27/08/2026

El agua no perdona: el mercado de Monte Alto que costó 10 millones se ahoga en la primera tormenta

Inundaciones, obras sin terminar, ascensores suprimidos, facturas duplicadas y una dirección técnica sin papel sellado. Así se gestionó la reforma de Monte Alto, que hoy tuvo que cerrar

El pasado mes de diciembre, el Mercado de Monte Alto reabría sus puertas con toda la pompa institucional. La alcaldesa encabezaba el acto de inauguración, destacando la modernización de un espacio emblemático para el barrio. Nueve meses después, ese mismo mercado permanece cerrado tras las primeras lluvias de verano, anegado por unas inundaciones que, en una ciudad como A Coruña, no deberían haber cogido a nadie por sorpresa.

Lo ocurrido no es una anécdota meteorológica, sino el síntoma de una gestión de obra pública que acumula irregularidades desde su origen. El proceso de licitación ya fue problemático desde el principio. La primera convocatoria, con un presupuesto que rondaba la mitad del coste final, quedó desierta no por falta de interés, sino porque el área municipal de Mercados carecía de consignación presupuestaria suficiente. Este retraso en la resolución provocó que la primera adjudicataria renunciara tras el incremento de los precios de coste, y que también lo hicieran las dos empresas que figuraban como suplentes. Tres renuncias consecutivas deberían haber sido una señal de alarma.

En la segunda licitación, el presupuesto inicial ya se fijó en 8,4 millones de euros, aunque finalmente superó los 10 millones. La única empresa que se presentó fue PRACE, la misma que, también en solitario, se había adjudicado recientemente la obra de la biblioteca de Palavea. La falta de competencia en estas concesiones es un hecho que debería invitar a la reflexión sobre los procedimientos de contratación pública.

Una vez iniciadas las obras, se produjeron recortes significativos en las calidades previstas, incluyendo la supresión de ascensores, lo que limita la accesibilidad del recinto. Pero mientras se reducían partidas, otras se incrementaban de forma opaca. La reforma de la cafetería, por ejemplo, se financió en parte mediante contratos menores, una fórmula que permite esquivar los controles de la licitación pública y que, en este caso, afectó a una zona que “casualmente” amplía su horario fuera del propio mercado, generando dudas en la competencia de la zona.

Uno de los aspectos más graves de este expediente es la contratación del arquitecto responsable del proyecto y de la dirección de obra. Este profesional, según ha podido saberse, carecía de contrato formal con el Ayuntamiento, una situación que vulnera toda lógica administrativa. Pero la cuestión se agrava aún más si se confirma que la factura por sus servicios podría duplicarse, y que dicha gestión se encuentra actualmente en tramitación interna. Algunas fuentes apuntan incluso a un vínculo entre este arquitecto y la alcaldesa, extremo que, de ser cierto, añadiría un componente de gravedad ética al asunto.

El resultado de esta concatenación de deficiencias es un mercado que se inunda con la primera lluvia. En una comunidad como Galicia, donde las precipitaciones son un fenómeno climático habitual, esta vulnerabilidad resulta incomprensible. No es la primera vez que ocurre con obras municipales: el proyecto cuestionado en Labañou, recientemente también sufrió inundaciones, aunque en esta ocasión no fueron provocadas por la lluvia, sino por deficiencias técnicas.

La respuesta institucional ante esta situación está siendo, cuando menos, insuficiente. La alcaldesa, que sí tuvo tiempo para estar en la inauguración de una obra que no estaba completamente terminada, ahora guarda silencio en estos momentos que el mercado tuvo que cerrar. Las imágenes que circulan en redes sociales muestran la inundación producida incluso antes del momento de máxima intensidad de lluvia, lo que indica que el problema es estructural y no puntual.

Este caso no debe quedar reducido a una anécdota local. La gestión del Mercado de Monte Alto refleja un patrón de comportamiento que se repite en otras obras municipales: sobrecostes, recortes en calidades, contrataciones irregulares, falta de transparencia y una alarmante ausencia de controles. Los vecinos y comerciantes de Monte Alto no merecen una instalación que se inunda apenas unos meses después de su reapertura. Los ciudadanos, en general, no merecen que los fondos públicos se gestionen con tanta dejadez.

Es imprescindible que el Ayuntamiento explique con claridad lo ocurrido, que depure responsabilidades y que garantice que una actuación de esta envergadura, financiada con dinero público, cumpla con los estándares mínimos de calidad y seguridad. La lluvia no tiene la culpa. La responsabilidad es de quienes proyectaron, contrataron, dirigieron y supervisaron esta obra. Y, en última instancia, de quienes, desde la máxima responsabilidad política, decidieron inaugurarla sabiendo que no estaba en condiciones de funcionar con normalidad.

El Mercado de Monte Alto merece una solución, pero también merece que se expliquen las causas de este fracaso. La ciudadanía tiene derecho a conocer por qué se ha gastado más de 10 millones de euros en una infraestructura que, a la primera tormenta, ha demostrado ser inviable.