El silencio mediático ha sido ensordecedor tras la denuncia de la familia del futbolista betanceiro Dani Rodríguez, quien milita en el RCD Mallorca, acerca de los graves incidentes vividos en la reciente Supercopa de España en Arabia Saudí. En contraste con el gran eco que tuvieron situaciones como el caso de Jenni Hermoso, la experiencia de acoso y desprotección relatada por la esposa de Rodríguez no ha recibido ni una fracción de la atención mediática. ¿Es el millonario acuerdo de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) con Arabia Saudí lo que tapa bocas?
Una denuncia que refleja desprotección y miedo
Lo que debía ser un momento inolvidable para la familia del jugador, acompañándolo en la Final Four de la Supercopa, terminó con miedo e incertidumbre. Según relató su esposa en redes sociales, tras el partido vivido en Jeddah, ella y sus hijos fueron rodeados y acosados por personas que los asediaron con móviles y comportamientos intimidatorios. Además, se reportaron agresiones hacia otros aficionados. “Pasamos muchísimo miedo, como si nos hubieran mandado al matadero”, expresó.
Lo más indignante para la familia no fue solo el momento de angustia, sino la falta de protección y organización por parte de la RFEF, que, según la denunciante, dejó desamparados a quienes viajaron desde España para apoyar a sus equipos.
El peso de los millones: ¿Por qué no se habla de esto?
Este caso contrasta profundamente con otros episodios recientes en los que la RFEF estuvo involucrada. Por ejemplo, el caso de Jenni Hermoso tras el Mundial Femenino generó un enorme debate social y mediático que trascendió las fronteras deportivas, visibilizando problemas de género y exigiendo cambios estructurales en el fútbol español. Sin embargo, la denuncia de la familia Rodríguez, que también pone en cuestión el modelo de gestión de la RFEF, no ha encontrado el mismo altavoz.
¿Es posible que los 40 millones de euros anuales que Arabia Saudí paga a la RFEF para albergar la Supercopa hayan influido en este apagón informativo? Las críticas al acuerdo no son nuevas: la decisión de llevar el torneo a Arabia ha sido objeto de polémica desde el principio, tanto por cuestiones económicas como por las dudas sobre la seguridad, los derechos humanos y la igualdad de género en el país anfitrión.
La familia Rodríguez: una voz contra el desamparo
En su denuncia, la esposa de Dani Rodríguez fue contundente: “Es difícil entender cómo un torneo tan importante para el fútbol español se juega tan lejos de nuestra tierra, y más aún, cómo parece que el dinero pesa más que las vidas de quienes deciden viajar para apoyar a sus equipos”. Estas palabras resuenan como un grito de auxilio, exigiendo que la afición sea tratada con respeto y que se priorice su seguridad por encima de cualquier interés económico.
La ausencia de un pronunciamiento oficial de la RFEF sobre lo sucedido en Jeddah alimenta aún más la percepción de un silencio cómplice. El caso de Jenni Hermoso demostró que la presión pública puede forzar a las instituciones a reaccionar, pero la pregunta es: ¿quién alza la voz cuando los millones están de por medio?
El fútbol como fiesta, no como negocio a cualquier precio
La amarga experiencia vivida por la familia Rodríguez pone en tela de juicio el modelo actual de gestión del fútbol español. La Supercopa debería ser un motivo de celebración para jugadores y aficionados, no una fuente de miedo e inseguridad. Pero mientras los millones sigan pesando más que los valores deportivos, el riesgo es que episodios como este se repitan y permanezcan en la sombra.
Es hora de que se cuestione no solo dónde se juega la Supercopa, sino también a qué precio y con qué consecuencias para quienes hacen grande este deporte: los aficionados.

