31/07/2026

El ascensor del Monte de San Pedro: la crónica de un abandono premeditado que Inés Rey disfraza de «mirador»

La alcaldesa anuncia que la emblemática «arielita» no volverá a funcionar tras cuatro años de inacción, pero los datos revelan que el desenlace estaba escrito desde 2022, cuando el mantenimiento dejó de contratarse. Convertir en «mirador» lo que ya es un mirador natural de 360 grados es, cuando menos, una tomadura de pelo

La alcaldesa Inés Rey ha anunciado esta semana que el ascensor panorámico del Monte de San Pedro no volverá a funcionar nunca. La emblemática «arielita» se convertirá, según sus palabras, en un «mirador cubierto». La justificación técnica es clara: la normativa de seguridad vigente hace inviable su reparación o sustitución. Pero tras cuatro años de inactividad, de contratos desiertos y de promesas incumplidas, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse si este desenlace no era, en realidad, el único previsto desde el principio.

Para empezar, conviene situar el relato en su justo contexto. Decir que el ascensor se convertirá en un «mirador» es, como mínimo, una tomadura de pelo. Quien haya pisado el Monte de San Pedro sabe que el lugar es, de por sí, un mirador natural de casi 360 grados. Desde la ronda de Outeiro hasta la Torre de Hércules, desde la costa de Ferrol hasta la de Arteixo, las vistas son ya extraordinarias sin necesidad de encerrarse en una esfera de cristal parcialmente opacada. El argumento de que ahora habrá un «nuevo espacio de observación» no es más que un intento de maquillar el abandono con un envoltorio turístico que no engaña a nadie. La realidad es mucho más prosaica: dejar la estructura «aparcada» arriba, sin retirar la infraestructura, es una solución económica que evita el coste del desmontaje, pero que supone una dejadez de mantenimiento que arrastra riesgos de seguridad. Es, sencillamente, la peor de las opciones. Dejar una infraestructura abandonada sin mantenimiento por muy parada que se tenga, la corrosión seguirá funcionando y la falta de mantenimiento lo convertirá en peligroso.

Pero, ¿cómo se llegó hasta aquí? La respuesta está en la crónica de una muerte anunciada por una gestión negligente.

El expediente del abandono: una cronología de la dejadez

El ascensor del Monte de San Pedro, inaugurado en 2007 con un coste de 3,5 millones de euros, siempre fue un pozo sin fondo. Acumuló pérdidas millonarias desde sus primeros años de funcionamiento, pero el verdadero desastre comenzó en noviembre de 2022, cuando una avería lo dejó fuera de servicio.

Desde entonces, el Ayuntamiento ha encadenado decisiones que solo pueden interpretarse como un abandono progresivo y premeditado. Los datos son tozudos:

  • 2022-2023: El contrato de mantenimiento, conservación y seguridad, con un valor estimado de 1,1 millones de euros para dos años más tres de prorroga posibles, quedó desierto. La única empresa interesada, Ascensores Cume24, presentó una oferta que los técnicos municipales consideraron «inaceptable» por falta de documentación. Mientras tanto, el Ayuntamiento aprobó contratos menores de mantenimiento por valor de 83.385 euros, una cantidad irrisoria para una instalación tan compleja.
  • 2024: El plan de contratación municipal reformuló el contrato, reduciendo su duración a solo 12 meses, pero elevando el presupuesto a 750.000 euros, casi el triple del coste anual previsto inicialmente. Este cambio, que algunos calificaron de «pelotazo», generó dudas sobre la transparencia en la gestión de los fondos públicos. La partida se anunció, pero nunca llegó a licitarse realmente.
  • 2026: Ni rastro del ascensor en los presupuestos. Mientras se invierten 150.000 euros en reformar la cúpula central del parque, el elevador sigue oxidándose frente al Atlántico.

Es en este contexto de inacción donde la decisión de Inés Rey se revela como la culminación de una estrategia. No se trata de que la reparación sea imposible; es que resulta cara y políticamente incómoda. Afirmar que la normativa de seguridad impide su reactivación es una verdad a medias. Lo que impide su reactivación es la falta de voluntad para asumir el coste de una vía de evacuación, una inversión que el Ayuntamiento considera «inviable». Pero inviable no es lo mismo que imposible, y menos aún cuando se trata de una infraestructura que fue símbolo de la ciudad.

El coste humano y la imagen de una ciudad

El abandono del ascensor no es solo un problema de infraestructuras; es un problema de personas y de imagen. La concesionaria, Miramar de San Pedro, despidió a los tres trabajadores que operaban el elevador, y el Concello tuvo que hacerse cargo de sus indemnizaciones con 27.208 euros. Mientras tanto, los turistas que llegan al Monte de San Pedro se topan con un cartel de «cerrado» y con unas instalaciones que transmiten una imagen de dejadez total. La ciudad que quiere cobrar una tasa turística no puede permitirse el lujo de mantener sus principales atractivos cerrados por abandono.

El final

El ascensor del Monte de San Pedro no se convierte en mirador; se convierte en un monumento a la desidia. La decisión del gobierno local de Inés Rey es la crónica de un abandono anunciado que comenzó en el momento en que se dejó de contratar su mantenimiento y se optó por la dejadez. Decir que ahora será un mirador, cuando el monte ya es un mirador de cientos de metros, no es solo un argumento flojo; es una ofensa a la inteligencia de los coruñenses. La ciudad merece una gestión que priorice el mantenimiento de lo que ya existe y la información transparente, no excusas baratas para maquillar una decisión que, desde hace años, ya estaba tomada.

En octubre de 2024 noticiascoruna.es ya publicamos el final del ascensor, y casi dos años más tarde Inés Rey lo confirma:

El ascensor del Monte de San Pedro, dos años sin subir ni bajar – Noticias Coruña