El gobierno de Inés Rey no escatima en comparaciones a la hora de proyectar una imagen de A Coruña como una ciudad a la altura de las grandes urbes europeas. Sin embargo, estas declaraciones, a menudo grandilocuentes, contrastan con la realidad de una ciudad pequeña que enfrenta dificultades para gestionar proyectos ambiciosos y cumplir con las expectativas generadas.
Comparaciones desmesuradas: ¿marketing o realidad?
Gonzalo Castro, concejal de Turismo y Cultura, ha sido uno de los principales impulsores de esta narrativa. Recientemente, comparó el potencial impacto del Mundial 2030 en A Coruña con el legado que dejaron los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona. Según Castro, el evento supondría «un legado de modernización a nivel de infraestructuras urbanas y deportivas que será decisivo en el desarrollo socioeconómico de nuestra ciudad en las próximas décadas».
Además, el concejal no dudó en situar al Coliseum como «el tercer recinto de España a nivel de programación, solo por detrás del Wizink Center y el Palau Sant Jordi». Estas comparaciones, aunque buscan resaltar los logros de la ciudad, parecen ignorar las evidentes diferencias de escala, presupuesto y capacidad de gestión entre A Coruña y metrópolis como Madrid o Barcelona.
La AESIA: un ejemplo de promesas incumplidas
Uno de los casos más emblemáticos de esta brecha entre las palabras y los hechos es la Agencia Europea de Supervisión de Inteligencia Artificial (AESIA). Presentada como un proyecto que situaría a A Coruña como «la ciudad europea más avanzada en la materia», la AESIA ha acumulado retrasos sucesivos desde su anuncio inicial.
En diciembre de 2022, la alcaldesa Inés Rey aseguró que la agencia estaría funcionando «en el primer semestre de 2023». Sin embargo, esa fecha no se cumplió. En junio de 2024, Rey volvió a anunciar que la AESIA comenzaría a operar «antes de agosto». Ahora, en agosto de 2024, se ha fijado una nueva fecha: el 2 de septiembre.
Estos continuos retrasos no solo generan escepticismo entre la ciudadanía, sino que también ponen en evidencia las dificultades del gobierno local para gestionar proyectos de gran envergadura. Mientras las comparaciones con ciudades como Barcelona o Madrid buscan proyectar una imagen de modernidad y progreso, la realidad parece indicar que A Coruña aún tiene un largo camino por recorrer en términos de capacidad de ejecución.
El desafío de gestionar una ciudad pequeña
A Coruña, con una población de alrededor de 250.000 habitantes, es una ciudad pequeña en comparación con las grandes capitales europeas. Esta condición, lejos de ser un impedimento, debería ser entendida como una oportunidad para desarrollar proyectos adaptados a su escala y necesidades. Sin embargo, el gobierno de Inés Rey parece empeñado en competir en una liga para la que, por ahora, no está preparada.
El caso de la AESIA es un ejemplo claro de esta disyuntiva. Mientras las declaraciones oficiales hablan de convertir a A Coruña en un referente europeo en inteligencia artificial, la realidad es que la ciudad carece de la infraestructura y los recursos necesarios para gestionar un proyecto de tal magnitud.
Entre la ambición y la realidad
Las comparaciones con ciudades como Barcelona o Madrid pueden ser útiles como herramienta de marketing, pero no deben ocultar los desafíos que enfrenta A Coruña como ciudad pequeña. El gobierno de Inés Rey tiene la responsabilidad de equilibrar la ambición con la capacidad de gestión, asegurándose de que los proyectos anunciados no solo sean viables, sino que también beneficien a la ciudadanía.
Mientras tanto, los coruñeses esperan que las grandes promesas no se queden en meras declaraciones y que, finalmente, se traduzcan en avances concretos. Porque, al final, lo que define a una ciudad no son las comparaciones con otras, sino su capacidad para mejorar la vida de quienes la habitan.

