15/03/2026

Adiós a la brecha urbanística: A Coruña iguala por abajo

El novedoso concepto de «igualación descendente» toma forma en la ciudad con una inversión millonaria para que el centro alcance, por fin, el nivel de deterioro generalizado

En un audaz movimiento de equidad urbanística, el Ayuntamiento de A Coruña ha decidido acabar con décadas de supuesto «privilegio» del centro histórico. El plan, valorado en 8 millones de euros, no pretende arreglar las calles y aceras hundidas de los barrios. ¡Eso sería demasiado obvio! La genialidad reside en el camino inverso: destinar todos esos recursos a que el centro, especialmente zonas ya remodeladas hace poco como la Marina, se ponga a la altura del resto de la ciudad. Es decir, que se deteriore.

La operación, bautizada por las fuentes municipales como «Igualdad de Oportunidades en el Tropezón», se centra en dos pilares. El primero: un hormigonado masivo y la instalación de elementos decorativos de una utilidad tan misteriosa como su estética. El objetivo es claro: eliminar cualquier rastro de superioridad peatonal o visual que el centro pudiera albergar.

«Es una cuestión de justicia social», explica irónicamente un vecino de Monte Alto mientras esquiva un socavón. «¿Por qué yo debo mirar al suelo para no romperme un tobillo en mi calle, y un señor del Centro paseaba por aceras decentes? Ahora, todos compartiremos la emoción de la incertidumbre al caminar. Es un proyecto integrador».

El segundo pilar es puramente económico. ¿Para qué invertir en arreglar decenas de calles en barrios cuando puedes concentrar el gasto en una sola zona ya intervenida? La Marina, que fue remodelada hace apenas un par de años durante la pandemia, vuelve a ser abierta para lograr su «nivelación definitiva». Los vecinos del resto de la ciudad pueden sentirse aliviados: sus aceras rotas y sus pasos de peatones borrados no serán una prioridad, sino el modelo a replicar en el corazón de la urbe.

Las críticas, como es lógico en mentes poco visionarias, no se han hecho esperar. Algunos se quejan de que es un dispendio. Otros señalan que los nuevos elementos urbanos, más allá de su dudosa belleza, parecen diseñados para chocar con ellos de noche. Y los más osados preguntan: «¿Y si los 8 millones se hubieran usado para arreglar de verdad los barrios?».

Pero esa es una visión miope. La grandeza de este proyecto reside en su profundidad filosófica. No se trata de mejorar, sino de igualar. Y si la igualdad es hacia abajo, bienvenida sea. Al fin y al cabo, ¿qué es un gobierno local sino un gran igualador? Aunque sea igualando en el bache, en la losa suelta y en el gasto questionable.

La próxima vez que un ciudadano de cualquier barrio se tuerza un pie, podrá consolarse pensando que, en el centro, alguien está a punto de vivir la misma experiencia. Eso, amigos, es progreso en su más pura y… irónica expresión.

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