30/07/2026

Lo que Inés Rey no cuenta de Nostián: el descuento a ocho ayuntamientos lo pagarán los vecinos de A Coruña

El Concello de Inés Rey oculta que la ley exige repercutir el 100% del coste y que el descuento concedido al Consorcio de As Mariñas se traduce en un incremento para los ciudadanos de A Coruña

El Ayuntamiento de A Coruña ha puesto en marcha la licitación del contrato de gestión de la planta de tratamiento de residuos de Nostián, un proceso que no solo destaca por ser el más caro de la historia de la plataforma de contratación del Estado para este concello, sino también por las sombras que arrastra desde su anterior intento fallido. Con un valor estimado que asciende a 736.357.270,80 euros, este macrocontrato no es solo un servicio público: es un enorme negocio que esconde claves financieras y técnicas que afectarán directamente al bolsillo de los ciudadanos, y que el gobierno local de Inés Rey no está contando con claridad.

Un contrato que viene de un fracaso

Esta licitación no es nueva. Ya fue sacada a concurso en el pasado, y durante ese proceso inicial se produjo una subida del importe para atender alegaciones de las empresas optantes. A pesar de ese incremento, el concurso quedó desierto. Es decir, ni siquiera con un presupuesto inflado hubo empresas interesadas en asumir la gestión de una planta que arrastra problemas estructurales y técnicos.

Pero el proceder del gobierno local en este ámbito choca con su actuar en otros asuntos. Mientras que en materia de movilidad, el Concello ha llevado sus ordenanzas hasta la vía judicial para ser desautorizado por los tribunales, y mientras se enfrenta a sentencias condenatorias como la del Club del Mar de San Amaro o la anulación de nombramientos políticos como el de Monserrat Paz Romero, en Nostián se obró de manera diametralmente opuesta. El Ayuntamiento tenía una sentencia favorable que le permitía reclamar cerca de millón y medio de euros a la concesionaria; sin embargo, optó por condonar la mitad de esa deuda. Una decisión difícil de entender si no es desde la óptica del favorecimiento a los grandes operadores del sector.

La clave del negocio: los ocho ayuntamientos que pagan los coruñeses

Uno de los puntos oscuros del contrato es su viabilidad. Nostián no es rentable tratando solo los residuos de A Coruña (unos 250.000 habitantes). Para que la planta funcione, necesita los desechos del Consorcio de As Mariñas, que agrupa a los municipios de Culleredo, Cambre, Oleiros, Bergondo, Betanzos, Abegondo, Carral y Sada, que en conjunto aportan una población equivalente al 50% de la ciudad.

Durante las negociaciones, el consorcio consiguió introducir una cláusula especialmente ventajosa para estos ocho concellos: establecer un precio por tonelada un euro inferior al de Sogama, la planta pública que trata los residuos del resto de Galicia y que ya ofrece tarifas significativamente más bajas que Nostián. En la nueva licitación, se fija que si las toneladas anuales bajan de 132.001, el precio será de 149,45 euros por tonelada, mientras que Sogama no llega a los 100 euros.

¿Y quién paga la diferencia? Ahí está el gran secreto que el gobierno de Inés Rey no quiere airear. Si se factura a los ayuntamientos del Consorcio de As Mariñas por debajo del coste real del servicio, esas pérdidas las asume el Ayuntamiento de A Coruña. Y, por ley, las tasas municipales deben cubrir el 100% de los gastos de recogida, transporte y tratamiento. Si unos pagan menos, otros pagan más. En este caso, los contribuyentes coruñeses serán quienes asuman la factura del descuento concedido a los ocho vecinos del consorcio.

Una planta ineficiente y cara

Pero el problema no es solo económico; es también técnico y medioambiental. Nostián es un fracaso en términos de reciclaje: no alcanza el 25% de recuperación de materiales, incluyendo vidrio y papel. El alto porcentaje de rechazo encarece enormemente el servicio y lastra su calidad ambiental. Además, el compost que genera suele ser de calidad deficiente, clasificándose como «bioestabilizado» en lugar de compost, porque la mezcla de residuos impide que cumpla la normativa legal.

A esto se suma que, desde el 1 de enero de 2026, la planta de Lousame ha cerrado, derivando sus residuos a Sogama, lo que deja a Nostián en una posición aún más aislada y con menos justificación para su mantenimiento. A Coruña es la única ciudad gallega que no trabaja con Sogama.

Un negocio, no un servicio

Todo apunta a que no estamos ante un servicio público pensado para los vecinos, sino ante un gran negocio para las empresas del sector, con un coste desorbitado, una eficiencia cuestionable y un reparto de cargas que perjudica claramente a los coruñeses. El gobierno local ha optado por esconder las claves de este contrato y las consecuencias reales de su modelo. Pero si la ley exige repercutir los costes, los ciudadanos acabarán pagando, y no precisamente por tener un servicio ejemplar, sino por sostener un sistema ineficiente, caro y ventajoso para unos pocos.

Mientras tanto, la oposición y las asociaciones vecinales deberán estar atentos a las letras pequeñas del pliego, porque lo que Inés Rey no cuenta es, precisamente, lo que más importa: quién paga realmente la factura de Nostián.