Bajas y expedientes, la fórmula para el éxito
Valentín González Formoso, presidente de la Diputación de A Coruña, parece estar logrando uno de los objetivos clave de su liderazgo en el PSdeG: unir a la militancia en torno a José Ramón Gómez Besteiro. Sin embargo, este avance se produce en un contexto de creciente debilidad organizativa, con importantes pérdidas de militancia, baja capacidad de movilización y resultados electorales que reflejan la crisis del socialismo gallego.
Bajas masivas en las agrupaciones locales
La unidad que González Formoso busca consolidar se ve facilitada, paradójicamente, por la reducción de la militancia activa en el PSdeG. En la agrupación de A Coruña, se han registrado más de 40 bajas oficiales, aunque algunas fuentes señalan que la cifra podría ser significativamente mayor. Este descenso, lejos de ser un fenómeno aislado, refleja un problema estructural que afecta también a otras ciudades clave como Santiago de Compostela.
En la capital gallega, la situación es aún más tensa. A las bajas se suman los expedientes disciplinarios abiertos contra militantes, algunos de los cuales ostentan cargos en el pleno municipal. Estas medidas han generado divisiones internas que complican la cohesión del partido, mientras la pérdida de militantes reduce la capacidad del PSdeG para conectar con las bases sociales.
Un poder institucional que no moviliza
Resulta sorprendente que este fenómeno de desmovilización se produzca en A Coruña, donde el partido cuenta con el control del gobierno local y el respaldo del Ejecutivo central. Históricamente, el acceso al poder ha servido como catalizador para la captación de nuevos militantes y el fortalecimiento de las agrupaciones. Sin embargo, el PSdeG parece estar viviendo una excepción a esta regla, con una estructura local que muestra señales de desgaste y una capacidad de convocatoria que ha caído a niveles preocupantes.
Un ejemplo de esta debilidad quedó en evidencia durante la última asamblea general de la agrupación de A Coruña, donde el número de asistentes fue inferior al de los miembros de la ejecutiva local, órgano encargado de dirigir la agrupación. Este dato ilustra la desconexión entre la dirección del partido y su base, así como la falta de entusiasmo entre los militantes.
Resultados electorales y crisis de liderazgo
La debilidad organizativa del PSdeG se agrava con los resultados electorales adversos obtenidos en los últimos procesos. La pérdida de votos ha sido constante, lo que ha reducido la capacidad del partido para ser competitivo frente a sus principales rivales, el Partido Popular y el Bloque Nacionalista Galego. Esta tendencia ha alimentado la desmotivación entre la militancia, al tiempo que ha puesto en entredicho el liderazgo del partido y su estrategia política.
Un enemigo inesperado: Vox
En este contexto, González Formoso ha optado por centrar su discurso en la necesidad de frenar el avance de Vox. Sin embargo, esta estrategia resulta desconcertante, dado que la formación de extrema derecha tiene una presencia residual en Galicia. Vox no cuenta con representación en el Congreso ni en el Parlamento gallego, y su único logro electoral en la comunidad ha sido un concejal en el pequeño municipio de Avión.
Esta elección de adversario ha generado críticas y perplejidad, ya que podría interpretarse como una táctica para desviar la atención de los problemas internos del PSdeG y de su incapacidad para enfrentar a rivales más consolidados como el PP y el BNG. Además, al posicionar a Vox como su principal enemigo, el PSdeG corre el riesgo de minimizar su discurso frente a las verdaderas fuerzas políticas que disputan el espacio electoral gallego.
La paradoja de la unidad en la debilidad
El avance hacia la unidad que González Formoso parece estar logrando es, en realidad, un síntoma de la fragilidad interna del PSdeG. Con una militancia reducida y menos voces disidentes, la cohesión interna se hace más sencilla, pero a un alto coste: la pérdida de relevancia política y organizativa. La reducción de militantes, la baja capacidad de movilización y la falta de renovación estratégica plantean serios desafíos para el futuro del partido.
Conclusión: reconstruir desde la base
La unidad que González Formoso promueve será insuficiente si no se acompaña de un proceso profundo de renovación interna. El PSdeG necesita recuperar la confianza de su militancia, fortalecer sus agrupaciones locales y replantear su estrategia política para volver a conectar con el electorado gallego. Solo así podrá revertir la tendencia de debilitamiento que hoy lo coloca en una posición de vulnerabilidad frente a sus rivales. La tarea no será sencilla, pero es imprescindible para garantizar la supervivencia y la relevancia del socialismo gallego en el panorama político de la comunidad.

