El Mundial 2030 de A Coruña: patrocinios fantasma y viajes a ferias con fondos públicos
En mayo de 2025, mientras A Coruña afrontaba los desafíos cotidianos de cualquier municipio, dos concejales del gobierno de la alcaldesa Inés Rey (PSOE) emprendieron un viaje oficial a Sevilla. La misión, en teoría, era de alto calado: captar patrocinadores privados para los eventos relacionados con la candidatura de la ciudad al Mundial de Fútbol 2030. Los gastos del desplazamiento, como confirmaron fuentes municipales, fueron sufragados íntegramente con dinero público, procedente de los impuestos de los coruñeses.
Sin embargo, este viaje institucional coincidió de manera llamativa con la celebración de la Feria de Abril sevillana, un evento de enorme repercusión social y turística que prácticamente paraliza la actividad en la capital andaluza y su provincia. La elección de las fechas plantea, cuando menos, serias dudas sobre la prioridad real de la agenda: ¿era la búsqueda de inversores el objetivo principal, o se aprovechó una justificación institucional para un desplazamiento en un momento festivo de máximo apogeo?
Más allá de la oportuna coincidencia, el viaje destapa dos graves problemas en la gestión de la alcaldesa Inés Rey respecto al Mundial 2030.
El primer problema es la evidente falta de resultados. Han pasado más de doce meses desde que la regidora anunció con gran fanfarria que iba a comunicar en breve la consecución de un inversor privado para los proyectos vinculados al campeonato. Ese anuncio nunca se materializó. El silencio posterior es absoluto. Este viaje a Sevilla, lejos de ser una muestra de proactividad, es la prueba documental de que ese patrocinador estrella no existía en mayo de 2025. Si ya se hubiera conseguido, como se dejó entrever, ¿qué sentido tenía enviar a dos ediles a buscar en una feria lo que, supuestamente, ya se tenía? La operación se revela, por tanto, como un ejercicio de pura improvisación o, peor aún, de simulación de actividad.
El segundo problema es la opacidad y el posible patrón de gasto. La justificación del viaje («búsqueda de patrocinadores») es tan vaga que resulta imposible auditar su eficacia. No se han hecho públicos informes de los contactos establecidos, reuniones mantenidas o compromisos alcanzados. Solo el hecho del gasto. Y ahora, un dato que añade más leña al fuego: uno de los dos concejales que realizaron aquel viaje a Sevilla forma parte de la recién constituida Comisión Especial para el Mundial 2030 en el Ayuntamiento. Es decir, quien participó en una misión fallida (y costosa) ahora está en un órgano clave de supervisión y planificación. Esto genera una preocupante percepción de que los gastos sin control pueden convertirse en norma.
Ante esta situación, los ciudadanos se preguntan con legítima preocupación: ¿Fue aquel viaje una excepción o es la punta del iceberg? La pregunta no es retórica. Con el Carnaval de Tenerife en el horizonte, evento de similar magnitud festiva y turística, cabe temer que la fórmula se repita: una justificación débil («búsqueda de patrocinadores») para un desplazamiento a un evento lúdico-masivo, pagado con fondos públicos y sin rendición de cuentas.
El Mundial 2030 es una oportunidad para el país y, potencialmente, para A Coruña. Pero no puede ser la excusa para una gestión opaca, con viajes de dudosa rentabilidad y gasto público sin fiscalización. La alcaldesa Inés Rey tiene la obligación de aclarar de inmediato qué se consiguió en Sevilla, cuánto costó exactamente y por qué, un año después, el anunciado patrocinador privado sigue siendo un fantasma. Los coruñeses merecen algo más que cuentas de gastos y promesas vacías. Merecen transparencia y gestión responsable. Hasta ahora, en este capítulo del Mundial, solo han recibido lo primero: la factura.

