19/09/2026

Frente común PSOE-BNG en vivienda a costa de la Xunta

Inés Rey se desplaza a Santiago para escenificar con Goretti Sanmartín una alianza que reclama 5,1 millones a Galicia, mientras su propio balance municipal en vivienda en 2025 es  inexistente

Una alcaldesa que en 2025 no invirtió prácticamente nada en vivienda ahora crea con gran despliegue un grupo de trabajo sobre vivienda y reclama gestionar 5,1 millones de euros. Esto se parece más a una actuación política de ciclo electoral que a una política seria de vivienda. El «gesto» de Inés Rey desplazándose desde A Coruña hasta Santiago revela, precisamente, a una alcaldesa que, incapaz de actuar en su propia ciudad, necesita un escenario externo para reconstruir su relato.

Una «política de gestos» cuidadosamente empaquetada

El 18 de septiembre de 2026, la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, hizo algo que a primera vista parece inhabitual: no esperó a que Goretti Sanmartín viniera a su ciudad, sino que se desplazó personalmente hasta Santiago de Compostela, al Pazo de Raxoi —sede del Ayuntamiento de Santiago—, para reunirse con su homóloga. En la política municipal española, los encuentros entre alcaldes suelen celebrarse en un lugar neutral o en el ayuntamiento más importante. Que Rey se desplace al «terreno» de la otra alcaldesa transmite, en apariencia, un mensaje de importancia del tema y de sinceridad en la cooperación.

Pero si examinamos el contenido sustantivo de la reunión, el valor real de ese «gesto» se diluye considerablemente.

El «acuerdo» alcanzado por las dos alcaldesas incluye: crear un grupo de trabajo sobre vivienda, reclamar conjuntamente a la Xunta la transferencia de los 5,1 millones de euros de fondos estatales, y pedir al Ministerio de Vivienda que garantice que el dinero llegue a ambas ciudades. Estas demandas no son nuevas: no son más que un reempaquetado, como «acción conjunta», de posiciones públicas que ya existían desde hace tiempo. Los aproximadamente 60 kilómetros que separan A Coruña de Santiago recorridos por Rey se convierten así en una narrativa visual cuidadosamente coreografiada: mirad, nos tomamos en serio la vivienda.

Una alcaldesa sin historial real de inversión hablando de «experiencia»

Tras la reunión, Rey pronunció esta frase: » Se somos os concellos os que temos que executar os plans e avaliar os seus resultados, necesitamos contar con todos os datos para poder facelo con rigor.»

La frase, en sí misma, no es incorrecta. Pero puesta en boca de una alcaldesa que en 2025 tuvo una inversión prácticamente nula en el ámbito de la vivienda, constituye un desajuste casi irónico. Una responsable administrativa que no gasto fondos sustanciales para vivienda en el presupuesto de su propia ciudad ahora exige disponer de «todos los datos» necesarios para una «evaluación rigurosa». ¿Evaluar qué? ¿Los «resultados» de un plan que nunca invirtió recursos reales en ejecutar?

Según diversas fuentes, la inversión del Ayuntamiento de A Coruña en vivienda en 2025 fue «prácticamente nula». Esto significa que, cuando Rey habla de «intercambio de experiencias», la lista de experiencias que lleva a la mesa es probablemente mucho más corta de lo que sugiere. Santiago al menos ha vivido una subida vertiginosa de precios (un 21% interanual en el primer trimestre de 2026), lo que «demuestra» en cierta medida la tensión del mercado. El caso de A Coruña es más delicado: la ciudad fue declarada zona de mercado residencial tensionado, pero a nivel municipal apenas se adoptaron medidas de inversión complementarias para hacer frente a esa situación.

La Xunta ciertamente pone obstáculos, pero esa no es toda la historia

Ambas alcaldesas recurren repetidamente al término «boicot» para describir la actitud de la Xunta. Sanmartín llegó a emplear palabras como «indecente». El PP, por su parte, respondió que estas acusaciones buscan un «chivo expiatorio externo» para los «fracasos» propios.

La verdad probablemente esté en un punto intermedio. La Xunta ha mostrado efectivamente una actitud ambigua, de «no colaborar pero tampoco rechazar claramente»: acepta las declaraciones de zonas tensionadas, pero no participa activamente en el diseño de las medidas municipales; en materia de fondos, primero insinuó que quizá no se destinarían específicamente a las dos ciudades y luego cambió de postura. Esa actitud merece críticas.

Pero la conveniencia del relato del «boicot» radica en que ofrece un marco explicativo perfecto para la inacción municipal. Si todos los problemas se atribuyen a la falta de colaboración de la Xunta, las alcaldesas no necesitan explicar por qué, dentro de sus propias competencias —política local de vivienda, gestión del suelo urbano, regulación de los pisos turísticos—, su actuación ha sido tan limitada. La inversión de Rey en vivienda en 2025 fue prácticamente nula, y ese hecho no puede encuadrarse en la categoría de «boicot de la Xunta». Es el resultado de una decisión municipal.

El cronómetro del ciclo electoral

Una frase de la propia Rey delata la situación. Afirmó que «no quiere malinterpretar» si la Xunta, en un «año electoral», está dejando fracasar deliberadamente estas medidas para perjudicar la reputación de estas alcaldesas. La sutileza de la frase estriba en que, en apariencia, niega la malinterpretación, pero en la práctica introduce el marco del «año electoral» en la discusión.

Una vez aceptado el marco del «año electoral», la verdadera función de esta reunión se vuelve clara. A pocos meses de las elecciones, dos alcaldesas de partidos distintos (Rey del PSOE, Sanmartín del BNG) exhiben una «cooperación transversal», enviando a los votantes el mensaje de que ellas trabajan seriamente mientras el otro bando (la Xunta/PP) lo obstaculiza.

Ese relato beneficia a ambas partes. Para Rey, el viaje a Santiago y la declaración conjunta compensan parcialmente el vacío de su propio historial de inversión en vivienda. Para Sanmartín, la alianza con A Coruña refuerza su imagen de liderazgo «frente a la Xunta». Que los 5,1 millones lleguen finalmente a los ayuntamientos y se destinen a medidas reales de vivienda es una cuestión que habrá que abordar cuando se apruebe el Decreto que se vende antes de estar aprobado por el Consejo de Ministros.

El precio del gesto

En política, por supuesto, los gestos son necesarios. Un gesto puede transmitir señales, construir alianzas, ejercer presión. Pero cuando el gesto sustituye a la sustancia, cuando la creación de un «grupo de trabajo» se convierte en una noticia más importante que el problema que ese grupo deberá abordar, la lógica de asignación de los recursos públicos se distorsiona.

Los 60 kilómetros que separan A Coruña de Santiago recorridos por Rey podrían considerarse, en un contexto en el que la alcaldesa tuviera un historial creíble de inversión en vivienda, en el que la Xunta rechazara claramente transferir los fondos y en el que el ciclo electoral estuviera aún lejos, una acción política significativa. Pero en la situación actual —inversión municipal nula,  elecciones próximas—, ese viaje se parece más a una actuación diseñada para las cámaras que a una política diseñada para los ciudadanos.

El problema de la vivienda en A Coruña no se resolverá porque su alcaldesa haya hecho un viaje en coche a Santiago. Lo que se necesita son presupuestos, aplicación normativa y voluntad política, nada de lo cual aparece en las notas de prensa.