O Castrillón: Guerra abierta por el narcotráfico, vecinos atrapados entre la violencia y el abandono
El barrio de O Castrillón ha vuelto a ser escenario de violencia, esta vez en la calle Oza de los Ríos, donde vecinos informaron de una reyerta entre varios individuos, algunos de ellos armados con objetos punzantes. El incidente grabado, refleja una realidad que los residentes conocen demasiado bien: la proximidad de puntos de venta y consumo de drogas, que actúan como polvorín en una zona históricamente castigada por el narcotráfico.
En días pasados en este enfrentamiento en la calle, además de utilizar armas blancas, se pudo escuchar una detonación mientras se reclamaba “dame el dinero”.
Un conflicto recurrente en un «triángulo de la droga»
O Castrillón forma parte de lo que vecinos y autoridades llaman el «triángulo de la droga» de A Coruña, junto con Monelos y Os Castros. Aquí, el tráfico de heroína, cocaína, hachís y marihuana opera con descaro, aprovechando viviendas abandonadas o okupadas. La calle Castrillón, la avenida de Oza y ahora la calle Leira do Campo —donde se ubican inmuebles en ruinas— son focos conocidos de narcopisos.
En 2023, los residentes denunciaron una casa ruinosa en la calle Castrillón convertida en «picadero», con un aumento de toxicómanos y robos. La ironía llegó al extremo cuando traficantes colocaron un cartel en una vivienda okupada anunciando la venta de drogas, burlándose de la impotencia vecinal. «Es como si ni siquiera tuvieran que esconderse», lamenta un comerciante de la zona, que prefiere no dar su nombre por miedo a represalias.

Inseguridad y vida cotidiana: el miedo como norma
Las consecuencias van más allá de las peleas esporádicas. Vecinos, especialmente mayores y mujeres, evitan salir de noche o piden acompañamiento. «Mi madre ya no va sola a comprar el pan», relata una residente. Los comercios soportan robos recurrentes; un supermercado local sufrió cuatro asaltos en un año. Fuentes policiales confirman que muchos de los autores son reincidentes o personas con adicciones, atrapadas en un círculo de delincuencia menor que rara vez termina en condenas firmes.
La violencia grave también ha dejado huella: en 2022, un apuñalamiento en Os Castros, y en 2023, un homicidio por deudas de drogas. «Esto no es solo inseguridad, es una guerra silenciosa», afirma un miembro de la asociación de vecinos.
Respuestas insuficientes y reclamos vecinales
Ante la crisis, los residentes han tomado iniciativas propias, como grupos de WhatsApp para alertar de actividades sospechosas, y en 2024 organizaron una concentración en la Plaza de Pablo Iglesias bajo el lema «Convivencia sin violencia». Sin embargo, critican la falta de soluciones estructurales.
Entre sus demandas:
- Refuerzo policial: «Las redadas son esporádicas; los traficantes vuelven a las 48 horas», denuncian.
- Eliminación de narcopisos: Exigen el tapiado o demolición de inmuebles abandonados, muchos propiedad de bancos o en litigio.
- Urbanización urgente: Zonas como el polígono Fariña Ferreño o el Parque de Oza siguen semiabandonadas, con infraviviendas que alimentan el problema.
Un problema sistémico con raíces profundas
O Castrillón no está solo. Barrios como Os Mallos, Monte Alto o Agra do Orzán comparten desafíos similares, pero aquí la concentración de narcopisos y la normalización del tráfico lo hacen más visible. Expertos señalan que la impunidad por delitos menores (como hurtos de menos de 400 euros) y la movilidad de los traficantes dificultan cualquier avance.
¿Hay salida? Algunos apuntan a programas de rehabilitación social y vigilancia activa, pero mientras persista el abandono institucional, los vecinos seguirán atrapados en la misma espiral. «Queremos vivir en paz, no sobrevivir entre peleas y robos», resume una madre mientras cierra con llave la puerta de su casa.

