21/04/2026

Leyma Coruña toca el cielo ante un errático Barça (93-92)

La afición naranja resultó vital para alcanzar otro triunfo histórico

Cuando salía del encuentro entre el Leyma Coruña y el Barça, la mayoría de las personas que pasaban por mi lado tenían una inmensa cara de felicidad y comentaban la paradoja de que el Leyma Coruña pudiese ganar a los dos gallitos de la ACB, Madrid y Barça, a pesar de estar a punto de perder la categoría.

Así fue, otra noche de gala en el Coliseo, con cerca de 8.000 aficionados que, una vez más, se volcaron con su equipo y apretaron al rival hasta hacerles cometer fallos infantiles. Una vez más, el equipo local tuvo dos caras; esta vez la cara se mostró en el segundo cuarto con un parcial de 34-18 y la cruz vino en el resto de cuartos: 23-27 en el primero, 18-22 en el tercero y un peligroso 18-25 en el último cuarto.

Aguantar la presión y no bajar los brazos

Empezaba el primer cuarto con un 0-3 de Satoransky y tiros bastante cómodos de los jugadores blaugranas, que afortunadamente no tuvieron demasiado acierto, plantándose en el ecuador de este período en un parcial de 10-16, sin que Diego Epifanio moviese el banquillo. En este cuarto, Taylor y Sillins aguantaron el tirón ofensivo, con ayuda de Beqa y Scrubb, para finalizar con 4 puntos de renta para los visitantes.

El segundo cuarto empieza con tres triples de Barrueta y uno de Jackovics, que ponen por delante a los locales 35-34 y hacen vibrar al Coliseo. Vuelve a reaccionar el Barçsa para ponerse por delante, pero emerge el talento ofensivo de Goran Huskic y de Taylor que endosan un 46-40 a falta de 3:32 y provocan un tiempo muerto de Peñarroya. Sin embargo, el acelerón del final de este cuarto, protagonizado por Huskic, Barrueta y Beqa, coloca el marcador en un sorprendente 57-45, que hace frotar los ojos a la afición local.

A la vuelta del descanso, el equipo naranja sigue acertando en el aro rival y mantiene la ventaja en un 67-51 a 6:19 para el final del tercer cuarto. Sin embargo, a continuación, encadena una serie de fallos y precipitaciones y permanece sin anotar durante dos minutos, lo que permite acercarse a sus rivales hasta el 75-67 del final de ese cuarto.

Las cosas no mejoraron en el inicio del último cuarto, con un 75-73 a falta de 8:17, tras tres fallos consecutivos de canastas fáciles por parte de los locales. Otra vez Silins sale al rescate y convierte un triple con tiro libre adicional y se produce un intercambio de canastas hasta forzar el empate a 81 puntos a falta de 3:05. Un minuto después, Barrueta convierte dos triples consecutivos que dan oxígeno a los naranjas y otra canasta de Huskic coloca el marcador en 89-83 a falta de 1:02. Si alguien creía que ya estaba el partido en el saco, se equivocaba, los azulgranas apretaron en defensa con bastante permisividad arbitral y se acercaron hasta el 91-90 a 4 segundos. De ahí hasta el final, dos tiros libres convertidos de Taylor y otros dos de Darío Brizuela, que tiró a fallar el segundo y aún así lo metió, reflejando el partido esperpéntico de los visitantes.

Los destacados

Por el Leyma Coruña hay que resaltar el gran partido de Brandon Taylor (15 puntos, 12 asistencias y 27 de valoración), seguido de un renacidoBeqa Burjanadze (15, 3, 3 y 26 de valoración), de Goran Huskic (14 puntos, 5 rebotes y 18 de valoración), de Barrueta (20 puntos, 6 rebotes y 17 de valoración) y Silins (13 puntos, 3 rebotes y 11 de valoración).

Por el Barça, el jugador que logró mayor valoración ha sido Willy Hernangómez (11 puntos, 7 rebotes y 19 de valoración), a pesar de sus lagunas defensivas, seguido de Parker (21 puntos, 3 rebotes, 2 asistencias y 17 de valoración) y Satoransky (15 puntos, 4 rebotes, 1 asistencia y 14 de valoración).

Es paradójico que se haya ganado al Madrid sin Thompkins y sin Heurtel (todavía no lo habían fichado) y que se haya ganado al Barça sin esas dos estrellas y sin Gus Lima. Es decir, ganar es un estado mental y el domingo ante Surne Bilbao solo habrá que despejar la duda de si los jugadores naranjas estarán en buenas condiciones físicas para competir en otra auténtica final, tras verse obligados a jugar un jueves porque alguien en el ayuntamiento cometió un error imperdonable.

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