30/03/2026

Rey se viste de «Pazos» en el pleno del absurdo: rendición, opacidad y un ministerio que fue un espejismo

El personaje de «Pazos» en Airbag cobra hoy vida en María Pita, mientras Inés Rey se enfrenta a un pleno que llega tarde y mal. La retirada del Mundial 2030 deja un reguero de sombras, un convenio oculto y una alcaldesa que, tras la remodelación del Gobierno, ve cómo su hipotética salida a Madrid se esfuma entre las derrotas de su propio mandato

Más que nunca, aquel inolvidable “lo mismo que le digo una cosa, le digo la otra.” que inmortalizó Manuel Manquiña en la película Airbag parece cobrar sentido en los pasillos de María Pita. El pleno extraordinario que se celebra hoy, convocado a petición del Partido Popular para hablar de la exclusión de A Coruña como sede del Mundial 2030, amenaza con convertirse en una nueva entrega de “el pleno del absurdo”. Sobre todo porque la protagonista, la alcaldesa Inés Rey, ya ha anunciado esta semana, micrófono en mano en una emisora local, que no tiene nada que decir.

Nada. Sobre la mayor renuncia en infraestructuras y proyección internacional de la ciudad en décadas.

La foto que lo dijo todo

Para entender el grado de fracaso que supone el adiós al Mundial, no hay que analizar sus palabras, sino sus imágenes. Cuando Inés Rey vendía la candidatura, lo hacía sola, enfundada en su camiseta nostálgica del 82, encarnando la ambición de una ciudad que decía tener “tradición futbolística” y sed de transformación. Aseguraba que el evento era una oportunidad histórica para modernizar Riazor y las infraestructuras.

Pero el día de la retirada, el escenario fue otro. Apareció en comparecencia escoltada. A su izquierda, el presidente de la Diputación, Valentín González Formoso, en una imagen que desprendía más “tutoración” que apoyo institucional. A su derecha, el presidente del Deportivo y máximo accionista de Abanca, Juan Carlos Escotet. Lejos de aquella alcaldesa autónoma que decía plantar cara a los poderes económicos, la imagen que se transmitió fue la de una rendición pactada.

La justificación técnica no hizo sino empeorar la percepción. Rey argumentó que el proyecto implicaba exigencias organizativas y unas inversiones tan altas (en movilidad, infraestructuras, soterramientos) que terminarían hipotecando la ciudad. Pero la pregunta es obligada: ¿no hizo los cálculos la alcaldesa antes de presentar la candidatura? Si ahora descubre que era inviable, lo que demuestra es improvisación. Si ya lo sabía y aun así se presentó, lo que demuestra es irresponsabilidad.

Además, la excusa de la “hipoteca” choca con la realidad que ella misma ha gestionado. A Coruña es la ciudad más endeudada de Galicia, sometida a un Plan Económico-Financiero para 2025-2026 por incumplir la regla de gasto, bajo la tutela efectiva de la Xunta. Si la ciudad llegó a esta situación de asfixia financiera, no es culpa del Mundial, sino de una gestión que ahora se escuda en esa misma crisis para justificar su propia renuncia.

Opacidad: el sello de la gestión

Si la retirada fue un fracaso, la gestión posterior ha sido un ejercicio de oscuridad que ya es marca de la casa. Todo el relato de la alcaldesa se asienta sobre dos documentos clave que, curiosamente, el público no puede ver.

El primero es el estudio de viabilidad y repercusión económica del Mundial, encargado y pagado con dinero público a profesores de la UDC. ¿Dónde está? Oculto. Haciendo un uso particular de un informe que pertenece a todos los coruñeses, la alcaldesa lo mantiene bajo llave. Si los datos eran tan demoledores como para justificar la renuncia, ¿por qué no se publican? La respuesta es solo una: porque la opacidad es el mejor aliado de la falta de argumentos.

El segundo es el convenio con el Real Club Deportivo para la remodelación de la ciudad deportiva de Riazor. Un acuerdo que, según presumió, estaba cerrado a cambio de retirar la candidatura mundialista. Pero de nuevo, sombras. No se sabe cuál es la inversión estimada, ni las contraprestaciones, ni se ha presentado un solo render. Resulta paradójico que para proyectos como el parque del Observatorio se hicieran maquetas y presentaciones grandilocuentes que luego acabaron en versiones “cutre”, y para un acuerdo que afecta al patrimonio público (con especial protección) no haya ni una línea de detalles. Todo apunta a que fue una foto de trámite para justificar una retirada que ya estaba decidida, pero que carece de base sólida.

El peor escenario: que Vigo gane

Si hasta ahora la gestión de Rey ante este fracaso se ha caracterizado por la improvisación y la opacidad, el escenario puede volverse aún más sombrío si finalmente Vigo se convierte en sede del Mundial 2030. La rivalidad histórica entre ambas ciudades se transformaría entonces en un abismo competitivo.

Mientras A Coruña renuncia, Vigo construye. Si la ciudad olívica logra la sede, dispondrá de un estadio con capacidad para 43.000 espectadores, una infraestructura que, además de fútbol, acapararía los grandes eventos musicales y económicos del noroeste de España. La comparación sería cruel: Vigo, con su situación económica saneada, se convertiría en el polo de atracción de inversiones y ocio, mientras A Coruña, hipotecada y sin proyecto, se quedaría mirando.

La puerta del Ministerio, definitivamente cerrada

En este contexto de derrotas encadenadas, no se puede ignorar el telón de fondo de la política nacional. Desde que anunció la renuncia al Mundial, Inés Rey debió de encender alguna vela, o incluso hacer una plegaria, para que un “milagro” ministerial la sacara de A Coruña y la llevara a Madrid. Su nombre sonó hace meses para ocupar una cartera, como un posible ascenso que le permitiera salir por la puerta grande de un mandato que se le ha hecho cuesta arriba.

Pero tras la última remodelación del Gobierno de Pedro Sánchez, confirmada ayer, todo apunta a que la salida no solo no está abierta, sino que ha quedado clausurada. Inés Rey tendrá que quedarse en A Coruña. Y no lo hará en un momento de gloria, sino con una nueva muesca en el revólver de las derrotas socialistas en la ciudad.

Así las cosas, hoy en María Pita asistiremos a un nuevo capítulo del absurdo. Una alcaldesa que dijo que no iba a hablar, un informe pagado por todos que nadie puede ver, un convenio sin letra pequeña, y la sensación de que una oportunidad histórica se evaporó entre la opacidad, la falta de previsión y la rendición ante los poderes económicos.

Queda la película. Queda el personaje de “Pazos”. Y queda la pregunta de si en A Coruña alguien va a asumir responsabilidades políticas por este fiasco o seguiremos en el bucle del absurdo, donde nada explota, porque todo era de traca.

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