El Deportivo empató ante el Betis en Riazor en un partido de dos caras: una primera parte gris, condicionada por las rotaciones, y una segunda parte de vendaval ofensivo que mereció la victoria. El gol de Cucho Hernández y la polémica no expulsión del colombiano marcaron un encuentro que pudo ser muy diferente
Un planteamiento conservador
Antonio Hidalgo sorprendió con un once inicial en el que no estaban ni Yeremay ni Aubameyang. La apuesta por un 5-3-2 para contener el talento del Betis dejó al equipo sin argumentos ofensivos durante toda la primera parte. Sin sus dos jugadores más desequilibrantes, el Dépor se limitó a defenderse y apenas inquietó la portería de Álvaro Valles.
El Betis dominó con comodidad. Los verdiblancos movían el balón con criterio, encontraban espacios entre líneas y generaban peligro con facilidad. Leo Román evitó el 0-1 con una gran intervención a un remate de chilena de Bartra, pero el asedio era constante. El Dépor sufría en exceso en defensa, pero tampoco existía en ataque.
La roja que nunca llegó
El partido cambió en el minuto 42. Cucho Hernández aprovechó un mal despeje de Leo Román y una pérdida de Soriano para batir al portero deportivista con un disparo raso desde la frontal. El gol dolió, pero lo que vino después fue aun peor.
En el descuento de la primera parte, Cucho golpeó a Ximo Navarro en la cabeza con los tacos al intentar controlar un balón. La acción era clara: pierna elevada e impacto directo en la cabeza del jugador del Dépor. El árbitro Soto Grado no señaló nada en primera instancia. El VAR llamó para revisar la jugada, pero el colegiado decidió mantener su decisión inicial y no expulsar al delantero colombiano.
La indignación en Riazor fue total. Los jugadores del Dépor protestaron de inmediato y la afición coreó con fuerza la petición de roja. La acción, a todas luces, merecía la expulsión. Cucho, que ya había marcado, debió marcharse a los vestuarios antes del descanso. No lo hizo, y el Betis jugó la segunda parte con un jugador más de lo que debería.
La reacción llegó tarde
Tras el descanso, Hidalgo rectificó. Dio entrada a Aubameyang y Luismi Cruz en el minuto 65, y a Yeremay y Adama Traoré en el 75. La transformación del equipo fue radical. El Dépor pasó de ser un espectador a dominar por completo el partido.
Mario Soriano asumió la construcción del juego y el equipo empezó a llegar con peligro. En apenas cinco minutos generó más ocasiones que en toda la primera parte. Mella tuvo el empate tras un pase espectacular de Soriano, pero Valles le negó el gol con una gran parada. Aubameyang rozó el empate con un remate que el portero bético desvió con una mano salvadora.
Y al fin llegó en gol en el minuto 87 cuando ya todos pensábamos que nos íbamos con las manos vacías. Pase espectacular de Mario Soriano y cabezazo de Diego Villares para hacer justicia y firmar el 1-1 definitivo. Riazor estalló. El Dépor había merecido más, pero al menos rescató un punto que supo a gloria.
El parón que lo cambia todo
La decisión de Hidalgo de dejar en el banquillo a Yeremay y Aubameyang resulta aún más incomprensible si se tiene en cuenta el calendario. LaLiga entra en un parón de selecciones que se extenderá desde el 21 de septiembre hasta el 6 de octubre, nada menos que dieciséis días sin competición doméstica. Los jugadores tendrán tiempo de sobra para descansar y recuperarse.
No se entiende, por tanto, que se reserve a los futbolistas más importantes en un partido de tanta exigencia como el que enfrentaba al Dépor con el Betis. El equipo necesitaba a sus mejores hombres desde el inicio, y la primera parte lo demostró. Sin Yeremay y sin Aubameyang, el Dépor fue un equipo plano, sin recursos y sin capacidad para inquietar a un rival de la calidad del Betis.
La segunda parte fue otra historia. Si Hidalgo hubiera apostado por ellos desde el principio, el resultado podría haber sido muy diferente.

