12/08/2026

Inés Rey inunda Labañou para ocultar que sus planos son de chiste

Los vecinos se movilizan hoy tras comprobar que los planes de la alcaldesa no pasan de ser un casting de errores, y el fallo de los planos deja el barrio convertido en una piscina sin socorrista ni cloro

Los vecinos y vecinas de Labañou volverán a concentrarse hoy en el mismo sitio y a la misma hora. Como un ritual pagano de la democracia participativa, ahí estarán, paraguas en mano, no tanto por la lluvia sino por si la alcaldesa decide de nuevo poner a prueba su teoría de que el barrio necesita una piscina municipal en plena calle Tomás Fabregas.

Porque sí, señoras y señores, las obras que hasta hace poco eran un conflicto, ahora podrían ser… ¿una solución? Bueno, eso dicen los optimistas. Los que todavía creen que los políticos aprenden de sus errores en lugar de simplemente reubicarlos en el plano siguiente.

Las reuniones con la regidora han sido, como diría un crítico gastronómico, «decepcionantes pero abundantes». Los vecinos han expuesto sus quejas, han mostrado sus razonamientos, han desplegado sus argumentos con la paciencia de quien explica a un niño que el agua moja. Y la respuesta de Inés Rey, fiel a su hoja de ruta, ha sido básicamente: «Interesante, pero ¿han considerado que mi hoja de ruta es mi hoja de ruta?»

El fallo de los planos o cómo diseñar a ciegas (y no precisamente por el eclipse)

Lo que estos últimos días han evidenciado es el fallo de los planos. Y conste que no hablamos de un error menor, como confundir el norte con el sur o poner un baño donde iba la cocina. Hablamos de planos que ignoraron algo tan fundamental como… bueno, la gravedad. O la hidráulica. O el hecho de que el agua tiende a ir hacia abajo.

Las imágenes de la zona de obras completamente inundada son la prueba irrefutable de que, en efecto, los planos fallaron. Y cuando digo «los planos» me refiero a esos dibujitos bonitos que alguien hizo con mucho esmero y que probablemente lucen mejor en una pared de oficina que en la realidad.

Al principio, algunos malpensados sugirieron que la alcaldesa quería ofrecer una piscina municipal para compensar a los vecinos. Teoría que fue descartada tras comprobar que el nivel de cloro del agua no cumplía los requisitos (porque, obviamente, el agua de lluvia no lleva cloro), que la temperatura no era precisamente la de un spa (sorpresa: el agua en la calle está fría), y que la ausencia de socorristas era la prueba definitiva de que, efectivamente, no era una piscina.

Además, hay que reconocer el ingenio: instalar una piscina en esta ubicación conllevaría la supresión de más plazas de aparcamiento, lo que vendría a ser como un combo: «no solo no arreglamos el problema, sino que creamos uno nuevo gratis».

El péndulo de la responsabilidad: ¿quién cae hoy?

Con todo, nos queda la esperanza de que Inés Rey destituya a alguien por este fallo en los planos. Porque en política, como en la antigua Roma, cuando algo sale mal siempre hay un chivo expiatorio disponible. La comisión del PEPRI ya fue cesada por decir lo que al final ocurrió —parece que la honestidad no es precisamente un plus en estos casos—, así que el nerviosismo ahora corre entre los arquitectos e ingenieros que desarrollaron este barrio en los años 1950.

Muchos aseguran que ya están jubilados, pero eso no es una barrera para la alcaldesa. Si las obras del alcantarillado fueran de los romanos, hasta el mismísimo Julio César podría temblar. Porque en el universo Inés Rey, la responsabilidad es como una patata caliente: siempre se puede pasar a otro, aunque ese otro ya no esté ni en este plano terrenal.

El muro: ¿la solución definitiva o el próximo problema?

Ahora falta esperar qué solución le busca al problema de los aparcamientos la alcaldesa. Por ahora, la estrategia parece ser «inundar la zona para que la gente deje de pensar en el tráfico y empiece a pensar en comprar un kayak».

El tema del muro que quiere construir en el barrio puede que nos sorprenda como algo beneficioso o incluso protector para los vecinos. Quién sabe, quizás sea un muro con función de dique, una barrera contra las inundaciones causadas por los propios planos defectuosos. Sería poético: construir un muro para protegerse de los errores de construcción.

O quizás el muro sirva para que los vecinos no vean las obras, y así, en la ignorancia, sean felices. Después de todo, «ojos que no ven, agua que no inunda», ¿no?

A 9 meses del examen: la política del «a ver quién pica»

A falta de 9 meses para el «examen» de la alcaldesa —esas elecciones municipales que se avecinan como un juicio popular—, el rechazo de los vecinos de Labañou no es precisamente el mejor aval para sus aspiraciones de seguir siendo segunda en las elecciones y poder seguir «contando» con el apoyo de Avia Veira.

Porque al final, el juego político es como un tango: se necesitan dos para bailarlo, pero cuando uno de los bailarines tiene los pies mojados porque las obras se han inundado, el ritmo se complica.

Y mientras tanto, los vecinos seguirán concentrándose, paraguas en mano, con la esperanza de que alguien, en algún momento, mire los planos y diga: «Vaya, pues resulta que el agua moja. ¿Quién lo iba a decir?»