El BNG cambia su discurso urbanístico: un edificio de 5 alturas era un «mamotreto», pero uno de 14 ya no lo es. Los vecinos preguntan quién pagará el parque prometido.
Lo tangible es el ladrillo. Lo difuso, casi ficticio, es la zona verde. Así resumen muchos vecinos del Agra del Orzán el giro urbanístico que el BNG, de la mano de Avia Veira, ha sellado de cara al pleno del jueves. Una operación que, bajo la promesa de un futuro parque, facilita sin ambages lo que en el argot inmobiliario se conoce como «pelotazo»: edificabilidad y centro comercial en manos del promotor Rodríguez Cebrián, mientras la anunciada compensación verde se revela como una promesa imposible de cumplir a corto plazo.
Del «mamotreto» de cinco alturas al visto bueno a catorce
Lo que más ha llamado la atención entre los habituales del seguimiento urbanístico es el sorprendente cambio de semántica del nacionalista Avia Veira. En la pasada legislatura, cuando gobernaba Inés Rey, Veira votó en contra de un edificio de cinco alturas en la ciudad al que calificó sin ambages como «mamotreto». Las hemerotecas y los vídeos de la época así lo reflejan.
Ahora, sin embargo, ese mismo término ha desaparecido del diccionario del BNG. El acuerdo sobre la mesa permite nada menos que edificios de bajo y 12 alturas, más un centro comercial en una de las parcelas segregadas del polígono. La pregunta flota en el barrio: ¿cómo es posible que cinco alturas fuesen un mamotreto y catorce sean sostenibles? Avia Veira deberá explicarlo.
Dos operaciones, un mismo destino: maximizar la edificabilidad
Lo que se votará el jueves no es una medida menor. Son dos modificaciones concretas y de enorme calado:
- La segregación de una parcela dentro del polígono urbanístico donde el promotor Rodríguez Cebrián podrá construir en altura (entre bajo y 12 plantas) más un centro comercial. Es el corazón del pelotazo.
- La modificación de otra parcela en la misma acera, más cerca del Espazo Amizar. Actualmente, la normativa permite 6 alturas en ese solar. Con el cambio, se duplica la edificabilidad hasta alcanzar las 12 alturas.
Algunos vecinos, confusos, han señalado la existencia de un edificio ya construido de 14 alturas en el entorno. Pero fuentes urbanísticas recuerdan que ese inmueble está fuera de ordenación. Justificar un nuevo disparate urbanístico amparándose en un error del pasado sería tanto como clausurar cualquier atisbo de planificación racional en la ciudad. ¿Alguien se imaginaría construir en el centro mirando solo a los edificios fuera de norma?
Sobre esta segunda finca, además, circula con insistencia un rumor: habría una precompra por parte de un promotor, utilizando mecanismos similares a los ya vistos en la operación de As Xubias. El modus operandi no es nuevo, pero su repetición en el Agra del Orzán enciende todas las alarmas.
El parque prometido: un espejismo con tres rémoras
Pero llegamos al fondo del asunto, que no es otro que la viabilidad real del parque con el que se justifica todo el cambio urbanístico. Los vecinos del Agra del Orzán –los que ya viven allí, no los futuros compradores de los pisos– quieren saber cuándo verán esa zona verde.
La respuesta, a día de hoy, es ninguna a corto plazo. Y por tres razones de peso:
- No es un solar llano con hierba. La finca destinada al parque es, en realidad, una cantera a cielo abierto. Las rocas son visibles para quien se acerque. Abrir ese espacio al uso público requiere inversión en voladuras, movimientos de tierra, urbanización y seguridad. No vale aquí el truco del parque del Observatorio, donde se abrió con la hierba existente y sin arreglar ni las aceras.
- ¿Quién debe ejecutar el parque? La normativa urbanística es clara: los propietarios del polígono urbanístico. Y esos propietarios son:
- El Ayuntamiento de A Coruña.
- El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (a través del Observatorio Meteorológico).
- Un grupo de pequeños propietarios privados.
Ninguno de ellos tiene, hoy por hoy, partida presupuestaria para afrontar la obra.
- La situación económica del Ayuntamiento imposibilita cualquier aventura. El Concello coruñés cerró el ejercicio 2025 con déficit, lo que le obliga a una reducción presupuestaria. A ello se suma la posible limitación de su capacidad de endeudamiento, un problema mayúsculo para un gobierno local que ha basado buena parte de sus inversiones en crédito bancario. Sin crédito, parque imposible.
Por su parte, el Ministerio para la Transición Ecológica no dispone de ninguna partida para financiar el parque. Los pequeños propietarios privados, finalmente, han visto reducida su edificabilidad por el trasvase de aprovechamientos a la parcela de Rodríguez Cebrián. Difícilmente van a asumir el coste de un parque del que otros obtienen beneficios multimillonarios.
La pregunta que Avia Veira no puede eludir
El BNG se ha presentado durante años como el guardián del urbanismo sostenible y la defensa del interés vecinal frente a los grandes promotores. Sin embargo, con este cambio de postura en el Agra del Orzán, Avia Veira se sitúa en una posición difícil de explicar: facilita un pelotazo, permite duplicar alturas y edificabilidades, y a cambio acepta una promesa de parque sin financiación, sin plazos y sin responsables claros.
Los vecinos no piden milagros. Solo que antes de votar el jueves, Avia Veira responda a lo esencial:
¿Quién paga el parque? ¿Cuándo empiezan las obras? ¿Con qué presupuesto? Y sobre todo: ¿por qué lo que antes era un mamotreto de cinco plantas ahora es una solución de futuro con catorce?
Mientras no lleguen respuestas, el Agra del Orzán sabrá una cosa cierta: el pelotazo es real, tangible y se vota en días. El parque, en cambio, se pierde entre rocas, deudas y promesas que nadie sabe cómo cumplir.

