Riazor vivió una noche de protesta en la que el ambiente del estadio quedó marcado por Marathón y por su rechazo a las condiciones especiales impuestas por el Deportivo para Marathón Inferior. La grada se llenó de camisetas naranjas, permaneció en silencio durante buena parte del encuentro y solo entre el minuto 40 y el 45 alzó la voz para reclamar una solución. Tras el partido, la tensión se trasladó a la zona mixta, donde el club evitó responder a las preguntas sobre lo ocurrido en la grada, con un “esa pregunta no procede”.
Una grada en silencio durante casi todo el partido
La protesta se organizó con una imagen muy reconocible: una marea naranja en una de las zonas más simbólicas de Riazor. El color no fue casual, sino una forma de visibilizar el malestar de un colectivo que considera que las normas aplicadas por el club suponen un trato discriminatorio respecto al resto de abonados.
Durante los primeros 40 minutos, el silencio fue casi total. Apenas se escucharon algunos aplausos aislados en un estadio acostumbrado a un acompañamiento constante por parte de esta grada. La ausencia de cánticos dejó una fotografía muy distinta de la habitual en Riazor.
Qué reclamó Marathón entre el minuto 40 y el 45
La única interrupción de esa huelga de animación llegó entre el minuto 40 y el descanso. En ese tramo, la grada se levantó y lanzó consignas como “Marathón, solución”, además de otras reclamaciones dirigidas al Deportivo para pedir la retirada de las condiciones especiales impuestas a los abonados de Marathón Inferior.
Lejos de poner fin a la protesta, esos cinco minutos sirvieron para explicar el motivo del silencio previo. Después del descanso, la grada volvió a su formato inicial, en una secuencia que dejó claro que el conflicto seguía abierto y que la animación organizada no se había reanudado.
Un conflicto que viene de la campaña de abonados
Lo ocurrido en el estadio no es un episodio aislado. El malestar arrancó con la publicación de las condiciones particulares para Marathón Inferior y ha ido creciendo con el paso de las semanas. Riazor Blues, la Federación de Peñas y Old Faces han cuestionado unas medidas que consideran injustas.
A ese pulso se sumaron otras tensiones durante la campaña de abonados, como problemas en las renovaciones, dificultades de atención a algunos socios y el debate sobre unos descuentos que el propio club acabó calificando como “orientativos”. El conflicto también derivó en movilizaciones y en una manifestación por las calles de A Coruña.
La respuesta del Deportivo en la zona mixta
El partido acabó, pero la polémica siguió en la zona mixta. Las preguntas sobre el ambiente vivido en Riazor formaban parte lógica del interés informativo de la noche, teniendo en cuenta la protesta organizada y el silencio mantenido durante casi todo el encuentro.
Sin embargo, el responsable de prensa del Deportivo respondió a esas cuestiones con un “esa pregunta no procede”. La frase abre un nuevo frente en un conflicto que ya ha dejado de ser solo una cuestión administrativa para convertirse en un problema social dentro del deportivismo.
Por qué la protesta trasciende el terreno de juego
La relación entre el Deportivo y una parte de su afición atraviesa un momento delicado. Marathón ha sido uno de los grandes impulsores del ambiente en Riazor durante años, también en etapas complicadas para el club en lo deportivo y en lo económico. Esa trayectoria explica por qué la protesta ha tenido una carga simbólica tan fuerte.
El choque entre club y grada se ha convertido en algo más que una discusión sobre acceso, condiciones o seguridad. Afecta a la imagen del estadio, al vínculo con la afición y a la forma en que Riazor sigue siendo percibido dentro y fuera de Galicia. La noche dejó una conclusión nítida: el conflicto sigue vivo y seguirá marcando cada partido mientras no haya acuerdo.

