El Pleno de A Coruña, suspendido hasta las 17:00 horas, evidencia la descomposición interna del gobierno local a poco más de un año de las elecciones
Si alguien albergaba todavía alguna duda sobre la deriva del gobierno de Inés Rey, el Pleno de esta mañana se encargó de disiparlas con la crudeza de un guion mal escrito. La sesión, que debía transitar por los cauces habituales del debate urbanístico, acabó convertida en un sainete de gritos, amenazas y abandonos. Y en el centro del fango, inmutable, la alcaldesa socialista ejerciendo de espectadora de lujo mientras su portavoz y teniente de alcalde, José Manuel Lage Tuñas, llamaba «sinvergüenza» a un concejal de la oposición y le prometía «pintarle la cara».
El detonante, como casi siempre que Lage Tuñas se sienta en el pleno, fue el ya célebre asunto de los «pisitos» de la Avenida del Ejército. Aquel local comercial reconvertido en dos viviendas cuando Lage era responsable de Urbanismo. Un episodio por el que fue el único concejal de la corporación reprobado formalmente, y que él siempre ha defendido como legal. Hasta tal punto llevó su empecinamiento que llegó a denunciar por falsedad documental a los funcionarios municipales. La Fiscalía archivó la denuncia, pero la actitud del edil dejó una pregunta en el aire: ¿cuál es el límite del poder cuando quien lo ejerce confunde la crítica con una afrenta personal?
Hoy, Lage volvió a cruzar esa línea. Fue al replicar al concejal del PP Antonio Deus, quien había aludido precisamente a aquellos pisos particulares del portavoz socialista en el marco de un debate sobre la necesidad de reforzar la disciplina urbanística. Lejos de rebatir con argumentos, Lage optó por el insulto directo y la amenaza física. «Sinvergüenza», espetó, seguido de un explícito «te voy a pintar la cara». Deus, visiblemente indignado, solicitó la palabra para responder. Pero quien sí intervino fue Inés Rey, no para reprender a su concejal —reprobado y denunciante de funcionarios—, sino para aleccionar a Deus por «provocar». La escena, de un surrealismo institucional pasmoso, terminó con el edil popular abandonando el Pleno y la alcaldesa suspendiendo la sesión hasta las cinco de la tarde.
Dos varas de medir
Lo más grave no es el insulto en sí, que también. Lo realmente preocupante es la realidad paralela en la que habita Inés Rey. Mientras el PP exige igualdad de trato y Miguel Lorenzo describe a Lage como un «matón de feria», la regidora se muestra incapaz de ejercer la más mínima autoridad sobre su propio grupo. Deus provoca, según Rey. Lage insulta y amenaza, según Rey, no pasa nada. Las disculpas, por supuesto, no figuran en el guion del portavoz gubernamental.
Este episodio no es una anécdota aislada, sino el síntoma evidente de una falta de control político que se viene arrastrando desde hace meses. La alcaldesa asiste impasible, mientras el Pleno se convierte en un ring donde las formas ceden paso al todo vale. ¿Cómo se puede exigir respeto a la oposición cuando el portavoz del gobierno emplea un lenguaje propio de un tabernero? ¿Qué autoridad moral le queda a Rey para reclamar reforzar la disciplina urbanística si su segundo de abordo fue reprobado por esquivar licencias y denunció a los funcionarios que lo fiscalizaban?
El ambiente que se respira en María Pita es de putrefacción política. A poco más de un año de las elecciones municipales, el PSOE local ofrece la imagen de un barco a la deriva, con una capitana que no gobierna ni a los suyos. Mientras, José Manuel Lage Tuñas sigue campando a sus anchas, insultando desde la tribuna con la seguridad de quien sabe que la alcaldesa nunca le llamará al orden. Hoy ha sido «sinvergüenza» y «te pinto la cara». Mañana, ¿qué?
Inés Rey no controla a sus concejales. Peor aún: ni siquiera lo intenta.

