El barrio coruñés reclama participación vecinal real en el proyecto de humanización de la calle Tomás Fábregas y advierte de que la reducción de aparcamientos «castiga» a los residentes
Los vecinos de Labañou continúan con sus movilizaciones. Ya son más de un mes de protestas, concentraciones semanales y reuniones con el gobierno local que, en algunos casos, acabaron con cierta tensión. Pero lejos de remitir, el conflicto se ha recrudecido tras la intervención de Candela Foján, vecina del barrio, en el pleno municipal de la semana pasada, un discurso que se ha convertido en el manifiesto oficioso del movimiento vecinal y que resume el objetivo central de sus quejas: la falta de diálogo real en el proyecto de humanización de la calle Tomás Fábregas.
Un proyecto «cerrado» que no convence
El Ayuntamiento de A Coruña sostiene que su intención es «humanizar» la calle Tomás Fábregas, en Labañou. Una palabra que, en opinión de los vecinos, suena bien pero se vacía de contenido cuando se aplica sin consultar a quienes viven el día a día del barrio. «Cuando ustedes dicen ‘humanizar’, lo que hacen es diseñar desde la distancia, desde un despacho, sin preguntar a quienes vivimos, sudamos y aparcamos cada día en esa calle y ese barrio. Y eso no es gobernar para el pueblo, eso es gobernar a pesar del pueblo», denunció Foján ante el pleno.
Los residentes insisten en que no se oponen a las mejoras. «Queremos un barrio mejor», subrayan. Pero exigen que esas mejoras se consulten, analicen y consensúen. «Los políticos marcan el rumbo ideal para los vecinos, y los técnicos buscan soluciones. Pero aquí han hecho al revés: han traído un proyecto cerrado sin contar con las necesidades de los vecinos y nos piden que lo aplaudamos. Y no. No lo vamos a hacer», añadió la portavoz vecinal.
El precedente del muro de las casas de Franco
Uno de los argumentos más repetidos por los vecinos es el recuerdo del muro que el Ayuntamiento quiso levantar en la zona de las casas de Franco. Entonces, la presión ciudadana consiguió revertir una decisión que se presentaba como inevitable. «Ya las usaron cuando quisieron levantar ese muro. Recuerden: ‘Tiene que ser así, sí o sí’. Al final, cuando la presión ciudadana apretó, resultó que no era tan sí o sí. ¿Vieron? Al final, si se quiere, se puede. Y eso es lo único que pedimos: que se quiera. No pedimos más inversión. Pedimos coherencia», recordó Foján.
Ese precedente ha minado la credibilidad de los argumentos técnicos esgrimidos por el gobierno local. «Sus argumentos técnicos, señores, en el asunto de las casas de Franco, perdieron toda la credibilidad», sentenció la vecina, que pidió a los responsables municipales que «ahorren los datos técnicos» y ofrezcan «respuestas políticas». «No nos den informes, dennos respuestas políticas. Porque esto es un foro político, y aquí se toman decisiones políticas», insistió.
Aparcar en Labañou: una necesidad, no un capricho
Uno de los puntos más conflictivos del proyecto es la reducción de plazas de aparcamiento. En un barrio antiguo donde ningún edificio cuenta con garaje, los vecinos advierten de que eliminar estacionamientos «condena» a los residentes a dar vueltas durante horas después de una jornada laboral. «Aparcar no es un capricho, es una necesidad», defendió Foján, que citó el estudio publicado hace apenas unos días por el Ideal Gallego, según el cual A Coruña es la ciudad de Galicia donde resulta más complicado aparcar. «Y ustedes quieren ponerlo más difícil. Eso no es humanizar, eso es castigar», añadió.
«Humanizar no es poner muros»
La intervención de la vecina de Labañou también tuvo un componente simbólico y emocional. «Humanizar no es poner muros. Y lo digo en un momento en el que, tristemente, las barreras vuelven a ser protagonistas en el mundo. No necesitamos más muros, ni físicos ni burocráticos. Necesitamos calles que nos integren, no que nos expulsen», afirmó.
Los vecinos insisten en que sus movilizaciones no responden a un capricho ni a una falta de ocupación. «Estamos aquí porque nos importa. No nos concentramos semanalmente por aburrimiento, ni porque no tengamos nada mejor que hacer. Estamos aquí porque queremos una solución. Una solución de verdad, no un parche de despacho, que parece un castigo, o una justificación para gastar dinero», explicó Foján.
Un conflicto que se enquista
Más de un mes después del inicio de las movilizaciones, los vecinos de Labañou no ven señales de apertura por parte del gobierno local. Las reuniones mantenidas hasta ahora, algunas con «cierta tensión», no han servido para desbloquear una situación que los residentes consideran «preocupante», máxime cuando, según sostienen, «no es un problema de costes».
La pelota está ahora en el tejado municipal. Los vecinos lo tienen claro: «Si quieren humanizar, empiecen por escuchar. Si quieren mejorar, empiecen por preguntar. Y si quieren gobernar, empiecen por respetar». Y concluyen con una advertencia que resume su postura: «Humanizar no es quitar. Humanizar es sumar. Y hasta ahora, con este proyecto, ustedes solo restan».

