04/05/2026

Marineda City cumple su promesa: dos horas para salir del parking y nadie puede quejarse

La publicidad lo decía claro: “Llegar es fácil, querer irse no tanto”. Ayer, sábado 2 de mayo, el centro comercial Marineda City decidió tomárselo al pie de la letra. Un atasco monumental dentro del aparcamiento dejó a cientos de conductores atrapados durante casi dos horas en las plantas inferiores. No hubo manera de salir. O sí, pero después de escuchar dos veces enteras el álbum de Estopa y replantearse la vida.

La foto es para enmarcar. O para quemarla. En la enorme valla publicitaria del kilómetro 6 de la AP-9, justo en la curva de salida hacia el Burgo y Cambre, el mensaje sigue intacto: “Llegar a Marineda City es fácil, querer irse no tanto”. Durante meses lo leímos miles de conductores y pensamos: “Qué bonito, qué poético, seguro que se refiere a lo mucho que gusta el centro comercial”. Pobres ilusos.

Ayer, sábado 2 de mayo, Marineda City se quitó la careta de centro comercial amable y enseñó sus verdaderas cartas: no es un centro comercial, es un campo de concentración para coches con tarjeta de fidelización.

El caos fue mayúsculo. Los que aparcaron en las plantas más bajas  pasaron cerca de dos horas intentando salir. Dos horas. El tiempo suficiente para ver una película, hacer la compra online de la semana siguiente, o escribir el primer borrador de tu testamento (“y a mi cuñado le dejo mi plaza de parking en Marineda, que se divierta”).

Hubo conductores que compartieron su odisea en redes sociales con la resignación de un náufrago que lanza una botella al mar. “Llevo 45 minutos y he avanzado tres plazas”, escribía uno. “He visto a una señora bajarse del coche, ir a por unas palomitas y volver”, relataba otro. “Creo que el de atrás ya está organizando una feria de ganado para matar el tiempo”, añadía un tercero, mientras las bocinas sonaban como una sinfonía desafinada de la desesperación.

Lo mejor de todo es que el eslogan publicitario se cumplió al cien por cien. No se les puede acusar de publicidad engañosa. Ni siquiera de exageración. Porque efectivamente, llegar fue fácil: la AP-9 estaba despejada, la entrada al parking como una seda. El problema llegó después. Cuando quisiste irte. Y el centro comercial, fiel a su palabra, te dijo con cariño: “No tan rápido, amigo. Quédate con nosotros. Mira qué bien está el aire acondicionado. ¿Has visto la nueva oferta de ropa interior? Aprovecha. Tienes tiempo. Mucho tiempo. Demasiado tiempo.”

Los más optimistas intentaron justificarlo: “Es sábado, mucha gente, lógico”. Pero no, amigos. No es lógico. Es profecía autocumplida. El departamento de marketing de Marineda City no es un departamento de marketing: es una secta de videntes con chaleco reflectante.

Mientras tanto, los trabajadores del centro comercial, esos héroes sin capa que ya saben que salir del parking es como intentar escapar de Matrix, optaron directamente por quedarse a dormir en el Zara. “Para qué luchar”, se escuchó decir a una dependienta mientras extendía una chaqueta acolchada en el suelo del probador. “Si la publicidad lo dice, será verdad”.

Así que ya saben. La próxima vez que lean esa valla en el kilómetro 6, no piensen en ir de compras. Piensen en llevar agua, algo de comer, un powerbank y, sobre todo, paciencia de monje budista. Porque Marineda City no es un centro comercial: es una experiencia inmersiva de tres horas sobre la fragilidad del ser humano frente a un torno de parking averiado.

Y ojo, que nadie se queje. La publicidad avisaba. Y en eso, hay que reconocerlo, son los más honestos de Galicia.

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