrado su capacidad de presión. Su presencia otorga un respaldo institucional a las reivindicaciones de los vecinos de Tomás Fábregas.

Una exigencia razonable

Los vecinos no piden la paralización total del proyecto, sino algo tan básico como sensato: la apertura de un proceso de diálogo real y la revisión de los puntos más lesivos. Solicitan estudiar alternativas que compatibilicen la mejora urbana con las necesidades reales de quienes residen en Tomás Fábregas.

Mientras tanto, el Concello, gobernado por quien dice priorizar lo público y lo social, opta por el silencio y la imposición. No es la primera vez que ocurre —las Casas de Franco son prueba de ello— y no será la última si no hay una reacción ciudadana contundente. La lección para el gobierno local es clara: sin información, sin participación y sin respeto al vecindario, no hay rehabilitación que valga. Otra forma de hacer ciudad es posible, pero esta, desde luego, no es la correcta.

Los vecinos han dejado claro que seguirán movilizándose.