¿Estamos preparados para este desafío silencioso?
El avance imparable de la resistencia antimicrobiana pone en jaque a los sistemas sanitarios de todo el mundo, también en España y Galicia. Las bacterias resistentes a los antibióticos están ganando terreno. Las llamadas “superbacterias” no solo desafían los tratamientos médicos actuales, sino que ponen en riesgo los avances logrados en cirugía, oncología y cuidados intensivos.
La resistencia antimicrobiana (RAM) se ha convertido en una de las mayores amenazas para la salud pública a nivel mundial. Aunque parezca un problema lejano, ya está presente en los hospitales de Galicia y del resto de España.
La resistencia antimicrobiana ocurre cuando las bacterias desarrollan la capacidad de resistir los efectos de los medicamentos diseñados para eliminarlas. Esto puede suceder por el uso excesivo o inadecuado de antibióticos, tanto en el ámbito hospitalario como en el comunitario.
Según datos recientes del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Agencia Europea del Medicamento (EMA), cada año mueren más de 35.000 personas en Europa por infecciones resistentes.
En España, el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) alerta de que casi el 50 % de las infecciones hospitalarias ya presentan algún tipo de resistencia. Galicia, aunque mantiene cifras algo inferiores a la media nacional, no está exenta del problema. Especialistas del SERGAS reconocen que los casos de infecciones por Klebsiella pneumoniae o Escherichia coli resistentes a múltiples fármacos están aumentando.
El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), con sede en EE.UU., clasifica la resistencia antimicrobiana como una de las principales amenazas sanitarias urgentes del siglo XXI. La falta de desarrollo de nuevos antibióticos, debido a su baja rentabilidad para la industria farmacéutica, agrava la situación. Muchos de los medicamentos que se utilizan actualmente llevan décadas en el mercado y resultan ineficaces frente a algunas cepas resistentes.
La situación se complica en los entornos hospitalarios, donde los pacientes inmunodeprimidos son especialmente vulnerables. Procedimientos como trasplantes, quimioterapia o cirugías mayores podrían volverse extremadamente arriesgados si no se dispone de antibióticos eficaces. Además, el tiempo de hospitalización se prolonga, los costes se disparan y aumentan los riesgos de mortalidad.
Soluciones urgentes
Entre las soluciones propuestas, destaca la necesidad de reforzar los programas de uso racional de antibióticos, tanto en atención primaria como en hospitales. La formación de los profesionales sanitarios, el control de las prescripciones y la educación de la población son claves. El ECDC también recomienda fomentar la investigación de nuevos antimicrobianos, desarrollar pruebas rápidas de diagnóstico y reforzar los sistemas de vigilancia.
En Galicia, se ha impulsado distintas estrategias para mejorar la prescripción antibiótica, entre ellas la promoción de guías clínicas actualizadas, auditorías internas y campañas formativas para los profesionales sanitarios. Además, se fomenta el trabajo multidisciplinar entre médicos, microbiólogos y farmacéuticos hospitalarios para identificar y frenar el uso inadecuado de antimicrobianos.
A nivel individual, los ciudadanos también pueden contribuir evitando la automedicación, siguiendo siempre las indicaciones médicas y completando los tratamientos prescritos. La concienciación sobre la RAM debe empezar desde la infancia y formar parte de la cultura sanitaria de la población.
La batalla contra las superbacterias no es solo una cuestión científica, sino un desafío colectivo. Estamos ante una amenaza real, silenciosa y progresiva que podría devolvernos a una era preantibiótica. La respuesta debe ser urgente, coordinada y basada en la evidencia. Galicia y el resto de España aún están a tiempo de actuar con firmeza. El enemigo ya está aquí, y no podemos permitirle avanzar más.
Uso inapropiado de antibióticos
Otro aspecto crítico es el uso inapropiado de antibióticos, tanto en hospitales como en el ámbito comunitario. Recetar antibióticos para infecciones virales, como resfriados o gripes, es una práctica aún demasiado habitual. A ello se suma la presión que algunos pacientes ejercen sobre los médicos para obtener prescripciones innecesarias.
Este mal uso no solo acelera la aparición de resistencias, sino que también altera la microbiota del organismo y favorece la aparición de infecciones secundarias como la causada por Clostridioides difficile, potencialmente mortal en personas mayores o inmunodeprimidas.
Desde el punto de vista clínico, la aparición de infecciones resistentes implica una transformación profunda en la forma de abordar patologías comunes. Los pacientes pueden desarrollar sepsis grave por bacterias multirresistentes, especialmente en unidades de cuidados intensivos, donde los márgenes de actuación son mínimos.
Además, algunas infecciones urinarias, respiratorias o intraabdominales que antes eran fáciles de tratar ahora requieren combinaciones de antibióticos más tóxicos, prolongando la estancia hospitalaria y comprometiendo la recuperación del paciente.
Ante este escenario, es fundamental reforzar la concienciación tanto en el ámbito sanitario como en la sociedad civil. Para los profesionales de la salud, se recomienda una actualización constante en el uso adecuado de antibióticos, el cumplimiento estricto de los protocolos de higiene hospitalaria y la notificación sistemática de resistencias emergentes.
Por su parte, la población debe entender que los antibióticos no curan infecciones víricas, que no deben compartirse ni autoadministrarse, y que el cumplimiento del tratamiento prescrito es esencial para evitar recaídas y resistencias.
La lucha contra las superbacterias comienza con cada decisión que tomamos: en la consulta, en casa y en cada receta.

