El gobierno local se agarra a un decreto que aún no ha pasado por el Congreso mientras el Consorcio de Turismo y el propio interventor se contradicen.
Si la gestión económica fuera un espectáculo, el salón de plenos del Ayuntamiento de A Coruña se habría convertido esta semana en un circo de tres pistas. En una, el gobierno local intenta justificar el tijeretazo de 12 millones de euros en el presupuesto de 2025 —un ajuste de calado certificado por el interventor municipal—. En otra, se agarra a un real decreto publicado el pasado 2 de junio que, paradójicamente, todavía no fue llevado al Congreso, tiene hasta 30 días. Y en la tercera pista, el portavoz del gobierno, Lage Tuñas, asegura que se mantendrán todas las inversiones, justo cuando la mayoría de ellas dependen de un endeudamiento que, por ahora, no tiene solución.
Comencemos por el malabarismo normativo. El gobierno local se acoge a un real decreto (el 13/2026, según consta en la documentación) para esquivar las reglas fiscales en 2026 y 2027. Pero he aquí la primera incoherencia: la norma fue publicada en el BOE el pasado 2 de junio, pero se encuentra en fase de tramitación parlamentaria. Por imperativo constitucional, el Congreso tiene 30 días para convalidarlo o derogarlo. Dicho de otro modo: el ayuntamiento está aplicando un artículo 4 de un reglamento que podría ser tumbado por el Pleno del Congreso antes de que termine el mes. ¿Se puede gobernar la economía local sobre una base jurídica que aún está en el aire? El gobierno coruñés parece creer que sí. O tal vez no.
El artículo 4 al que se acogen es, cuanto menos, laberíntico. Dice así:
*“Excepcionalmente, en los ejercicios 2026 y 2027, no será de aplicación lo dispuesto en los artículos 21 y 23 de la Ley Orgánica 2/2012 (…) por las Entidades Locales que incumplan en las liquidaciones de presupuestos de 2025 o de 2026 el objetivo de estabilidad presupuestaria o la regla de gasto como consecuencia de la utilización del remanente de tesorería para gastos generales (…)”*
Traducido del galimatías jurídico: el ayuntamiento pide perdón por adelantado por incumplir las reglas, pero solo si el incumplimiento viene del uso del remanente. ¿Y si viene de otra cosa? Nadie lo sabe. El propio interventor municipal, en su informe, advierte de que la reducción de 12 millones de 2025 no responde exclusivamente a ese concepto. Es decir: se acogen a una excepción que quizás ni siquiera les cubre. Pero como el decreto aún no está convalidado, todo es posible. O nada.
El Consorcio de Turismo: ayer déficit, hoy otra cosa.
Si lo anterior era confuso, lo que ocurre con el Consorcio de Turismo roza el absurdo. Hace apenas unos días, fuentes solventes advertían de que el déficit de este ente dependiente del ayuntamiento obligaba a un recorte presupuestario adicional. Algo parecía cuadrar: si el consorcio pierde, la casa matriz aprieta el cinturón.
Sin embargo, en el pleno de hoy, la situación ha cambiado por completo. Según el gobierno local, ya no es un problema. O sí, pero menor. O es el mismo problema, pero se soluciona con el decreto aún no aprobado. Una rápida consulta a las actas provisionales sugiere lo contrario: el lunes se hablaba de recortes; el miércoles, de ajustes técnicos. ¿Son lo mismo? En el circo de tres pistas, probablemente sí. En economía municipal, no.
Las inversiones: un malabarismo sin red.
Y llegamos a la gran promesa. Lage Tuñas fue rotundo: “Se mantendrán todas las inversiones”. Pero he aquí la incoherencia final: la gran mayoría de esas inversiones dependen de endeudamiento. Y ese endeudamiento, está sin resolver. ¿Por qué? Porque el margen de deuda autorizable para 2026 esta limitado. Sin préstamo, no hay inversión. Pero el portavoz dice que las inversiones se mantienen. ¿Cómo? “Con rigor y responsabilidad”, respondió sin aclarar nada.
En definitiva, el gobierno local ha montado un espectáculo de tres pistas: en una, la realidad del recorte; en otra, una norma que aún es humo; y en la tercera, promesas sostenidas por un endeudamiento que no sabe si podrá ejecutar. El público —los vecinos de A Coruña— mira atónito mientras los malabaristas cambian de número sin que nadie sepa muy bien cuál es el verdadero estado del circo. Ojalá no haya que lamentar que, al final, solo queden las vallas publicitarias y las palomitas.

