Lo que deberían ser símbolos de convivencia y representación institucional se han convertido en el epicentro de una agria polémica en la Universidad de A Coruña (UDC). Un conflicto que enfrenta la libertad de expresión con el deber de neutralidad, la solidaridad internacional con el respeto a los símbolos nacionales, y que ha dejado un reguero de declaraciones cruzadas y actos vandálicos. En el centro del debate: el papel de la institución académica en los asuntos políticos.
La Bandera Española: ¿Oculta o Suprimida?
La chispa que encendió la mecha fue la ausencia de la bandera española en el mástil del rectorado. Para el portavoz del Grupo Popular, Alberto Pazos, no se trata de un despiste, sino de una acción «premeditada, que busca la confrontación». En declaraciones recogidas el 31 de octubre, Pazos tildó la situación de «inadmisible e intolerable», acusando a la máxima representación de la UDC de cometer un «grave ataque al respeto institucional» y de realizar una «utilización parcial y partidista» de un espacio que debe representar a todos.
La postura del PP es clara: la universidad, como institución pública, tiene la obligación de exhibir los símbolos que representan a la totalidad de la ciudadanía. Ocultar uno, en este caso la enseña nacional, supone una afrenta a un «compromiso institucional» no escrito y un guiño político innecesario. Pazos apeló al «sentido común» y a la «cordura» para rectificar, especialmente recordando que una institución con «13 millones de euros en deudas» no debería buscar «conflictos nuevos».
Desde la universidad, la decisión de no izar la bandera –si es que existe una decisión formal– no ha sido explicada públicamente con claridad, lo que alimenta la interpretación política y la crítica sobre si se ha priorizado un mensaje partidista sobre la neutralidad que se le supone a la academia.
La Bandera Palestina y el Acto Vandálico: Solidaridad bajo Ataque
Si por un lado se critica la supresión de un símbolo, por el otro se denuncia el ataque a otro. La UDC confirmó que la bandera palestina que ondea en el rectorado fue objeto de un acto vandálico el pasado viernes. Este hecho introduce un matiz crucial en el debate: la confrontación ha traspasado lo dialéctico para convertirse en un acto de destrucción.
La presencia de la bandera palestina es, en sí misma, una declaración de posicionamiento político. Para sus defensores, es un gesto legítimo de solidaridad con una población que sufre, un acto de conciencia social que se espera de una institución formadora de ciudadanos críticos. Para sus detractores, es una toma de partido en un conflicto internacional complejo, que rompe la neutralidad y genera divisiones.
El Dilema de Fondo: ¿Cuál es el Rol de la Universidad?
El meollo del debate no es solo qué banderas ondean, sino si la universidad debe «meterse» en asuntos políticos como el conflicto palestino-israelí.
- A favor de la postura: Quienes defienden esta implicación argumentan que la universidad no es una torre de marfil, sino un actor social con la obligación moral de posicionarse frente a las injusticias. Fomentar el pensamiento crítico incluye, también, tomar partido por causas que se alinean con los derechos humanos. Pero en este caso es una decisión del rectorado, no de la masa de profesorado y estudiantes.
- En contra de la postura: Los críticos sostienen que la función primaria de la universidad es la docencia y la investigación, y que adoptar posturas políticas concretas fractura la comunidad universitaria, crea un ambiente de parcialidad y desvirtúa su misión. Su deber, argumentan, es proporcionar un marco neutral para el debate, no decantarse por una de las partes. Y mantener el papel institucional.
Un paisaje simbólico polarizado
En el campus de la UDC, el paisaje simbólico lo dice todo: mientras las banderas española y palestina son objeto de encarnizada disputa, las banderas gallegas y la propia bandera de la UDC permanecen impasibles, como testigos silenciosos de una batalla que trasciende lo simbólico.
La «guerra de banderas» es en realidad la punta de lanza de un debate más profundo sobre la identidad y el papel de la institución universitaria en el siglo XXI. ¿Debe ser un espejo neutral de la sociedad o un faro que la guíe, incluso si eso implica navegar por aguas políticas turbulentas? La rectificación que pide el PP y la condena al vandalismo que exige la comunidad universitaria son dos caras de la misma moneda: la búsqueda, quizás utópica, de un equilibrio entre la expresión de principios y la preservación de un espacio común de respeto para todos. Mientras no se resuelva esta cuestión de fondo, las astas de los mástiles seguirán siendo un campo de batalla.

