El icónico elevador coruñés acumula gastos de electricidad, seguros y personal pese a llevar años sin prestar servicio
El ascensor del Monte de San Pedro, una de las atracciones más reconocibles del skyline coruñés, dejó de funcionar en 2022 a causa de una avería mecánica. Desde entonces, el recinto permanece cerrado al público. Sin embargo, las obligaciones económicas asociadas a la instalación no se han detenido: las facturas eléctricas siguen superando los 400 euros mensuales, se continúa abonando un seguro de viajeros y, lo más llamativo, se mantienen pagos salariales pese a que el recinto no opera.
Inaugurado en 2007 con una inversión cercana a los 3,8 millones de euros, el elevador se convirtió pronto en un reclamo turístico de primer nivel. Pero su vida útil ha llegado a su fin: el Ayuntamiento ha reconocido que la instalación no cumple la normativa de seguridad vigente y que su reparación resulta inviable. No fue hasta 2026 cuando el gobierno local asumió formalmente la gestión del espacio y aprobó su conversión en mirador.
El problema es el periodo intermedio. Durante estos años de inactividad, el Consistorio ha seguido haciendo frente a una serie de costes fijos difícilmente justificables ante el contribuyente: suministro eléctrico de una instalación que no se usa, pólizas de seguro para usuarios inexistentes y nóminas de personal adscrito a un servicio clausurado. Una paradoja administrativa que convierte el ascensor en una suerte de «agujero negro» presupuestario: un hierro abandonado junto al mar que, sin embargo, sigue pasando factura.
Mientras tanto, la estructura aguarda su transformación en mirador, un proyecto que pretende dar una segunda vida a un espacio que, hasta hace no tanto, ofrecía unas vistas privilegiadas de la ciudad y del Atlántico.

