El campus de Elviña y A Zapateira continúa dependiendo casi exclusivamente del coche o del bus urbano. Ocho años después de las primeras promesas de ampliación de líneas, la saturación persiste y las alternativas siguen en el aire.
La movilidad hacia la Universidade da Coruña (UDC) vuelve a estar en el centro del debate. En las últimas semanas se han repetido escenas de colas interminables en las paradas del bus urbano con destino al campus y decenas de estudiantes quedándose en tierra ante la imposibilidad de subir a vehículos ya saturados.
La realidad es clara: para llegar a las facultades de Elviña y A Zapateira, las opciones reales siguen siendo dos —coche o bus—. Y para muchos jóvenes de 18 años recién llegados a la universidad, el coche no es una alternativa viable.
Un bus urbano claramente saturado
Las líneas que conectan el centro urbano con el campus soportan una presión creciente en horas punta. La demanda supera con frecuencia la capacidad disponible y el problema no es nuevo.
Estudiantes consultados relatan esperas prolongadas, vehículos completos que no admiten más pasajeros y retrasos que afectan a la puntualidad académica.
La saturación no es anecdótica. Es estructural.
La promesa de las bases de BiciCoruña
En enero de 2024 se anunció que el campus de Elviña y A Zapateira contaría con tres nuevas bases de BiciCoruña. La medida se presentó como parte de una estrategia para mejorar la movilidad sostenible hacia la universidad.
Sin embargo, dos años después, el debate ha dado un giro inesperado. Desde la oposición se ha reclamado la instalación efectiva de estas bases en el entorno universitario, mientras que desde el gobierno municipal se ha puesto en duda su efectividad real, argumentando que podrían no prestar un servicio eficiente.

La pregunta es inevitable: si no son una solución efectiva, ¿por qué se anunciaron como parte de la estrategia de movilidad?
Y aún más relevante: ¿puede realmente la bicicleta resolver el acceso a un campus situado en altura como A Zapateira, con pendientes pronunciadas y distancias considerables desde el centro urbano?
Ocho años de promesas sobre el transporte
El debate actual no puede entenderse sin retroceder a 2018. Entonces se prometió una modificación y ampliación de las líneas de bus para mejorar la conexión con la universidad.
Han pasado ocho años.
La ciudad se encuentra ahora a la espera de un nuevo contrato del servicio de transporte urbano que no entrará en vigor hasta mediados de 2027.
Es decir, la solución estructural a la saturación del bus podría retrasarse casi una década desde su primera promesa.
Mientras tanto, los estudiantes siguen dependiendo de un sistema que ya demuestra síntomas de insuficiencia.
¿Parche o planificación?
El problema de la movilidad en la UDC no es solo una cuestión de frecuencia de buses o de instalar estaciones de bicicleta pública. Es una cuestión de planificación urbana.
El campus concentra a miles de estudiantes cada día. Es uno de los principales polos de actividad de la ciudad. Sin embargo, su acceso sigue dependiendo de una infraestructura limitada.
Si la bicicleta no es suficiente, si el bus está saturado y si el coche no es opción para buena parte del alumnado, la pregunta que emerge es evidente:
¿Existe realmente un plan integral para la movilidad universitaria?
Una cuestión que afecta a toda la ciudad
La movilidad hacia el campus no es un problema exclusivamente estudiantil. También impacta en:
- Profesores y personal administrativo.
- Empresas vinculadas al entorno universitario.
- Tráfico en accesos como Alfonso Molina.
- Emisiones y sostenibilidad urbana.
Cada estudiante que no encuentra plaza en el bus es un usuario potencial que puede terminar recurriendo al vehículo privado cuando tenga posibilidad, incrementando la presión sobre la red viaria.
El debate está servido
El anuncio de bases de BiciCoruña, las dudas sobre su efectividad y el retraso en la reforma estructural del transporte plantean una cuestión de fondo:
¿Se están aplicando soluciones estructurales o medidas de imagen?
La movilidad universitaria exige planificación a medio y largo plazo. No puede depender únicamente de ajustes puntuales ni de anuncios que luego se cuestionan.
Mientras el nuevo contrato del bus se proyecta hacia 2027, la realidad diaria es otra: colas en las paradas, estudiantes esperando y un campus que sigue sin alternativas claras.

