La situación de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de A Coruña se ha convertido en un reflejo preocupante de la desidia institucional. Mientras la concejala responsable, Monserrat Paz Romero, acumulaba competencias que los tribunales le han cuestionado, el servicio esencial que debería coordinar se desangra lentamente hasta su práctica desaparición.
Un nombramiento judicialmente cuestionado
La trayectoria de Monserrat Paz Romero como responsable de seguridad en el Ayuntamiento coruñés ha estado marcada por la controversia desde sus inicios. Funcionaria de prisiones en la cárcel de Teixeiro, su nombramiento como Jefa de Servicio de Seguridad Ciudadana en 2021 fue anulado por los tribunales por falta de motivación suficiente. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia desestimó posteriormente el recurso del Ayuntamiento, confirmando que el procedimiento debía retrotraerse para realizar una designación «suficientemente motivada».
A pesar de que la sentencia firme sigue sin ejecutarse, Paz Romero continúa ejerciendo funciones clave como concejala de Seguridade Cidadá e Interior, con competencias que abarcan desde tráfico y emergencias la atención ciudadana . Una acumulación de responsabilidades que contrasta con la precaria situación del servicio que, según la Ley 5/2007 de Emergencias de Galicia, debería ser un servicio público esencial.
La agonía de Protección Civil
La situación de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil es crítica. Un servicio que llegó a contar con más de cien voluntarios se reduce ahora a una presencia testimonial en los operativos más importantes de la ciudad. En eventos de gran afluencia, apenas se han podido movilizar tres efectivos, una cifra absolutamente insuficiente para garantizar la seguridad que la ciudadanía merece y que la normativa exige.
Pero el problema no es solo numérico. La estructura operativa del servicio se encuentra al borde del colapso. Tras el fallecimiento de una de las personas clave y la inminente jubilación de otra, el personal operativo de plantilla disponible se reduce a dos personas: una procedente de la Policía Local y otra del parque móvil. Una situación insostenible para un servicio que, según el Sistema Nacional de Protección Civil, debe garantizar la anticipación, prevención, planificación, respuesta inmediata y recuperación ante emergencias.
La precariedad del voluntariado
Las quejas del voluntariado, sin embargo, van más allá de la falta de efectivos. Cuestiones básicas como la falta de ropa de trabajo adecuada y la ausencia de una organización interna mínimamente estructurada evidencian el abandono absoluto al que se ha sometido al servicio. No debemos olvidar que hablamos de voluntarios, personas que ofrecen su tiempo y su esfuerzo de manera desinteresada para proteger a sus conciudadanos. El Reglamento de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil del Ayuntamiento de A Coruña, publicado en 1999, parece ser hoy solo un documento histórico.
¿Qué está en juego?
La Protección Civil es mucho más que un cuerpo de voluntarios. Como se ha visto en catástrofes recientes en todo el mundo, su labor es fundamental en todas las fases de la gestión de emergencias: prevención y preparación, respuesta inmediata, recuperación y coordinación con otros servicios. Sin estos equipos, los desastres se convierten inevitablemente en catástrofes con mayores pérdidas humanas y económicas.
La respuesta institucional
Curiosamente, mientras Protección Civil agoniza, la alcaldesa Inés Rey ha optado por encomendar a Paz Romero las funciones de movilidad que llevaba Noemi hasta su reciente marcha. Una decisión que, lejos de resolver los problemas estructurales de seguridad ciudadana, parece añadir más competencias a quien ya ha demostrado no poder gestionar adecuadamente las que tiene.
La situación de Protección Civil en A Coruña es el síntoma de una gestión que ha priorizado el ruido político sobre las necesidades reales de la ciudadanía. Mientras la Agrupación de Voluntarios, un pilar fundamental para la seguridad de la ciudad, agoniza entre la falta de personal, recursos y organización.
No se trata de un problema menor. La Protección Civil es el último escalón de seguridad antes de que una emergencia se convierta en tragedia. Y en A Coruña, ese escalón está a punto de romperse. La responsabilidad de su supervivencia recae directamente sobre quienes, desde el gobierno local, han permitido que esta situación se prolongue. Es hora de que Inés Rey y su equipo tomen decisiones que vayan más allá de las declaraciones institucionales y aborden de manera urgente el colapso de un servicio esencial para la vida de la ciudad.

