Los vecinos, con el respaldo de PP, BNG, Sumar, Podemos y Novo Sendeiro, exigen la paralización de unas obras que «ahogan» el aparcamiento y ignoran la voz del barrio; el gobierno local mantiene su hoja de ruta
El malestar ciudadano en el barrio de Labañou no cesa. Ayer, los vecinos y vecinas de la zona protagonizaron una asamblea celebrada en plena calle, un acto que evidenció la fuerte implicación de la comunidad ante la controversia generada por las obras de humanización del grupo de viviendas María Pita y la calle Tomás Fábregas. La convocatoria, que contó con una notable representación del tejido social del barrio, no solo sirvió para airear el descontento, sino para tomar decisiones de cara al futuro inmediato.
El encuentro, desarrollado en un ambiente de unidad y determinación, recibió el respaldo explícito de los grupos municipales del PP y del BNG, así como de las formaciones políticas Sumar, Podemos y la plataforma Novo Sendeiro. Este apoyo transversal subraya la dimensión política del conflicto, que trasciende el ámbito meramente urbanístico para situarse en el centro del debate sobre la participación ciudadana y la gestión municipal.
La decisión: seguir movilizándose
La asamblea concluyó con un acuerdo firme: seguir movilizándose. Los vecinos decidieron mantener las protestas de forma periódica, estableciendo un día a la semana (que se concretará en los próximos días) para visibilizar su rechazo al proyecto. Pero la determinación va más allá. Los asistentes acordaron intensificar la captación de apoyos entre los residentes de todo el grupo María Pita, y no limitarse únicamente a los afectados directos por la calle Tomás Fábregas.
“Esto no es solo Tomás Fábregas, es todo el grupo el que se va a ver afectado por las tres fases que faltan por rehabilitar”, señalaron portavoces vecinales, haciendo hincapié en que el impacto de las obras se extenderá progresivamente al conjunto del complejo residencial si no se logra un acuerdo satisfactorio.
El origen del conflicto: aparcamientos, participación y una «L» polémica
El proyecto, impulsado por el Concello de A Coruña que preside Inés Rey, busca la humanización del entorno de la calle Tomás Fábregas y la rehabilitación del grupo María Pita. Sin embargo, desde su anuncio, ha topado con un muro de oposición vecinal. La principal queja radica en la drástica reducción de plazas de aparcamiento: las 45 plazas actuales se verían reducidas a tan solo 9, una merma que los residentes consideran inasumible en un barrio con alta densidad de vehículos.
A esto se suma el rechazo frontal a la inclusión de la calle en la zona ORA para residentes. Los vecinos denuncian que el propio proyecto reconoce que no existen problemas graves de aparcamiento que justifiquen esta medida, lo que califican como una imposición injustificada.
Otro de los puntos de fricción es el diseño viario, en particular la polémica conexión en forma de «L» entre la avenida de Labañou y la ronda de Outeiro, una solución que, según los vecinos, generará problemas de circulación y seguridad.
Pero quizás el agravio más profundo sea la falta de información y participación ciudadana durante la tramitación del proyecto. Los vecinos aseguran que no se les ha tenido en cuenta en las fases clave del diseño, y que sus alegaciones han caído en saco roto.
Un diálogo fallido con la alcaldesa
El descontento no es nuevo. Ya ha habido movilizaciones anteriores, incluyendo cortes de tráfico en la zona, que forzaron una reunión con la alcaldesa Inés Rey el pasado 27 de julio. Sin embargo, aquel encuentro, lejos de calmar los ánimos, terminó por exasperar a la plataforma vecinal. Los asistentes denunciaron que llegaron a una reunión “que ya tenía redactado el final”, una frase que resume la percepción de que el gobierno local ya tenía tomada la decisión y la cita fue un mero trámite.
El Ayuntamiento propuso entonces medidas compensatorias, como el reordenamiento de plazas en línea en zonas cercanas (avenida de Labañou o ronda de Outeiro), pero ninguna de estas soluciones convenció a los vecinos, que consideran insuficientes e ineficaces las alternativas planteadas.
Un precedente que se repite
Este no es el primer roce de este tipo durante el mandato de Inés Rey. El gobierno local ya vivió un episodio similar con las obras de humanización en el entorno de las Casas de Franco, donde la falta de consenso y la contestación vecinal marcaron el desarrollo del proyecto. Aquel precedente, ahora evocado por los residentes de Labañou, aviva la sensación de que el modelo de participación del ejecutivo municipal sigue generando fricciones.
Las obras avanzan, pero la oposición persiste
A pesar del clamor popular, las obras continúan su curso según el proyecto original, sin que se vislumbre un cambio de rumbo por parte del Concello. Mientras tanto, los vecinos de Labañou afirman no estar dispuestos a dar su brazo a torcer. Con la asamblea de ayer, han dado un nuevo paso adelante: más organización, más apoyos políticos y más movilización. El conflicto sigue abierto y, a falta de un verdadero ejercicio de escucha activa por parte del gobierno municipal, todo apunta a que las protestas se intensificarán en las próximas semanas.

