El gobierno local de A Coruña, liderado por la alcaldesa Inés Rey, enfrenta un duro revés tras confirmarse una drástica reducción en los fondos europeos Next Generation EU disponibles para 2025. Mientras que en 2024 el Ayuntamiento estimaba ingresar más de 8 millones de euros, este año apenas contará con 1,2 millones, lo que supone una pérdida de 7 millones.
Esta caída en la financiación pone en riesgo proyectos clave en áreas como la transición ecológica, la digitalización y la cohesión social, pilares fundamentales para el desarrollo de la ciudad.
Fondos Next Generation: ¿qué se queda en el tintero?
Los fondos Next Generation EU están diseñados para impulsar proyectos que promuevan la sostenibilidad, la innovación y la inclusión social. Sin embargo, con apenas 1,2 millones de euros, A Coruña verá limitada su capacidad para abordar desafíos urgentes:
- Transición Ecológica: Iniciativas como la eficiencia energética, las energías renovables y la movilidad sostenible, esenciales para reducir la huella de carbono de la ciudad, podrían quedar en suspenso o avanzar a un ritmo mucho más lento.
- Transformación Digital: La digitalización de servicios públicos y la innovación en sectores como el turismo, clave para la economía local, también se verán afectadas por la falta de recursos.
- Cohesión Social y Territorial: Proyectos de vivienda asequible y revitalización de zonas rurales o urbanas deprimidas, fundamentales para reducir desigualdades, parecen ahora más lejanos que nunca.
El problema de la vivienda: promesas incumplidas y barrios abandonados
Uno de los temas más urgentes en A Coruña es la crisis de vivienda. Según datos del INE, más de 30.000 viviendas están deshabitadas en la ciudad, un lujo que A Coruña no puede permitirse en un contexto de creciente demanda y precios desbordados. Barrios como Agra del Orzán, Os Mallos, Sagrada Familia, Elviña o Monte Alto son testigos del abandono y deterioro de edificios, muchos de los cuales son tapiados para evitar ocupaciones ilegales o simplemente se dejan caer en el olvido.
El Gobierno local ha anunciado en repetidas ocasiones la construcción de 50 viviendas para alquiler, pero esta iniciativa responde a una resolución judicial, no a una política activa del ejecutivo de Inés Rey. En comparación, el Ayuntamiento de Burgos, una ciudad de tamaño similar, ha logrado financiar con fondos europeos un proyecto de 80 viviendas destinadas a jóvenes, lo que pone en evidencia las limitaciones de la gestión coruñesa.
Envejecimiento y accesibilidad: un desafío creciente
El envejecimiento de la población es otro factor que agrava la situación. Muchas viviendas abandonadas no son accesibles para personas con movilidad reducida, lo que obliga a familias a dejar sus hogares en busca de alternativas más adecuadas. La falta de soluciones reales, como la rehabilitación de edificios antiguos, contrasta con la apuesta por grandes urbanizaciones de precios inaccesibles para la mayoría, un modelo que contribuye a la creación de «quetos» (barrios aislados para minorías con alto poder adquisitivo).
Promesas y presupuesto: ¿realidad o ficción?
En medio de este escenario, el concejal de Economía y Proyectos Estratégicos, Lage Tuñas, anunció durante un foro vecinal en Os Mallos una inversión millonaria para la zona, financiada con fondos de otras administraciones. Sin embargo, el presupuesto presentado para 2025 no refleja esta promesa, lo que ha llevado a muchos a cuestionar si se trata de una medida real o simplemente de una declaración electoral más.
El presupuesto municipal, que aumenta el gasto pero reduce los ingresos de otras administraciones, apunta a un aumento de la deuda. Además, el Concello podría enfrentar sanciones y devoluciones a la Administración Europea, lo que agravaría aún más su situación financiera.
La reducción de fondos europeos supone un golpe duro para A Coruña, una ciudad que necesita urgentemente inversiones en sostenibilidad, digitalización y cohesión social. La falta de proyectos concretos y realistas, sumada a la disminución de recursos, deja a la ciudad en una posición delicada frente a desafíos como la crisis de vivienda, el abandono de barrios y el envejecimiento de la población. Mientras otras ciudades avanzan, A Coruña parece quedarse atrás, con promesas que no se materializan y un futuro cada vez más incierto.

