La sanidad pública es uno de los servicios más valorados por la ciudadanía. También es uno de los que más preocupan cuando deja de funcionar con la rapidez y eficacia que los pacientes necesitan.
En Galicia, las listas de espera, las dificultades para acceder a determinadas especialidades y los problemas de comunicación con los usuarios se han convertido en una fuente constante de reclamaciones. La gestión sanitaria depende de la Xunta de Galicia, que gobierna el Partido Popular desde 2009, y son cada vez más los ciudadanos que se preguntan si el sistema está siendo capaz de responder a la demanda asistencial actual.
Más de un año para una consulta
Los ejemplos se repiten.
Pacientes que esperan más de un año para ser atendidos en Dermatología. Usuarios que acumulan ocho o nueve meses para una consulta de Traumatología. Personas que necesitan casi una semana para conseguir una cita con su médico de Atención Primaria.
No son cifras extraídas de un estudio teórico. Son situaciones reales trasladadas por pacientes gallegos que han decidido presentar reclamaciones ante el Sergas.
La respuesta recibida suele ser similar: la administración lamenta la demora, reconoce las dificultades existentes y asegura estar trabajando para mejorar la situación. Sin embargo, raramente se ofrece una solución concreta o una alternativa inmediata.
Citas anuladas sin previo aviso
Las listas de espera no son la única fuente de malestar.
También se han constatado casos de pacientes que acuden a una consulta programada tras meses de espera para descubrir que la cita ha sido anulada sin comunicación previa.
El desplazamiento, la pérdida de tiempo y la necesidad de reiniciar el proceso generan una sensación creciente de abandono administrativo.
Para muchos usuarios, el problema ya no es únicamente cuánto tardan en atenderles, sino la falta de información durante el proceso.
Analíticas repetidas y meses perdidos
Otro caso especialmente ilustrativo tiene que ver con las pruebas diagnósticas.
Pacientes que se realizan una analítica y descubren semanas después, durante la consulta de resultados, que las muestras no han podido ser procesadas debido a problemas internos del laboratorio.
En algunos casos, las incidencias coinciden con huelgas o conflictos laborales. Lo llamativo es que el paciente no recibe ninguna comunicación.
La consecuencia es un procedimiento que vuelve a empezar desde cero:
- nueva analítica
- nueva cita médica
- nuevas semanas de espera
En la práctica, el retraso puede superar fácilmente el mes adicional para obtener un diagnóstico que ya debería estar disponible.
Mientras aumentan las esperas, crece el gasto en la sanidad privada
La situación resulta especialmente llamativa cuando se observan los datos económicos.
La Xunta ha incrementado de forma sostenida el gasto destinado a conciertos con la sanidad privada. Según la Cámara de Contas, el Sergas aumentó este gasto tras la pandemia y la previsión presupuestaria para 2026 alcanza los 261,7 millones de euros, la cifra más alta registrada hasta la fecha.
El principal beneficiario es el hospital Povisa de Vigo. La propia Cámara de Contas estima que este centro concentra alrededor del 45% de todo el gasto concertado de Galicia.
A finales de 2024, la Xunta autorizó además un contrato con Povisa por casi 195 millones de euros, ampliable hasta superar los 525 millones.
Más derivaciones para reducir listas de espera
La derivación de pacientes a centros privados se ha convertido en una de las herramientas utilizadas para contener las listas de espera.
Diversas informaciones publicadas durante el último año apuntan a un aumento significativo de estas derivaciones.
El objetivo es acelerar pruebas, consultas e intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, esta estrategia también ha abierto un debate sobre el modelo sanitario gallego y sobre la creciente dependencia de recursos privados financiados con dinero público.
Según datos publicados en los últimos meses, el 40% de las altas registradas en hospitales privados gallegos están financiadas con fondos públicos.
El problema de la confianza
La cuestión no es únicamente económica.
La sanidad pública se sostiene sobre la confianza de los ciudadanos.
Cuando un paciente espera un año para una consulta, cuando una cita se anula sin aviso o cuando una prueba debe repetirse por problemas internos del sistema, esa confianza comienza a deteriorarse.
Los profesionales sanitarios llevan años alertando de la presión asistencial que soportan centros de salud y hospitales. La falta de personal es una parte del problema. La gestión y la planificación son otra.
Una pregunta cada vez más presente
La Xunta suele defender que Galicia mantiene uno de los mejores sistemas sanitarios del país y que continúa realizando esfuerzos para reducir las listas de espera.
Sin embargo, para muchos pacientes la realidad cotidiana cuenta una historia diferente.
La pregunta que empieza a aparecer con más frecuencia ya no es cuánto dinero se destina a la sanidad pública.
La pregunta es si ese dinero está sirviendo para que los ciudadanos reciban una atención rápida, eficaz y accesible cuando la necesitan.
Porque cuando las esperas se miden en meses, las reclamaciones no obtienen soluciones y las derivaciones a la privada siguen creciendo, el debate deja de ser sanitario.
Pasa a ser un debate sobre gestión pública.

