Resulta que la física, esa ciencia tan tozuda, dicta que en el hemisferio norte todo se desvía hacia la derecha. Los huracanes giran en sentido antihorario, las corrientes oceánicas se curvan obedientes y hasta el agua del inodoro—cuando hay suficiente—sigue la norma. Pero en Cambre, queridos lectores, la naturaleza ha decidido firmar un convenio colectivo con la política local y el efecto Coriolis se ha vuelto personalista.
Porque si en la Comunidad de Madrid, Ayuso se defiende de las denuncias hacia su pareja, y en Moncloa Pedro Sanchez hace algo similar de varias denuncias que salpicas a su mujer, hermano, expresidente y ex secretarios de organización, en Cambre sucede lo contrario: aquí el gobierno municipal, cual torbellino tropical pero en versión de bolsillo, gira en sentido horario hacia los juzgados… pero no para defenderse, sino para denunciar a quienes ni siquiera gobiernan.
Todo comenzó cuando una habilitada nacional—esas figuras mágicas que deberían velar por la legalidad—presentó una denuncia contra el exalcalde Óscar Patiño, en aquel momento aun alcalde. La fiscalía, en un alarde de sentido común (que ya es raro), propuso el sobreseimiento. Pero entonces llegó Diana Piñeiro a la alcaldía y, en lugar de celebrarlo, decidió que el expediente era una herencia tan valiosa como el testamento de un tío rico. Y así, con dinero municipal (porque sí, el contribuyente paga la fiesta), el gobierno local mantuvo vivo el proceso como si fuera un rosal en diciembre.
Ahora, la jueza—esa señora que para esto estudió oposiciones—también ha dicho que no hay delito. Pero la alcaldesa, imperturbable, anuncia recurso. ¿El objetivo? Seguir denunciando a ciudadanos que no tienen cargo político, que no cobran del erario y que, sospechosamente, parecen importarle más a la regidora que el propio desagüe de su despacho.
Aquí, el efecto Coriolis se ha vuelto localista: la desviación no es hacia la derecha ni hacia la izquierda, sino hacia el juzgado. Y mientras en el resto del planeta los vientos se curvan por la rotación terrestre, en Cambre las denuncias se curvan por la rotación del gobierno.
La pregunta es obvia: ¿Se ha vuelto loca la física? ¿O es que en Cambre han descubierto una quinta fuerza fundamental, más poderosa que la gravedad, llamada «efecto Piñeiro», que hace que la acusación se desvíe siempre hacia el bolsillo del contribuyente?
Porque lo curioso no es que un gobierno denuncie—eso es tan común como el agua mojada—, sino que lo haga contra quien no tiene poder, gastando fondos públicos en procesos que la fiscalía y la jueza consideran papel mojado. Mientras, en el resto de España, los políticos se defienden de denuncias; aquí, las denuncias se defienden de los políticos.
Así que ya saben, si algún día visitan Cambre y ven un remolino en el río Mero, no lo atribuyan al Coriolis: probablemente sea el expediente judicial de turno, dando vueltas sin rumbo, mientras el gobierno local insiste en demostrar que, al menos en esto, son únicos en el hemisferio norte.
Y el agua del inodoro, mientras tanto, sigue girando en sentido antihorario. Por ahora. Porque en Cambre, hasta la física está en campaña electoral.

