El Deportivo de La Coruña no es solo un club de fútbol. Es la columna vertebral emocional de una ciudad, un símbolo de identidad colectiva que trasciende lo deportivo para adentrarse en lo social, lo económico y lo cultural. Su retorno a los escenarios de elite, enfrentándose a los grandes del fútbol español, no es solo un éxito deportivo; es un evento cívico de primer orden. Por eso, la sistemática ausencia de la alcaldesa, Inés Rey, en estos hitos, no es un simple desliz en la agenda. Es una elocuente declaración de prioridades, o más bien, de su ausencia.
El palco revelador: un mapa de presencias y una gran omisión
El pasado martes en Riazor se dibujó un mapa político e institucional casi completo. Allí estaban el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y su conselleiro de Deportes (PP). Allí estaba, representando al Gobierno central, el subdelegado del Gobierno. La esfera deportiva nacional tenía a su máximo representante, el presidente de la RFEF. La Xunta también desplegaba a su secretario xeral para o Deporte. Un espectro amplio, plural, reconociendo la importancia del acto.
El hueco, enorme y significativo, fue el de la primera autoridad municipal, Inés Rey. Resulta paradójico que, mientras el Ayuntamiento se muestra diligente en capitalizar la nostalgia del título de liga de 1999/2000 –invitando a leyendas como Bebeto para actos festivos–, la alcaldesa brille por su ausencia donde el Depor vive su presente y construye su futuro. Su puesto en el palco, un lugar de representación por excelencia, estuvo vacío. Un símbolo de distanciamiento difícil de ignorar.
Un patrón de desinterés: más allá de un partido
No se trata de un hecho aislado. La crónica de las ausencias de Rey es tan reveladora como su silencio. Su falta en la inauguración de la Ciudad Deportiva de Abegondo, la infraestructura más importante para el futuro del club, fue otra señal clamorosa. Son en estos actos donde se tejen las redes institucionales, donde se muestra apoyo a una entidad que es un motor económico y un aglutinante social. La alcaldesa, al elegir no estar, envía un mensaje de frialdad hacia un fenómeno que es, ante todo, pasional y popular.
La opacidad como política: el Mundial 2030 y la sombra de la desconfianza
Este desinterés representativo se agrava al vincularlo con otro dossier crucial para la ciudad: la candidatura de A Coruña como sede del Mundial 2030. Aquí, la crítica a Inés Rey adquiere una dimensión más grave, la de la opacidad y la gestión opaca.
Hace más de un año, la alcaldesa anunció que daría a conocer al inversor privado clave para el proyecto. Seguimos esperando. Este silencio no es neutral; erosiona la credibilidad de la candidatura y, por extensión, de la ciudad. Mientras otras sedes potenciales avanzan con transparencia, A Coruña parece estancada en un misterio innecesario. La presencia de la alcaldesa en el palco de Riazor habría sido una oportunidad de oro para, al menos, mantener un contacto directo y público con el presidente de la RFEF para impulsar el proyecto. Otra oportunidad desaprovechada.
La alcaldesa y la tribuna vacía
Inés Rey parece confundir el papel de alcaldesa con el de una gestora técnica. La primera edil de una ciudad como A Coruña conlleva una ineludible carga simbólica y representativa. Los vecinos y vecinas no solo esperan gestión; esperan identificación, presencia y defensa activa de sus símbolos.
Dar la espalda al Deportivismo en su renacimiento no es un gesto menor. Es una falta de sensibilidad política y de comprensión del alma de la ciudad que gobierna. Junto con la opacidad en un proyecto estratégico como el Mundial 2030, pinta el retrato de una alcaldesa distante, más cómoda en la oficina que en la tribuna, más interesada en el control de la narrativa que en el calor del encuentro con una de las realidades sociales más vibrantes de su municipio.
El Deportivo está de vuelta. La afición y las instituciones, excepto la que debía ser más cercana, lo celebran. La pregunta que flota en el aire de Riazor es simple: ¿Inés Rey da la espalda al deportivismo, o está dando la espalda, en definitiva, a la propia ciudad a la que dice servir? Su siguiente movimiento, tanto en el palco como en la claridad sobre el Mundial, debería ser la respuesta.

