03/02/2026

De los audios a las fajas: la transformadora campaña de imagen de una alcaldesa que solo ajusta su ropa interior

Parece que el último lifehack para la gestión municipal nos llega, cómo no, de la sección de lencería de Primark. La alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, ha descubierto un prodigio de la ingeniería textil: la bragafaja que «no pierde la forma». Una revelación oportuna, quizás, para alguien cuya forma política parece más inestable que un castillo de naipes en un temporal.

Tras el bochornoso episodio de los audios en los que despotricaba contra sus compañeros, a la regidora le ha urgido humanizarse. Y qué mejor manera que compartiendo sus secretos íntimos de compresión con la ciudadanía. El problema, señora alcaldesa, es que mientras esa faja mantiene su firmeza, usted pierde las formas con una facilidad pasmosa. Y no es la única cosa que se deforma bajo su mandato.

Tomemos el ejemplo del Poblado de María Pita. Una contratación chapuza (término técnico-administrativo) que ha llevado a que el electricista cortara la luz por impago y los puestos se vacíen. El poblado navideño pierde su forma, su encanto y, de paso, el dinero público. Pero tranquilos: seguro que el responsable del dislate se pondrá la faja que usted recomienda… para no perder su forma (de puesto, se entiende). Usted, mientras, quizás perdió otra vez las formas al aprobar el proyecto.

La alcaldesa, generosa, podría extender su recomendación a otros ámbitos. ¿Esos conductores atascados en interminables embotellamientos y buscando desesperadamente aparcamiento? Una buena faja, y no perderían las formas al volante. Problema vial resuelto. Revolucionario.

Sin embargo, los datos de eficacia de la prenda son contradictorios. Por ejemplo, es evidente que no la llevaba puesta (o le quedaba grande) el día del último pleno, cuando anunció una denuncia contra el líder de la oposición por denunciar casos de acoso. La forma correcta en esos casos suele ser la mesura institucional, no la escalada judicial por susceptibilidad.

Tampoco debía usarla el día que encabezó un manifiesto contra su propio secretario general, Besteiro. En la lista, los firmantes aparecían por orden alfabético. La primera, oh, casualidad, era Inés Rey. Hasta el alfabeto se deformó por no seguir las instrucciones de su propia faja correctora. Un milagro, pero al revés.

Y desde luego, la prenda falló estrepitosamente en la elaboración de los Presupuestos 2026. Otros 40 millones de deuda nueva que, sin hacer a A Coruña la más endeudada de Galicia (ese dudoso honor ya lo tiene), la acercan a los 200 millones. Eso no es perder la forma; eso es deformar la realidad económica hasta extremos grotescos.

Siguiendo su lógica, pronto veremos a la alcaldesa aconsejando fajas a los trabajadores de Deportes a los que no se les paga el salario. «Prueben esta talla L, les comprimirá las penurias». Dudamos que les solucione el agujero en la cuenta bancaria.

Hay, no obstante, momentos en los que quizás sí la usa, pero en una talla tan pequeña que la inmoviliza. Véase si no la situación en Cuatro Caminos y Os Mallos, con vecinos sufriendo robos continuos en locales y coches. Una forma de caminar hasta el problema y actuar con contundencia brillaría por su ausencia.

Los únicos que parecen haber hecho caso a sus consejos son los miembros del BNG, indeformables hasta la parálisis en el pleno, alcanzando un silencio sepulcral. Quizás se han pasado con la talla y les ha quedado demasiado ajustada, congelándoles hasta el discurso.

Las respuestas a su vídeo-humanizador en redes son claras: puede que ganara un punto en cercanía, pero perdió varios enteros en credibilidad como lideresa. La ciudad necesita soluciones firmes, no recomendaciones de ropa interior.

En definitiva, tal vez la alcaldesa Rey debería cambiar de marca de faja. O mejor aún, dejar de buscar soluciones de talla única (y de rebajas) para problemas de talla XL. Porque lo que está perdiendo, a marchas forzadas, no es la forma física, sino las formas democráticas, la forma de gestionar con eficacia y la forma de mantener la dignidad de su cargo. Y para eso, señora alcaldesa, no hay faja en Primark que valga.

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