Los vecinos se concentran hoy 24 de septiembre a las 20:30 en el cruce de Pichin y exigen al Ayuntamiento de A Coruña explicar por qué ahora sí se puede prorrogar una obra que antes «no podía paralizarse» por los plazos de los fondos Next Generation
«Hoy por nosotros, mañana por vosotros.» Es el grito que los vecinos de Labañou vuelven a lanzar en una nueva jornada de movilización. Hoy, 24 de septiembre, a las 20:30, el cruce de Pichin volverá a ser el punto de encuentro de una protesta vecinal que ya no solo reclama participación, sino que exige explicaciones. Y lo hace con una pregunta difícil de esquivar: ¿por qué lo que antes no se podía paralizar, ahora sí se puede prorrogar?
Una obra que nació sin consenso
Las obras de rehabilitación de la calle Tomás Fábregas comenzaron en abril de 2026, en el marco de la rehabilitación del polígono de María Pita, con una inversión superior a los 800.000 euros financiada con fondos Next Generation. Pero el proyecto nunca contó con el respaldo vecinal.
Las principales críticas se centran en tres puntos: la reducción drástica de plazas de aparcamiento —de unas 42 a solo 9—; la construcción de una plataforma continua frente a las viviendas, percibida como un muro que invade la privacidad y que no es la única solución posible para la accesibilidad; y la falta de una negociación real con la comunidad durante todo el proceso de diseño y ejecución.
El 25 de mayo, los vecinos registraron 286 firmas solicitando la paralización de las obras para estudiar sus demandas y buscar una solución consensuada. No era un rechazo a la reforma, sino una exigencia de participar en las decisiones sobre cómo se reforma.
Del «no se puede parar» al «sí se puede ampliar»
Durante los meses siguientes, los vecinos mantuvieron varias reuniones con la alcaldesa Inés Rey, concejales, técnicos y asesores municipales, incluida una visita a la propia calle el 22 de junio.
Sin embargo, el 27 de julio el Ayuntamiento únicamente aceptó reponer la acera lateral —»la cual los técnicos no consideraban de paso», según los vecinos—, rechazando el resto de las propuestas y alegando que, al ser obras financiadas con fondos Next Generation, estas tenían plazos estrictos de ejecución y no podían paralizarse. Ese argumento se convirtió en la base oficial para desestimar las peticiones vecinales.
Pero el 8 de septiembre, apenas un día después de una nueva reunión con responsables municipales, la Junta de Gobierno aprobó una prórroga del plazo de ejecución por motivos no imputables a la empresa contratista.
La contradicción es evidente: si los fondos europeos imponían plazos rígidos e inamovibles, ¿de dónde sale ahora la base jurídica para ampliarlos? Y si el «motivo no imputable a la empresa» basta para justificar una prórroga, ¿por qué no sirvió la movilización vecinal —286 firmas, concentraciones y meses de reuniones— como razón igualmente ajena al contratista para abrir un espacio de negociación?
La pregunta que los vecinos formulan es directa: ¿por qué antes no se podían paralizar las obras por respetar los plazos exigidos por Europa y ahora sí se puede ampliar el plazo de ejecución?
La protesta no empieza de cero, se intensifica
La movilización se ha acelerado en septiembre. El día 9, los vecinos se concentraron en el centro comercial Los Rosales, en el cruce de Ronda de Outeiro con Avenida Gran Canaria; el día 10, frente al pleno municipal en María Pita. La cita de hoy, 24 de septiembre, a las 20:30 en el cruce de Pichin, continúa esa misma cadena de reivindicaciones.
El representante vecinal Antonio Álvarez señaló tras la reunión de principios de septiembre que se han topado con un «muro institucional». Los vecinos han solicitado consultar el expediente completo del proyecto sin encontrarlo en el portal de transparencia, una barrera informativa que profundiza la desconfianza.
Es importante subrayar que los vecinos no se oponen a la mejora de la accesibilidad. Lo que rechazan es el diseño concreto: ese muro que consideran innecesario, la ubicación de la iluminación y los árboles sin justificación suficiente, y la escasa consideración hacia las necesidades de aparcamiento. Han presentado alternativas, pero fueron desestimadas por «inviabilidad técnica».
Qué significa «Hoy por nosotros, mañana por vosotros»
No es una frase retórica. Los vecinos de Labañou son conscientes de que no enfrentan un problema aislado, sino un modelo de gobernanza: primero se decide, luego se informa; primero se ejecuta, después se «negocia»; y se invoca una «restricción externa» —los plazos europeos, las normas técnicas— para vaciar de contenido la participación ciudadana.
Cuando esa restricción externa se vuelve flexible justo cuando conviene, y rígida cuando no interesa, la ciudadanía tiene motivos para preguntar: ¿la elasticidad de las reglas es técnica o selectiva?
Las 286 firmas no han desaparecido. Solo han sido aparcadas. La concentración de hoy, 24 de septiembre, a las 20:30 en el cruce de Pichin, es una nueva negativa a aceptar ese aparcamiento.

