El sector mariscador de la comarca celebra la aportación de semilla, que busca devolver el esplendor productivo a este estuario histórico tras años de dificultades
El mar de la ría del Burgo volvió a latir con fuerza hoy. Durante la jornada de este viernes, las aguas de la Baixada fueron el escenario de una nueva esperanza para el sector marisquero de la comarca: la distribución de 55.000 ejemplares de almeja babosa (Venerupis corrugata), una especie clave para la economía local y la tradición pesquera de la zona.
La iniciativa, liderada por la Consellería de Mar, viene a dar continuidad al esfuerzo colectivo por recuperar unos bancos marisqueros que fueron, durante décadas, el sustento de cientos de familias del entorno. Fueron los propios mariscadores y mariscadoras, tanto los que trabajan a pie en la costa como los que lo hacen desde embarcación, los encargados de esparcir esta semilla en la zona de la Baixada, uno de los puntos más sensibles y con mayor potencial del estuario.
Los ejemplares, con un peso total aproximado de 25 kilos y un tamaño medio de 14 milímetros, proceden de las instalaciones de preengorde en el muelle de O Vicedo. Aunque su origen está en los trabajos de investigación realizados desde el Centro de Investigaciones Marinas de Galicia (CIMA), hoy el foco estuvo puesto en el gesto simbólico y práctico de devolverle vida al fango del Burgo.
Un respiro para el marisqueo local
La llegada de estas 55.000 almejas supone un alivio en momentos en los que la presión sobre los recursos naturales y las variaciones del medio ambiente han golpeado con dureza las capturas. Para los mariscadores de la cofradía, esta siembra no es un acto menor; es la constatación de que existe una hoja de ruta para revertir la situación.
«Hoy es un día de trabajo, pero también de ilusión», señalaban algunos de los participantes en la siembra. La elección de la almeja babosa no es casual: es una especie con un alto valor comercial y un crecimiento relativamente rápido, lo que la convierte en la aliada perfecta para la reactivación económica del sector, siempre que las condiciones de la ría acompañen.
La distribución en la Baixada responde además a un criterio técnico conocido por los profesionales de la zona, que conocen milimétricamente los fondos y las corrientes. La semilla, de 14 milímetros, se encuentra en el punto óptimo de desarrollo para ser depositada en el lecho marino, donde se integrará y crecerá protegida por los sedimentos.
Más allá del recurso, la cohesión del sector
La jornada de hoy evidenció, una vez más, la fortaleza del tejido asociativo en el entorno de la ría. La colaboración entre las distintas modalidades de marisqueo —a pie y desde embarcación— fue un ejemplo de unidad hacia un objetivo común. Este tipo de acciones no solo fomentan la recuperación del recurso, sino que consolidan el sentido de comunidad y la corresponsabilidad en el cuidado del ecosistema.
Para los vecinos y vecinas de las parroquias que rodean el Burgo, el mar no es solo un paisaje. Es un espacio de vida y de trabajo. Por eso, acciones como la de hoy son seguidas con atención y expectativa, pues cada nuevo lote de semilla supone un paso adelante hacia temporadas de cosecha más abundantes.
La puesta en valor de este tipo de intervenciones, que combinan el conocimiento tradicional con el impulso institucional, sitúa a la ría del Burgo en el centro del debate sobre cómo conciliar la explotación sostenible con los desafíos ambientales. Mientras las almejas comienzan su nueva vida en el fondo de la Baixada, el sector espera que este sea el primero de muchos capítulos de este proceso de renacimiento.

