Claves para entender el debate sobre nuevas facultades de Medicina
En los últimos meses, la discusión sobre la creación de nuevas facultades de Medicina en Galicia se ha convertido en un terreno fértil para simplificaciones y relatos épicos. He leído con interés el artículo titulado “Soplar y sorber alrededor de Medicina”, un título con aroma a retranca galaica, desde luego, pero cuyo contenido acusa una falta de comprensión sobre cómo se planifica la formación sanitaria en España.
Más allá del ruido: rigor frente a metáforas
El problema no es que exista un debate —bienvenido sea—, sino que se pretenda resolver a base de imágenes literarias, indignación moral y suposiciones que ignoran datos esenciales: los costes reales, las necesidades asistenciales, las limitaciones estructurales y los requisitos legales que implica abrir una facultad de Medicina en pleno siglo XXI. Porque soplar y sorber al mismo tiempo puede ser difícil, pero más difícil aún es mantener un análisis serio cuando se pasa por encima de estas cuestiones.
A continuación, revisemos los principales argumentos que se han publicado y por qué, más allá de la retórica, no se sostienen.
1. Ni manos derechas ni izquierdas: planificación
El artículo sostiene que la Xunta de Galicia impulsa lo privado mientras bloquea lo público, como si se tratara de un juego de manos digno de un dibujo de Escher. La imagen es potente, pero incorrecta.
La creación de una facultad de Medicina no depende de voluntarismo político. Exige tres condiciones objetivas:
- Plantilla docente acreditada, que en Medicina es especialmente compleja: anatomía, fisiología, cirugía, medicina interna, microbiología, radiología, pediatría, psiquiatría… veinte áreas que requieren profesores con ANECA y cuerpos estables.
- Capacidad asistencial para acoger a cientos de estudiantes durante seis años en hospitales universitarios.
- Capacidad económica: entre 60 y 90 millones de inversión inicial, y entre 15 y 20 millones anuales de mantenimiento. Medicina es, con mucha diferencia, la carrera más cara del sistema universitario.
Estas exigencias se evalúan a nivel nacional, en coordinación con Sanidad y Universidades, precisamente para impedir el desorden que generarían decisiones improvisadas o guiadas por localismos.
No hay “soplo” ni “sorbido”. Hay procedimientos, auditorías y límites técnicos.
2. Los Grados sanitarios no son antesala automática de Medicina
El artículo sugiere que, si una institución privada tiene Biomedicina, Enfermería y Fisioterapia, es cuestión de tiempo que consiga Medicina. Esto es tan intuitivo como incorrecto.Enfermería o Fisioterapia no requieren hospitales universitarios propios. Medicina sí.
Tampoco exigen las infraestructuras docentes, laboratorios, facultativos acreditados y unidades clínicas que hacen posible más de 6.000 horas de prácticas asistenciales.
Tener grados sanitarios “afines” no coloca a una universidad en la pista de salida de Medicina.
Son ligas distintas. Y confundirlas es, simplemente, desconocer cómo funciona la acreditación universitaria en España.
3. Abrir facultades no resuelve el déficit de médicos en los próximos diez años
El artículo reconoce que faltan médicos, pero extrae una conclusión equivocada: abrir facultades resolvería el problema. No lo hará.
- Formar un médico lleva 10–12 años.
- El cuello de botella no está en las facultades, sino en las plazas MIR, donde se decide cuántos especialistas se incorporan realmente al sistema.
- Sin aumentar MIR, abrir facultades solo engorda el embudo, creando más graduados sin especialidad.
Este no es un debate entre público y privado. Es un asunto de planificación sanitaria a largo plazo, que no se puede resolver a golpe de columna indignada.
4. Los ejemplos personales no son política pública
El autor menciona a un conocido que no logró entrar en Medicina por unas décimas y hoy es un magnífico enfermero. El relato es humano, pero irrelevante para la planificación sanitaria.
Mientras Medicina siga siendo la carrera más demandada del país, siempre habrá notas de corte altas, y aumentar plazas en Galicia movería la nota unas décimas, no más. El problema no es que faltase una facultad en Coruña o Vigo: es que hay miles de aspirantes por encima de la oferta posible, incluso si duplicásemos infraestructuras.
Además, los médicos extranjeros que llegan al Sergas lo hacen por su formación especializada, no porque Galicia tenga pocas facultades.
5. La endogamia existe, pero no se resuelve construyendo edificios de 80 millones
Las críticas a la endogamia universitaria en Santiago no son nuevas, pero confundir ese problema —real y nacional— con la necesidad de abrir más facultades es una equivalencia incorrecta.
La solución se llama:
- Concursos más abiertos,
- Transparencia,
- Exigencia de acreditaciones,
- Movilidad académica,
- y políticas activas contra la endogamia.
La solución no consiste en nuevas facultades levantadas a golpe de presupuesto.
6. La supuesta “privatización por la puerta de atrás” es una conjetura, no un análisis
El artículo concluye que la Xunta de Galicia acabará subvencionando universidades privadas y que los ciudadanos “pagarán dos veces”.
No se aporta un solo dato, documento, antecedente o decisión administrativa que respalde esta profecía. Es literatura política. No planificación sanitaria.
7. Sobre el título: un ejercicio de retranca que se vuelve en contra
Volvamos al título del artículo: “Soplar y sorber alrededor de Medicina”.La frase tiene su gracia, qué duda cabe. Pero aquí, lo que realmente sopla es el afán por ajustar la realidad a un relato previo, y lo que se sorbe —y a grandes tragos— es la complejidad que rodea la formación médica.
En Galicia sabemos bien que soplar y sorber a la vez es difícil. Pero más complicado es debatir con rigor cuando se ignoran los costes, las normativas y las necesidades asistenciales reales de un sistema sanitario tensionado desde hace décadas.
En conclusión: menos épica y más datos. El debate sobre dónde, cuándo y cómo crear una nueva facultad de Medicina es legítimo y necesario. Pero necesita:
- Cifras,
- Planificación,
- Previsiones demográficas,
- Diálogo con los hospitales,
- y un análisis serio de recursos humanos.
Lo que no necesita es populismo, ni metáforas de lobos soplando casas, ni acusaciones que convierten un problema complejo en un duelo moral entre buenos y malos.
En temas tan sensibles como la formación sanitaria y el futuro del sistema público, lo mínimo exigible es rigor intelectual. Y si soplar y sorber al mismo tiempo es una imposibilidad física, pedir seriedad en este debate no lo es. Al contrario: es la única forma de construir soluciones reales.

