29/09/2026

A Coruña: los árboles caen, el contrato no se controla

Frente sin nombre, heridos leves, tres barrios afectados y una cafetería con salidas hacia una zona encintada. La naturaleza no necesita borrasca para hacer daño; el ayuntamiento tampoco

Hoy martes puede decirse, sin exagerar demasiado, que ha llegado el primer día de otoño a A Coruña. Un verano que empezó pronto y acabó tarde se despide con un golpe de viento que, según todos los protocolos, no merecía ni nombre. Cuando un frente no alcanza la categoría de borrasca con nombre propio —esos que se asignan por orden alfabético y con cierta solemnidad meteorológica—, se supone que no es grave.

Pero el frente que entró hoy en A Coruña, aprendiz de borrasca, aprendiz de todo, dejó destrozos en Mendez Nuñez, Monte Alto y Elviña. De momento no hay que lamentar accidentes graves, solo heridos leves, lo cual, tratándose de ramas y árboles cayendo sobre espacios transitados, es casi un milagro. O una advertencia.

Tres escenarios, un mismo patrón

Ya dijo Inés Rey que se podaban los árboles por seguridad. Entonces, ¿qué pasó? ¿No se podaron? ¿Se podaron mal? ¿Se podaron en el papel y nadie comprobó que el papel se convirtiera en realidad? Porque el estado de salud de los árboles de esta ciudad es, a estas alturas, un misterio digno de expediente.

Y no hablamos de un hecho puntual. Días atrás, sin la más mínima brisa, cayeron árboles en la plaza de España, en la calle Barcelona, en Vioño. Sin viento. Sin lluvia. Sin excusa meteorológica. ¿Cómo se explica eso? La respuesta más sencilla suele ser la más incómoda: porque nadie está mirando.

El contrato que se firma y se olvida

Evidentemente, es el gobierno local quien debe explicar qué está pasando. Existe un contrato que debe llevar el mantenimiento de jardines y zonas arboladas. Los contratos se firman, sí. Pero firmar no es gestionar. Para eso se nombra un responsable del contrato, alguien que compruebe que lo pactado se cumple. Si uno contrata a un electricista para cambiar una lámpara, luego verifica que la lámpara esté cambiada. No se queda mirando la factura con resignación.

Este mismo gobierno, en concreto con el contrato de recogida de basuras, reconoció públicamente que no se controlan los contratos. Pues ahora los árboles deciden empezar a caerse. ¿Será que no se podaron en su momento? La alcaldesa solo dice que se deben podar, pero no habla de cuántas inspecciones se realizan, cuántas actuaciones se ejecutan, cuántos responsables firman el visto bueno. La opción alternativa que se nos ocurre es que la madre naturaleza se haya confabulado contra Inés Rey, y que el líder de la rebelión sea el metrosidero de los Cantones, el primero que se suicidó para llevarle la contraria a la alcaldesa. Un boicot botánico. Ironías aparte, la hipótesis del contrato sin control parece bastante más plausible.

Copacabana: la puerta giratoria que te mete en el laberinnto

Hoy reflejamos gráficamente tres árboles afectados en zonas distintas, con entornos distintos. En los jardines de Mendez Nuñez, pegado a la cafetería Copacabana, cayó una gran rama que dejó un herido leve. La zona estaba encintada. Entonces, ¿cómo se explica?

Muy fácil: minutos antes de la caída, se veían muchas personas, en gran parte con aspecto de turistas —hoy había tres cruceros en el puerto—, circulando por la zona. La primera idea es que se saltaron la cinta. Pero poco después se observa cómo algunas personas entran en la cafetería Copacabana por las entradas desde los Cantones y salen por las puertas que dan hacia el casino, buscando el camino más corto para llegar al barco. Las salidas de la cafetería estaban perfectamente operativas, y te metían en un recinto cerrado. Se pudo ver a varios turistas dando vueltas, buscando una salida que no les obligara a saltar la cinta.

La pregunta es inevitable: si la cafetería Copacabana tiene salidas que conducen a una zona encintada por riesgo de caída de ramas, ¿quién controla eso? ¿Quién autoriza que ese paso permanezca abierto? ¿O es que la cinta es solo decorativa, un elemento más del paisaje urbano que nadie se molesta en hacer cumplir? Porque una cosa es que el ciudadano decida saltarse la cinta, y otra muy distinta es que un establecimiento que es una concesión municipal canalice el tránsito hacia un espacio teóricamente clausurado. Ahí no hablamos de imprudencia individual, hablamos de falta de control, de coordinación y, quizá, de responsabilidad.

Monte Alto y Elviña: la geografía de la desidia

Pero en el barrio de Monte Alto, un barrio coruñés de toda la vida, no quisieron ser menos. En este caso, un joven árbol se «tiró» sobre dos coches. El hecho aconteció en la calle Carmen, una calle protegida al aire, no como los jardines, que son espacio abierto. Un árbol joven, supuestamente sano, supuestamente revisado, decidiendo tumbarse sobre dos vehículos. Y un tercer caso con aportación gráfica aparece en Elviña. Tres zonas muy distantes entre sí, lo que descarta un problema puntual de un torbellino o algo similar. Posteriormente aparecieron en Vioño, y el día puede dar para más.

La borrasca que sí tiene nombre

Recordamos: esto no tiene nivel de borrasca. No alcanzó categoría para ser bautizado. No saldrá en los mapas del tiempo con nombre propio. Pero lo que sí parece una borrasca, y de las gordas, es la falta de control de los contratos del ayuntamiento. Esa sí que tiene nombre, apellidos y responsables. Esa sí que deja destrozos, aunque no se vean en las fotos. Y esa, a diferencia del viento, no se va con el frente.

Mientras tanto, los árboles de A Coruña siguen cayendo. Unos por viejos, otros por enfermos, otros por no podados a tiempo. Y todos, quizá, por la misma razón: porque nadie comprobó que la factura del electricista se correspondiera con una lámpara realmente cambiada.

La naturaleza, a veces, tiene un sentido del humor muy coruñés. Y muy irónico.