23/07/2026

La calle Tomás Fábregas vuelve a ser el epicentro de la protesta vecinal ante la «falta de escucha» de Inés Rey

Los residentes de Labañou exigen la paralización de las obras y denuncian la pérdida de aparcamiento y la creación de una «barrera arquitectónica» en pleno barrio. La concentración está convocada para hoy a las 19:30 horas en el cruce de la calle Gran Canarias con Ronda de Outeiro

La crispación vuelve a tomar las calles del barrio de Labañou. Los vecinos de la calle Tomás Fábregas han convocado una nueva movilización para esta misma tarde, una protesta que no es un acto aislado, sino la expresión de un malestar creciente ante lo que consideran una «imposición» por parte del Ayuntamiento de A Coruña. El foco de las quejas se centra en la figura de la alcaldesa, Inés Rey, a quien acusan directamente de «no escuchar» las demandas de una comunidad que se siente avasallada por un proyecto de obras que, aseguran, no responde a las necesidades reales del barrio.

La cita es hoy a las 19:30 horas en el cruce de la calle Gran Canarias con Ronda de Outeiro, un punto neurálgico que servirá como altavoz de las reivindicaciones vecinales. Se espera una participación masiva de residentes y comerciantes de la zona, que llevan semanas organizándose para hacer visible su descontento.

El detonante de la protesta es la ejecución de unas obras de remodelación en la vía, pero el conflicto de fondo va mucho más allá. Los residentes no piden solo una explicación, exigen la paralización inmediata de los trabajos tal y como se están llevando a cabo. Su mensaje es claro: «Las obras no se deben hacer para el pueblo, sin tener en cuenta al pueblo». Lo que demandan es un consenso real, una mesa de diálogo donde sus voces tengan el mismo peso que los planos de los técnicos municipales, y donde se busquen alternativas viables que minimicen el impacto en la vida diaria del vecindario, tanto durante el periodo de ejecución como, y esto es crucial, una vez que las máquinas se vayan.

Dos frentes abiertos: El aparcamiento y el muro

Los motivos de la contestación social se articulan en dos ejes principales que afectan directamente a la habitabilidad del barrio.

El primero, y más candente, es la eliminación de plazas de aparcamiento. Labañou es un barrio con una alta antigüedad en su parque de viviendas, donde la práctica totalidad de los edificios carecen de garaje. Para estos vecinos, el coche no es un lujo, sino una necesidad. La reducción de plazas en la calle Tomás Fábregas es un golpe directo a su día a día. Pero el enfado se multiplica con un agravante: la reciente modificación de la zona de estacionamiento regulado (ORA). Los residentes temen que, al menguar el espacio gratuito, el estacionamiento regulado se extienda hasta su puerta, convirtiendo su propio barrio en un lugar hostil para quienes viven en él.

El segundo gran foco de conflicto es la construcción de un muro en pleno centro del barrio. Los vecinos denuncian que esta estructura no es un mero elemento decorativo o funcional, sino que se erige como una «barrera arquitectónica» que rompe la continuidad del barrio, dificulta la movilidad peatonal y genera una segregación visual y física del espacio público.

El fantasma de las «Casas de Franco» y el ‘humo’ de la vaca

El malestar actual no es nuevo en la ciudad. Los vecinos de Labañou miran con preocupación a lo ocurrido en la reforma de las conocidas como «Casas de Franco». Allí, la movilización vecinal logró paralizar el proyecto inicial y forzar al Ayuntamiento a modificar los planes, pero el proceso fue largo y costoso. El resultado fue un sobrecoste millonario para las arcas municipales por no haber atendido las reclamaciones a tiempo. «No queremos que nos pase lo mismo. Queremos una solución dialogada ahora, que evite el gasto innecesario de dinero público en futuras rectificaciones», apuntan fuentes de la asociación vecinal.

Sin embargo, en esta movilización no todo es reivindicación institucional; también hay espacio para la ironía y el «humo» de la provocación. Bajo el lema «En Labañou no hay establos», los convocantes han logrado unir al vecindario con un toque de humor que esconde una profunda crítica.

El origen de esta frase se remonta a unas declaraciones de la propia alcaldesa, Inés Rey. Preguntada por el problema de la falta de aparcamiento en la ciudad, la regidora utilizó una metáfora que ha marcado un antes y un después en la relación con este barrio: «Quien tiene una vaca debe tener un establo». La intención de la alcaldesa, según recogió un periodista local, era argumentar que quien posee un vehículo debe hacerse cargo de dónde dejarlo. Pero los vecinos de Labañou han recuperado esta frase con fuerza, convirtiéndola en un estandarte para evidenciar la desconexión entre el discurso político y la realidad de un barrio obrero donde no hay espacio para «establos» privados porque la planificación urbana no lo contempló.

Diálogo contra el sobrecoste

Más allá del ruido y las consignas, los vecinos consultados insisten en que el fondo de la cuestión no es la confrontación, sino la búsqueda de una solución. «No queremos ser el próximo ‘Caso Franco’. Queremos sentarnos, que nos expliquen y que se busquen alternativas reales a los problemas que esta obra genera», sentencian.

La pelota está ahora en el tejado del gobierno local. La presión vecinal ha conseguido poner el foco en Tomás Fabregas, y la historia reciente de la ciudad advierte de que ignorar la voz del barrio puede salir muy caro. Hoy, a las 19:30, los vecinos vuelven a la calle para ser escuchados. La pregunta es si esta vez, al otro lado, habrá alguien dispuesto a atenderles.