29/09/2026

El colapso silencioso del transporte público: Lugo y A Coruña, unidos por la autovía pero desconectados por la falta de buses

La saturación de las líneas de autobús entre Lugo y A Coruña deja a decenas de pasajeros en tierra cada semana. Mientras Ferrol clama en las calles por su tren, la conexión entre las dos capitales de provicia gallegas se convierte en una odisea que se cronifica sin que las administraciones muevan ficha.

Existe una realidad paralela en Galicia que no entiende de inauguraciones ni de promesas de alta velocidad. Mientras la ciudad de Ferrol ha tomado la calle con razón para exigir una conexión ferroviaria del siglo XXI, otra crisis silenciosa pero igualmente asfixiante se está gestando en el eje Lugo-A Coruña. Dos ciudades unidas por una autovía moderna, pero condenadas a un servicio de transporte público que se desborda todos los días, y en especial cada fin de semana.

No es una novedad, ni se trata de un incidente aislado provocado por la meteorología o una avería puntual. Esta redacción puede constatar que el problema viene produciéndose, como mínimo, desde hace un año. Y lo que es más grave: sigue sin respuesta institucional y, lo que es peor, sin refuerzo en el servicio.

El cuello de botella de los domingos

La estación de autobuses de Lugo se convierte cada domingo por la tarde en un reflejo de la dejadez administrativa. Los autobuses salen a su hora, sí, pero dejan en los andenes a una media de 40 personas. Una cifra que, por sí sola, llenaría otro vehículo completo. El goteo de pasajeros es constante: quienes no logran subir al autobús de las 18:00 tienen que esperar al de las 19:00, y así sucesivamente. Sin embargo, para los que intentan coger el último bus de la jornada, la incertidumbre es total: se arriesgan a quedarse en tierra, atrapados en una ciudad que no es su destino.

Este drama no es exclusivo de la capital lucense. En sentido inverso, en A Coruña, la situación es idéntica. La demanda supera con creces una oferta que parece anclada en el pasado. La paradoja es evidente: se ha invertido en una autovía para unir ambos puntos en menos de una hora y media, pero no se ha invertido en los vehículos necesarios para transportar a los ciudadanos que quieren hacer ese trayecto.

Un tren del siglo XX para una demanda del XXI

Para entender la magnitud del problema, hay que mirar a la vía férrea. A Coruña y Lugo siguen conectadas por tren de una forma similar a la que existía en el siglo XX. La lentitud y la falta de frecuencias convierten al ferrocarril en una opción poco competitiva para el viajero habitual. Por lo tanto, la conexión por bus no es un complemento: es imprescindible.

Sin embargo, el sistema de autobuses está lejos de ser una alternativa digna. En ese corredor conviven dos servicios: el directo por autovía y el que transita por carretera convencional, conectando los distintos pueblos de la comarca. Aquí surge un segundo problema, quizás más cruel para los vecinos del rural: al llenarse el autobús en la estación de Lugo, este no realiza parada en algunas localidades intermedias. Los vecinos que esperan en sus pueblos ven pasar el vehículo de largo, dejándolos en tierra sin previo aviso, o ni siquiera lo ven pasar.

La falta de información: el agravante de la indefensión

Si la falta de plazas es un problema grave, la falta de información que reciben los pasajeros que quedan en tierra es algo preocupante y serio. No hay paneles que anuncien refuerzos, no hay personal que explique la situación ni protocolos claros para los afectados. El usuario se encuentra solo, con un billete en la mano para pagar y sin saber si podrá llegar a su destino o si tendrá que buscar un costoso taxi o un alojamiento de emergencia.

Mientras Ferrol grita por un tren digno, Lugo y A Coruña susurran (o quizás ya gritan) por un autobús que no les deje atrás. La conexión entre las dos ciudades más importantes de la provincia no puede depender de la suerte de llegar diez minutos antes o de la buena voluntad de un conductor. Es hora de que las administraciones competentes dejen de mirar hacia otro lado y refuercen una línea que, hoy por hoy, es la única arteria real que conecta a los lucenses con A Coruña, y en sentido contratio.