03/06/2026

Una lección de Hockey

Cierto que Carlos Figueroa es el entrenador de hockey más laureado del mundo. Cierto que los doscientos kilómetros los hicieron las coruñesas. Cierto que las jugadoras del Coruña arrastran en sus cabezas la preocupación por la situación crítica del club. Pero ni siquiera todos estos elementos explican el 6-1 que las bercianas le endosaron esta tarde a las coruñesas. En el Bembibre Arena sólo hubo un equipo y un estilo de hockey, el de las jugadoras locales que, sin complejos y con alegría, se lanzaron a por el encuentro desde el primer momento.

Cierto que en los primeros diez minutos el Coruña atacó la meta adversaria y tuvo que afanarse Fernanda Tapia para impedir el gol en varias ocasiones, pero poquito a poco las de Figueroa se fueron adueñando del encuentro, con marcajes serios y una velocidad en ataque que sorprendía a la defensa coruñesa. Y así llegó el primer gol. Un golazo de Claudia Sanjurjo que colocó un chut en la escuadra sorprendiendo a Caretta y a todo el equipo coruñés.

A partir de ahí, la debacle. Sin intensidad defensiva y con un ataque tan previsible como estéril, el Coruña se ha ido convirtiendo en un equipo vulnerable en todas las líneas. Ni siquiera los chuts de Garrote o Laia Juan ni un par de ocasiones que marró a bocajarro Anna Bulló, vuelta a la convocatoria, sirvieron para anotar algún tanto. Bienal contrario, en un despiste defensivo llegó el segundo, con Gisela Vicente rematando el rechace suelto de Caretta que nadie pudo despejar. Y antes del descanso, prácticamente en la última jugada, Sanjurjo conseguía su segundo tanto al irse de Severino y dejar el marcador en un 3-0 incontestable.

La segunda parte fue más de lo mismo. El Coruña subió la defensa y las de Figueroa encontraron todos los cortes posibles para superarla. Primero tras una acción de Garrote en defensa que el árbitro interpretó como penalti convertido por Beatriz Pereiro y luego en una jugada en la que, una vez más, Txell Gimeno dejó en evidencia la defensa coruñesa, el Bembibre colocó el marcador en un 5-0 que hablaba por sí solo. Aún marcaría la portuguesa el sexto en un contraataque en el que Ale Martín no pudopararla y luego un cht lejano de Laia Juan se convertiría en el gol del honor coruñés en una tarde para olvidar.

Un día para pensar y evaluar qué está pasando en este equipo, no ya en las últimas semanas sino desde el inicio de temporada. Con un juego ramplón, con poca velocidad y la impresión de que con este talento algo más se podría hacer. Sólo le queda al equipo coruñés tratar de llevar el final de temporada lo mejor que se pueda, evitando los días sonrojantes como el de hoy y analizando porqué no hay ninguna situación en que el equipo de Stanis Garcia sea superior al resto, no ya a las inalcanzables cuatro primeras, sino a cualquier equipo, incluso a aquellos con menos banquillo, menos calidad en sus jugadoras y menos experiencia. Sería un milagro aspirar a algo en la Copa de la Reina con el juego que se está desplegando en los últimos tiempos pero cuando menos estos meses deben servir para reflexionar sobre los motivos y las posibles soluciones de cara a la próxima temporada.

Trámite para el Liceo

El Liceo tenía ayer un enemigo más complicado que el Caldes, el cansancio. Y la cabeza. Esa que estaba ya pensando en el partido de vuelta frente al Barcelos y la que les decía a los coruñeses que con la distancia que le sacan al Reus, sólo un desastre les apartará del segundo puesto para afrontar los play off. Pero el partido había que jugarlo así que los de Copa tiraron de oficio y del Tato Ferruccio que, en una temporada llena de intermitencias, ayersacó el fondo de armario que le hace ser un jugador desequilibrante. Con todo, la primera parte fue un tiempo para olvidar en el que el equipo se mostraba sin ideas y, lo que es peor, sin tensión. Una tensión que reclamaba Copa a los suyos pero que no era capaz de invocar.

La segunda parte empezó con doble azul, antes de que la bola echase a rodar, para Carballeira y Gelmà seguramente por algún rifirrafe tras un gol -que no fue gol- del Caldes cuando ya la bocina había señalado el final de la primera parte. El partido amenazaba con seguir deambulando por el territorio del tedio pero la segunda azul a Gelmà la convirtió Ferruccio en el primer gol coruñés, a golpe de varita mágica.

Superado ya el meridiano de la segunda parte y cuando en las filas liceistas había vuelto a instalarse la comodidad, una tarjeta a Xaus la aprovechó un junior, MarcZanon, para llevar el empate al marcador y el enfado a Juan Copa. Cinco minutos después el Tato recordó por qué lo habían fichado. Robó en la frontal de su área, cruzó de tres zancadas la pista y dejó un hermoso gol batiendo nuevamente a Arnau Martínez. Aún pudo convertir un tercer gol con la directa tras la décima falta del Caldes, pero esta vez no acertó. Y aún pudo terminar en empate el partido si Serra no hubiera aparecido en tres ocasiones cruciales antes de finalizar el encuentro. En suma, tres puntos y a descansar con los ojos puestos en Barcelos.

Un duele sin amigos

Si alguien pensaba que el derbi coruñés iba a ser de guante blanco o que sería una fiesta de hermanamiento, estaba equivocado. Tensión en la pista y pasión en unas gradas abarrotadas en Elviña. ¡Qué bien suena el hockey cuando el público acompaña! Se trajeron los de Togores el bombo, la hinchada y el recuerdo del padre Alejandro, recientemente fallecido y por quien se guardó un minuto de silencio. Esperaban los de Canosa con el público entregado, fiesta homenaje para la base en el descanso y un pancartón de ánimo para que no cupiese duda alguna.

Y por si las hubiera, nada más empezar el encuentro se despejaron todas con ambos equipos lanzados al ataque y Elio Martínez y Iago López sacando lo mejor de sí mismos para evitar el gol. Tuvo más faena el de Compañía, porque la necesidad empujaba a un Dominicos con más ganas de que juego y al que las urgencias le hacían cometer más errores de los deseados. El juego se fue cargando de chispa y el Negro Liñán empezó a rodar por el suelo. A veces espontáneamente y a veces mediando falta, pero tanto rodó y tanto se quejó que la pareja arbitral optó por no creerle, ni siquiera cuando en dos acciones sucesivas los jugadores de Dominicos lo blocaron con más energía de la necesaria.

Optó Canosa por cambiarlo y sacar la unidad joven, con Mareque y Centoira y poco a poco fue decantando el encuentro. De un fuerte chut de este último nació el primer gol cuando Buruaga dejó la bola, rechazada por Iago López, en el fondo de la red. Le dolió a Dominicos el gol como un mazazo y en los minutos siguientes parecía que Compañía iba a hacerse con el partido sin problemas pero el portero dominico lo impidió.

A dos minutos para el final de la primera parte un encontronazo entre Candamio y Centoira se saldó con tarjetas azules para ambos.Ya le había lanzado, el jugador de Dominicos, dos tarascadas al betanceiro hasta que en una de ellas el joven jugador de Compañía se revolvió y se enfrentó a quien hace años fue su entrenador. Canosa lo sentó de inmediato y ahí parecía morir el asunto pero ante las protestas reiteradas de Candamio el árbitro le enseñó la azul y no debió parecerle justo que se fue al banquillo de Compañía a sacarle otra tarjeta a Centoira -en su caso la primera de la temporada-. Al final del encuentro, por si alguien se había olvidado, Becerra volvió al lío pero en el alboroto posterior se impuso el sentido común.

Con todo, la segunda parte seguía discurriendo sin que Dominicos inquietara demasiado la meta adversaria. Ni siquiera cuando Compañía hizo la décima falta ya que Candamio marró el lanzamiento. De hecho, a un cuarto de hora para el final del partido Soto convirtió el segundo tanto de los, ayer, locales y el pabellón tuvo la impresión que allí moría el asunto. Pero Dominicos siempre tiene diez minutos gloriosos y entre sus defectos no está el de rendirse. El primer clavo se lo entregó en mano Liñán en una acción defensiva en la que vio la tarjeta azul. Miguel López lograba el primer tanto de los de la Ciudad Vieja y la grada volvía a creer.

A partir de ahí la épica explicó el resto. Dominicos se tiró al monte conscientes de que sólo ganar les servía para algo y en dos minutos y medio, una vez más el ex de Alcobendas y luego Villares firmaron la remontada. Ambos se convirtieron ayer en los jugadores determinantes que necesita su equipo. Apenas medio minuto después otro tiro de Vallares rebotó en las piernas de Buruaga para entrar en la portería y sellar un 2-4 que minutos antes parecía impensable. Enfrente, a Compañía le temblaron las piernas y pecó de precipitación, aunque cuando a diez segundos del final Buruaga firmaba el triplete, Togores empleó el tiempo muerto en serenar a los suyos consciente de que no se le dan bien a Dominicos los finales apretados. Pero ayer era el día de la épica y del padre Alejandro. A él dedicaron la victoria. Ahora, a seguir intentando la remontada.

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